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martes, 29 de agosto de 2017

La Iglesia Adventista y la Política: ¿Amigas o Enemigas?

La Iglesia Adventista del Séptimo Día surgió en la primera mitad del siglo XIX, en los Estados Unidos, con el propósito de anunciar el mensaje de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6-12.1 El anuncio de la hora del juicio de Dios (14:6-7) y la declaración sobre la caída de Babilonia (vs. 8), seguidos de las advertencias sobre la adoración a la bestia y su imagen (vs. 9-12), componen un resumen apropiado de su mensaje y misión.2
La simple lectura de estos textos anuncia con fuerza que el mensaje adventista está relacionado con el fin del mundo conocido, el castigo a los impíos, la destrucción del sistema religioso engañoso y la inauguración de un “cielo nuevo y una tierra nueva” (Ap. 21:1), en ocasión de la segunda venida de Jesús a la tierra, la “bienaventurada esperanza” (Tito 2:13). Los adventistas desean habitar aquellas moradas que Cristo fue a preparar para su pueblo (Juan 14:3), pues, como Abraham, son ciudadanos de “una patria mejor, es decir, la celestial” (Heb 11:16).
Con eso en mente, surgen algunas preguntas que este artículo buscará responder: Si los adventistas anuncian el fin del mundo, ¿deberían involucrarse con actividades políticas, mientras están en la tierra? Si su patria es la celestial, ¿es correcto que asuman cargos públicos en su patria terrenal? Si Jesús es su gobernante supremo, ¿deben dar su voto a líderes humanos y ser por ellos gobernados? Todas estas preguntas podrían ser condensadas en sólo una: ¿Cuál debe ser la relación de la Iglesia Adventista del Séptimo Día y de sus miembros con la política?3
Después de una corta reseña histórica sobre la relación de los adventistas con la política, la argumentación discute cuatro asuntos principales: La posición oficial de la Iglesia Adventista del Séptimo Día con respecto a la política; la participación de candidatos adventistas en elecciones; los adventistas y el voto y finalmente algunas directrices de Elena G. de White en relación a la política.
El asunto tratado aquí es por demás complejo para ser discutido apenas en el espacio de este modesto trabajo, además de existir una cantidad insuficiente de información disponible4 al respecto; por lo tanto, este estudio no tiene la pretensión de agotar el tema, siendo más bien el inicio de la discusión del mismo.
Reseña histórica sobre la Iglesia Adventista y la política
Cuando el movimiento Adventista Sabatista surgió en los Estados Unidos, en 1844, este país pasaba por grandes revoluciones, tanto espirituales, como sociales y políticas. En el ámbito espiritual, se podría mencionar el movimiento millerita, que sacudió ala nación con el mensaje del pronto regreso de Cristo. Por ser interdenominacional, el millerismo5, causó un gran impacto en la sociedad al anunciar el fin del mundo y no una era de paz milenial, como lo defendían las principales iglesias protestantes de entonces.6

En el ámbito político, el país estaba, en sus mismas estructuras, preparándose para una guerra civil que desataría en dos décadas, siendo el asunto de la esclavitud uno de los mayores problemas sociales. Reformas educativas y relacionadas a la temperancia, se llevaban a cabo con fuerza completando el aspecto social.
Esta triple confluencia de posibilidades y problemas, colocaba al Adventismo Sabatista en una realidad que requería posiciones claras ante varios asuntos, inclusive la política. Además, es importante destacar que la Iglesia Adventista del Séptimo Día sería organizada oficialmente en 18637, durante la Guerra de Secesión.
Como un movimiento que surgió con la misión de reformar la sociedad de prácticas contrarias a las Sagradas Escrituras, muy pronto los adventistas se verían involucrados en diversos asuntos relacionados con la política, como ser la esclavitud, la reforma pro salud, el civismo, el servicio militar, la participación en la guerra, los derechos de la mujer, por mencionar sólo algunos.
Inicialmente, los miembros del movimiento Adventista Sabatista tuvieron una posición muy antagónica con respecto a asuntos políticos. Eso fue muy real especialmente en las dos primeras décadas del movimiento (1844-1863). Los adventistas, con un fuerte énfasis escatológico, prediciendo el cercano fin del mundo, no querían involucrarse con ninguna actividad que les distrajera en su preparación para el cielo. Además, tuvieron una experiencia dolorosa en sus antiguas iglesias, en ocasión del movimiento millerita, razón por lo cual se oponían a toda forma de organización religiosa8 y en muchos casos civil. Para los adventistas de ese tiempo, participar en actividades políticas, ya sea votando, siendo candidatos o apoyando a un partido sería desatender las advertencias bíblicas de no dejarse seducir por el mundo. (Vea 1 Jn 2:15).
Pocos años después de que la Iglesia se organizara, tuvo que enfrentarse con varios problemas que no vio en su fase embrionaria. En la década de 1860, hasta el fin del siglo XIX, los adventistas se toparon con varias situaciones, que causaron un cambio de la posición antagónica con respecto a la política a una posición más moderada. El segundo período se extiende, específicamente, desde la organización de la Asociación General en 1863 hasta la muerte de Elena White en 1915.
Como la Iglesia no estaba todavía organizada en sus primeros años, no tomó posición formal ante asuntos de connotación política, pero, en esta segunda fase, tanto la gravedad de las situaciones, como la estructura organizativa de la iglesia obligaron a una definición en muchos casos.
Una de las primeras situaciones enfrentada por la iglesia fue la guerra civil norteamericana, entre los años 1861-1866.9 Como muchos adventistas fueron convocados, Elena White dio una orientación que puede ser considerada la posición adoptada por la Iglesia en aquellos tiempos difíciles. “Aquellos que en el temor de Dios no pueden conscientemente tomar parte en esta guerra, deben estar callados y quietos y cuando se les pregunte, simplemente digan lo que están obligados a hacer, a fin de responder al interlocutor y entonces den a entender que ellos no están de acuerdo con la rebelión.”10
Esta posición demuestra el cuidado que cada adventista debía tener ante asuntos ligados al servicio militar y la guerra, pero también refleja el tono moderado en asuntos políticos. La Iglesia como corporación tomó una posición y, por medio de J. N. Andrews, la presentó al gobierno norteamericano. Uno de los documentos enviados a las autoridades decía lo siguiente:
El cambio de la ley del servicio militar hace necesario que, como pueblo tomemos una posición más oficial al respecto. Por esta razón sometemos ante Vuestra Excelencia, Agustín Blair, Gobernador del Estado de Míchigan, los sentimientos de los Adventistas del Sétimo Día, como un pueblo organizado, relativos al asunto de portar armas, confiando que usted no titubeará en respaldar nuestro pedido, que se hace patente debido al último voto del Congreso respecto a aquellos que, por razones de conciencia, se oponen a portar armas, y por lo mismo se acogen a los beneficios de dicha ley.11
A pesar del cuidado con las palabras y búsqueda de una solución satisfactoria para los adventistas convocados, además del tono amistoso para con las autoridades, los líderes adventistas, en este período, estaban convencidos de que “aquellos que aman los mandamientos de Dios se conformarán a cada ley justa y buena del país. Pero, si los requerimientos de los legisladores son tales que entran en conflicto con las leyes de Dios, la única opción a seguir es ¿Obedeceremos a Dios a al hombre?”12
La posición cautelosa ante asuntos políticos fue orientada por Elena G. de White en varias ocasiones hasta su muerte. Para ella, la iglesia debía cumplir su misión en el mundo, evitando problemas causados por el fanatismo y lenguaje crítico a las autoridades o a otras iglesias.
Una evidencia de que los miembros de la iglesia votaban en este tiempo puede ser encontrada en la declaración de Jaime White, en la Revista Adventista de 12 de agosto de 1865, en el cual “declaró que aquellos adventistas que habían votado por un hombre en la elección anterior, votaron por Abraham Lincoln”13. Se puede notar que los adventistas ya no se oponían totalmente a la política.
El tercer gran período que destacamos es el siglo XX y la primera década de este siglo, especialmente entre 1916 y 2011. Se puede percibir una posición neutral con respecto a la política por parte de la iglesia, una mayor relación de parte de muchas organizaciones adventistas y un mayor involucramiento por parte de sus miembros en cuestiones políticas.
El siglo XX vio un cambio drástico en la estructura del mundo y del adventismo. Como una iglesia que salió de los Estados Unidos y se expandió a los cinco continentes14, los asuntos ligados a política se tornaran cada vez más complejos, especialmente durante las dos guerras mundiales.15
Ante los problemas que surgieron, la iglesia reforzó su antigua posición de neutralidad en cuestiones políticas, enfatizando especialmente la importancia de la conciencia individual y la decisión personal ante estos asuntos, a través de una declaración sobre la libertad de consciencia en 192316, siguiendo su posición histórica.
Después de las dos guerras mundiales, el mundo y la iglesia se recuperaron de las tremendas crisis que sufrieron, especialmente en el aspecto económico. En la segunda mitad de este siglo, la iglesia expandió más todavía sus actividades, organizando ADRA (Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales). La misma, en su obra de filantropía en todo el mundo, contactó a jefes de Estado y firmó convenios con organizaciones internaciones, siendo, inclusive, miembro consultor de la Organización de las Naciones Unidas. Esto llevó al Adventismo, a través de sus organizaciones, a una mayor relación con la política, en la búsqueda de apoyo para sus proyectos17
Por otra parte, los adventistas en varios países, entendieron que su papel como ciudadanos podría ser ampliado al papel como reformadores sociales en cargos públicos. Varios de ellos, especialmente en Sudamérica, se destacaron como líderes políticos en carácter de diputados, senadores y concejales. En África, un adventista llegó a ser vicepresidente de su nación y más recientemente otro adventista fue nombrado gobernador de Jamaica.18
Posición de la Iglesia Adventista sobre la Política
A lo largo de la historia de la Iglesia Adventista, su posición con respecto a la política fue la misma. Fue clara, decisiva e incambiable. Con una misión netamente espiritual, los adventistas optaron por no involucrarse directamente en asuntos políticos, a menos que estos tengan relación con la libertad religiosa. La discusión que sigue está basada mayormente en un artículo bastante esclarecedor de Alberto R. Timm19.

Por la creciente corrupción de “varios políticos tradicionales” que van perdiendo su credibilidad, “algunas denominaciones evangélicas se han movilizado políticamente, al punto de montar sus propias bancadas políticas alegando que los ‘políticos evangélicos son más honestos y confiables’”.
La Iglesia Adventista, por otra parte, prefiere mantener su posición pasiva en este aspecto, con base a tres principios fundamentales que rigen su posición con respecto a la política:
Uno de ellos es el principio de separación entre Iglesia y Estado, llevando a cada una de estas entidades a cumplir sus respectivas funciones sin interferir en los asuntos de la otra. La Iglesia cree que sólo podrá preservar ese principio por medio de una postura denominacional apolítica, no posicionándose ni a favor y ni en contra a cualesquiera regímenes o partidos políticos. Esta postura debe caracterizar, no sólo a la organización adventista en todos sus niveles, sino también a todas las instituciones por ella mantenidas, a todas las congregaciones adventistas locales, bien como a todos los obreros asalariados por la organización20.
La Iglesia encuentra en las enseñanzas de Cristo y de los apóstoles base para evitar cualquier militancia política institucional. El cristianismo apostólico cumplió su misión evangélica bajo la opresión del Imperio Romano sin revelarse contra él. Cristo afirmó que su reino “no es de este mundo” y que, por consiguiente, sus “ministros” no empuñan banderas políticas (Juan 18:36). Cualquier compromiso político o partidario por parte de la denominación dificultaría la predicación del “evangelio eterno” a todos los seres humanos indistintamente (Mat. 24:14; Apoc. 14:6).
El segundo principio fundamental es “que el nivel de justicia social de un país es directamente proporcional al nivel de justicia individual de cada uno de sus ciudadanos y que esta justicia individual, a su vez, deriva del interior de la propia persona.” Aunque la Iglesia apoya y participa de proyectos sociales y educacionales que traen beneficios a la vida comunitaria sin infligir con los principios bíblicos, no participa de cualquier huelga o marcha de índole política y partidaria, que acabarían comprometiendo su postura apolítica.
La validez de esta perspectiva (del interior al exterior del ser humano) es destacada por Cristo al afirmar que “porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad.” (Mar. 7:21, 22). Consecuentemente, la solución cabal para estos problemas no está en la mera formulación de nuevas leyes o en activismo revolucionario, sino en la conversión del interior del ser humano, pues “limpia primero por dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio también por fuera.” (Mat. 23:26.)
Un tercer principio fundamental es que cada cristiano adventista tiene una doble ciudadanía. Es, sobre todo, ciudadano del reino de Dios y, en segundo plano, de su país de origen o en donde obtuvo su ciudadanía. Consecuentemente, debe ejercer su ciudadanía terrestre con base en los principios cristianos de respeto al prójimo. Aún desaprobando situaciones de injusticia y explotación social, la Iglesia Adventista intenta relacionarse respetuosamente con el gobierno civil y los partidos políticos de cada país en que ejerce sus actividades, sin comprometer los principios bíblicos.
El mismo Cristo afirmó: “Denle, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.” (Mar. 12: 17.) El Nuevo Testamento presenta varias orientaciones sobre el deber cristiano de honrar los gobiernos como instituidos por Dios (vea Rom. 13:1-7; Tito 3:1 y 2; I Pedro 2:1317). Alguien resumió, enfáticamente, la importancia de esta posición adoptada por la iglesia:
La iglesia nunca... debe identificarse con un partido político o sistema político en particular. Una identificación tal podría resultar en un alfa rápido de privilegios temporales, pero que inevitablemente arrastrará a la iglesia por el resbaloso declive político hacia el omega de la parálisis evangelística y profética. En resumen, “la iglesia deber ser la iglesia” y no una agencia sociológica más. Su enfoque más promisorio para lograr un cambio en la sociedad es transformar individuos, gente. Al hacer esto, los adventistas cumpliremos de una manera doble la misión de Dios en el mundo: Evangelismo y servicio.21
Candidatos Adventistas
Entre los derechos del cristiano adventista en el ejercicio de su ciudadanía está el de ocupar cargos políticos. El Antiguo Testamento menciona varios miembros del pueblo de Dios que ejercieran funciones de gran proyección en gobiernos de importantes naciones de la época. Por ejemplo, José en Egipto, (Gen. 41:38-45) y Daniel en Babilonia (Dan. 2:48, 49; 5:11, 12,29; 6:1-3, 28; 8:27).

Tanto José como Daniel fueron nombrados directamente por los monarcas de la época. Hoyen día, sin embargo, en la mayoría de las democracias modernas las personas deben participar de un proceso muy competitivo. Aunque “la Iglesia Adventista del Séptimo Día, normalmente, no anime ni desestimule la candidatura política de sus miembros, también reconoce que la sociedad contemporánea ha sido beneficiada por el buen ejemplo de algunos políticos adventistas.”22 La influencia positiva de políticos adventistas ha sido decisiva, en varios países, para el establecimiento de leyes que faciliten la observancia del sábado.
La Iglesia espera que los candidatos adventistas sean honestos en su campaña y, de ser electos, también en el ejercicio de sus funciones políticas. Cada candidato debe conducir su proceso electoral - político (1) sin asumir posturas ideológicas y partidarias contrarias a los principios cristianos; (2) sin valerse de recursos financieros inapropiados; (3) sin prometer lo que no pueda cumplir; (4) sin denigrar la reputación de otros candidatos igualmente honestos; (5) sin involucrarse en coaliciones no conducentes con la fe cristiana-adventista; (6) sin jamás comprometer la observancia del sábado en sus campañas; y (7) sin minimizar su compromiso personal con el estilo de vida adventista en cocteles y confraternizaciones sociales.
El adventista y el Voto
La primera posición oficial de los Adventistas del Séptimo Día con respecto al voto fue tomada en el Congreso de la Conferencia General de 1865, en la siguiente resolución:

Cuando se ejerce en beneficio de la justicia, la humanidad y el derecho, es en sí mismo inocente, y puede a veces ser extremadamente apropiado; pero que el dar un voto que fortalezca la causa de crímenes tales como la intemperancia, la insurrección y la esclavitud, lo consideramos altamente criminal a la vista del cielo. Pero rogamos que no haya participación en el espíritu de contienda política23.
Según Paul A. Gordon “esta resolución básica, junto con los consejos que lo apoyaban de la pluma de Elena G. de White, continuaron siendo una guía para la iglesia por más de 100 años.”24 Algunos de estos consejos esclarecedores constituyen los principios básicos para todos los adventistas. Ella orientó que “la decisión de votar por candidatos es una decisión personal. Si se vota, guardad en secreto el modo en que votáis. No sintáis que es vuestro deber instar a todos a hacer como hacéis vosotros.”25
También declaró en 1899, que no debemos votar por los hombres que usan su influencia para reprimir la libertad religiosa, porque si lo hacemos, “somos participantes con ellos de los pecados que cometen mientras están en el cargo.” Dice aún que no podemos tomar parte con seguridad de ningún esquema político, evitando vestirse de insignias políticas.26
Alberto Timm, después de aclarar que los adventistas deberían evitar el voto en día sábado, enumera algunos principios que deben ser llevados en cuenta por aquellos adventistas que deciden votar: (1) libertad religiosa, (2) separación entre Iglesia y Estado, (3) observancia del sábado, (4) conducta moral, (5) temperancia cristiana, (6) apoyo al sistema educacional privado mantenido por la Iglesia, y al (6) intento de mejorar la calidad de vida de las clases moral y económicamente desfavorecidas. El principio básico es siempre votar en candidatos cuya ideología, creencias, estilo de vida y propuestas políticas están más cerca de los principios adventistas.27
Elena G. de White y la política
Elena G. de White, durante su largo ministerio, brindó varios consejos para la iglesia con respecto a los asuntos políticos. Una parte de ellos son principios generales y básicos, que deberían ser observados por toda la hermandad, mientras que otros están relacionados con los obreros de la Causa.

Entre las principales directrices para los miembros individuales está la advertencia de no votar por “partidos políticos”, pues no sabemos en quien votamos; no tomar parte en ningún plan político; no apoyar de ninguna manera a hombres que emplearán su influencia para reprimir la libertad religiosa, y apoyar la observancia del domingo; no tener parte con hombres que exaltan el domingo, violan la ley de Dios, pisando su sábado.28
En dos declaraciones, la sierva del Señor endosó, aparentemente, la posibilidad de que adventistas ejercieran cargos públicos. La primera está en su libro La educación, p. 262: “Más de un muchacho de hoy día que se está desarrollando como lo hacía Daniel en su hogar de Judea, estudiando la Palabra de Dios y sus obras, y aprendiendo lecciones de servicio fiel, se hallará aún ante asambleas legislativas, en tribunales de justicia o en cortes reales, como testigo del Rey de reyes.”
Según un erudito adventista “es evidente que este testimonio no se encuentra limitado a apariciones ocasionales en favor de asuntos específicos, pues incluye la participación en las decisiones legislativas”.29
La segunda declaración, fue un testimonio que dio en un sermón a los maestros y estudiantes del Colegio de Battle Creek, el 15 de noviembre de 1883: “¿Han pensado lo que no se atreven a expresar, de que un día pueden sentarse en los concilios deliberantes y legislativos y ayuden a dictar leyes para la nación? No hay nada de malo en esas aspiraciones.”30
Las principales directrices para los obreros pueden ser encontradas en el capítulo “Nuestra Actitud con respecto a la Política” del libro Obreros Evangélicos, págs. 391-396 (vea también Fundamentos da Educação Cristã, págs. 475-484). Allí son ofrecidas importantes orientaciones sobre el no involucramiento de estos obreros en cuestiones políticas. Ella aconsejó que los maestros que se distinguen por su celo en la política, deben ser destituidos sin demora de su trabajo, y deben quitarse las credenciales a los miembros del ministerio que deseen destacarse como políticos.31
Tanto la posición del Espíritu de Profecía, como de la propia Iglesia Adventista, puede ser resumida en las siguientes palabras de F. M. Wilcox:
La Iglesia Adventista del Séptimo Día no busca dictar a sus miembros cómo deben votar o si no deben votar en absoluto. Se deja a cada uno actuar bajo su propio juicio en el temor de Dios. Se nos ha dicho por la sierva del Señor que no debemos unirnos con partidos políticos, que no debemos agitar cuestiones políticas en nuestras escuelas o instituciones. Por otro lado, se nos ha instruido por la misma autoridad, que cuando ciertas cuestiones morales, tales como prohibición, están involucradas, los defensores de la temperancia fallarán en hacer su tarea en forma completa a menos que ejerzan su influencia por precepto y ejemplo por medio de la voz, la pluma y el voto a favor de la abstinencia total. Esta instrucción no es una orden, se deja a cada uno la determinación personal de lo que debe hacer.
Mientras que un miembro de la iglesia tiene el derecho, si así lo desea, de dar su voto, la iglesia como tal debe quedar completamente al margen de la política. Una cosa es que los miembros de la iglesia voten individualmente, y otra cosa es que estos mismos individuos se propongan influir en alguna medida en la política en los edificios eclesiásticos.32
Autor: Pr. Ribamar Diniz

Referencias
  1. Revista Adventista, junio de 2002 (Tatuí, São Paulo: CASA), 8, 9. 
  2. Vea el interesante artículo del pastor David Vargas al respecto en Revista Evangelio, Año 3, N. 01, 10 Semestre de 2010 (Vinto, Cochabamba: Sociedad Científica de Investigación de la Facultad de Teología), 27-43. 
  3. Ver el reciente documento de la División Sudamericana sobre el asunto: Los adventistas y la política, preparado por el Departamento de Libertad religiosa División Sudamericana. http://www.adventistas.org/es/institucional/los-adventistas-y-la-politica/ (Acceso: 17 de septiembre, 2014). 
  4. La Biblioteca de la Universidad Adventista de Bolivia no posee materiales suficientes sobre el asunto; además, no fueron encontradas, en una investigación breve, muchos estudios tratando el asunto. 
  5. George R. Night, Uma igreja mundial (Tatuí, São Paulo: CASA, 2000), pp. 9-24. El movimiento millerita fue llamado así por ser conducido especialmente por William Miller. 
  6. Vealos dos primeros capítulos del libro de Alberto R.Timm, O santuário e as três mensagens angélicas: fatores integrativos no desenvolvimento das doutrinas adventistas, 5aed,.Engenheiro Coelho, São Paulo: Imprenta Universitária Adventista, 2007. 
  7. Vea Richard W. Schwarzy Floyd Greenleaf, Portadores de Luz: História da Igreja Adventista do Sétimo Dia, Trad. Francisco Alves de Pontes, 1a ed., (Engenheiro Coelho, São Paulo: Unaspress, 2009). 92. 
  8. Elena G. de White, La Iglesia Remanente (Buenos Aires, Argentina: ACES, 1993), 15-16. 
  9. Helmut H. Kramer, El movimiento adventista reformista: comentarios y datos históricos (Buenos Aires, Argentina: ACES, 1998), 73. 
  10. Ellen G. White, Testimonios for the Church, t. 1, 357. 
  11. The Review and Herald, 23 de agosto de 1864. 
  12. Ellen G. White, Testimonios for the Church, t. 1, 361-362. 
  13. Kramer, El movimiento reformista, 73. 
  14. La historia de nuestra iglesia, Editado por e lDepartamento de Educación de la Asociación General de Iglesia Adventista del Séptimo Día (Buenos Aires, Argentina: ACES, 1963), capítulos 39-48. 
  15. Vea el capítulo “Dos guerras mundiales afectan una iglesia mundial”, en el libro Richard W. Schwarzy Floyd Greenleaf. Portadores de Luz: História da Igreja Adventista do Sétimo Dia, Trad. Francisco Alves de Pontes, 1a ed., Engenheiro Coelho, São Paulo: Imprenta Universitária Adventista, 2009. 
  16. La Iglesia Adventista y los Movimientos Separatistas (Buenos Aires, Argentina: ACES), 03. 
  17. Vea Elias Brasil de Souza, ed. Teologia e metodologia da missão: palestras teológicas apresentadas no VIII Simpósio bíblico-teológicosul-americano. (Cachoeira, Bahia: CePLiB, 2011), 620. Algunos líderes adventistas, como el pastor Robert Folkemberg, llegaron a relacionarse muy de cerca con los diversos gobiernos y autoridades, buscando recursos para el avance del Adventismo alrededor del globo. Además, muchos departamentos de la iglesia, como el de Comunicación, debieron trabar muchos diálogos de esta naturaleza, para poder conseguir derechos de transmisión y expansión para su red de comunicaciones. 
  18. Bert B. Beach (Ph.D., Universidad de París, Sorbonne) en 
  19. Review and Herald, 23 de mayo de 1865. 
  20. Ellen G. White, Mensajes selectos, t. 2, 388. 
  21. Ellen G. White, Fundamentos da Educação Cristã, 475. 
  22. Elena G. de White, Mente, carácter y personalidad, t.1, p. 378. 
  23. Elena G. de White, Obreros evangélicos, pp. 408, 410. 
  24. Review and Herald del 13 de septiembre de 1928. 

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