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miércoles, 9 de noviembre de 2011

TRES PALABRAS CLAVES CONTRA EL FUTURISMO EN DANIEL 12


Los cristianos desde sus comienzos, interpretaron que las cuatro bestias de Daniel 7 anunciaron la sucesión de los cuatro grandes imperios, Babilonia, Medo-Persia, Grecia y Roma. La cuarta bestia tenía diez cuernos y uno que apareció entre ellos, de pequeños comienzos, pero que se desarrolló después, todos ellos representando reinos. Ese “cuerno pequeño” que después se hizo grande entre los diez, representaba al anticristo que iba a venir y sentarse en el templo de Dios, haciéndose pasar por Dios (2 Tes 2:3-4). Ese mismo reino del anticristo se representó en el Apocalipsis bajo la característica de una “bestia con diez cuernos”, como lo prueban los numerosos paralelismos entre las dos visiones (Apoc 13).
Cuando cayó el imperio romano, muchos cristianos comenzaron a pedir a Dios que los librase del anticristo que iba a venir. Al erigirse el obispo de Roma en cabeza de todas las iglesias en el S. VI, promulgado como tal por Justiniano, el emperador romano de oriente, muchos fueron descubriendo que ése era exactamente el anticristo predicho. Su carácter déspota e intolerante, tan alejado del Señor, y las abominaciones que introdujo en medio de la cristiandad, sentándose en medio de ella, calzaban a la perfección con lo predicho en la Biblia. Tal fue el reino político-espiritual del papado romano.
Para el S. XVI, prácticamente todos los protestantes coincidían en que el papado era el anticristo predicho, interpretación que se conoce como historicista, porque considera que Dios anunció toda una secuencia histórica futura en su Palabra, que se cumple desde los días de Cristo hasta el fin del mundo (véase Mat 28:20). Sin embargo, para desviar la atención de esas profecías que desenmascaraban al papado romano, dos autores jesuitas introdujeron el preterismo (pretensión de que todas esas profecías se cumplieron en el primer siglo) y el futurismo (que no se habían cumplido y que se cumplirían en el futuro). No obstante, los protestantes continuaron creyendo que Roma era el cuarto imperio, y que el “cuerno pequeño” de Dan 7 y 8, el rey del norte en Dan 11:29-45, el anticristo de 2 Tes 2:3-4, y la bestia de diez cuernos de Apoc 13, así como la mujer que la monta en Apoc 17, eran todos símbolos del papado romano que ocupó el lugar de los césares del antiguo imperio. Esa interpretación protestante y que los precede en muchos siglos, mantienen los Adventistas del Séptimo Día aún sobre las fechas proféticas que aparecen en Dan 7:25; 8:14; 9:24-27; 12:7,11-12; Apoc 9:5,10; 11:3-4; 12:6,14 y 13:5.
El historicismo de la Iglesia Adventista sobre esas fechas proféticas lo heredó del historicismo anterior a nuestra existencia como iglesia. Siempre se sostuvo que esas fechas proféticas de Daniel se cumplieron entre 1798 y 1844 (véase mi libro The Seals and the Trumpets, excursus 1). En efecto, con esas profecías se anticipó con una exactitud notable el fin del predominio papal sobre el mundo cristiano. Y hasta se anticipó que por haber sido Francia la primera nación que le dio su apoyo, dando inicio a los 1290 días-años de abominación papal, iba a ser esa nación la que le iba a dar el golpe de gracia mortal al concluir el siglo XVIII. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en 1798, cuando el general Berthier quitó del papa el anillo de Pedro, y lo desterró dándole un golpe mortal al poder político del papado romano del que no se ha repuesto completamente hasta hoy (ibid).
Recientemente, algunos adventistas no representativos ni en número ni en importancia, han querido negar el historicismo “tradicional”, como lo llaman, de las fechas proféticas de Dan 12:11-12. ¿Qué es lo que proponen ahora estos pocos jinetes del futurismo? Negar que las profecías de Dan 12:7,11 y 12 se cumplieron en el pasado, y proyectar su cumplimiento en días literales para el futuro, siguiendo la aplicación futurista de la contra-reforma jesuítica introducida por el polémico cardenal italiano Roberto Belarmino (1542-1621). En algún caso admiten que Dan 12:7 se refiere al pasado medieval (Samuel Núñez), pero insisten en que los 1290 y 1335 días de Dan 12:11-12 tendrán un cumplimiento futuro literal. Esta es una teoría nueva que nació prácticamente en la última década del S. XX. No ha tenido aceptación en nuestros centros educativos, y se ha conseguido un rechazo decidido del Centro de Investigación Bíblica de la Asoc. Gral. (de aquí en adelante BRI por sus siglas más conocidas en inglés: Biblical Research Institute). También ha sido rechazada por otros eruditos de nuestra iglesia, que ven en esta nueva interpretación un intento sutil del diablo para traer confusión en el sistema de interpretación que nos ha caracterizado como iglesia, y sobre la que se basa nuestra misión profética.
La teoría futurista nació con extractos parciales y unilaterales de los escritos de E. de White que después, Samuel Núñez intentó trasplantar a un estudio exegético del libro de Daniel mismo. Ya consideré la historia de este intento futurista inicialmente laico en otro trabajo apologético (Enfrentando el futurismo en Dan 12), así como otros aspectos que se han estado abarajando en la discusión (Diciembre 2008-Enero 2009). Más recientemente, después de una segunda ronda de intercambios sobre el tamid (servicio sacerdotal “continuo” o “regular” o “diario”), que se dio en el Club Pastoral hispano en julio de este año (2009), el entorno futurista se estuvo agitando otra vez. Siendo que yo estuve involucrado en esa discusión, se me hicieron llegar recientemente dos trabajos en los cuales no se discute el término tamid, sino siqqus (“abominación” de Dan 9:27; 11:31; 12:11) y pele’ (“maravilla” o “increíble” de Dan 12:6). Traduzcamos literalmente los tres versículos básicos de Dan 12;
“¿Hasta cuándo el fin de las cosas increíbles [pela’ot]?” (Dan 12:6).
“Desde el tiempo que sea quitado el continuo [tamid], y puesta la abominación asoladora [siqqus somem], habrá 1290 días. Bienaventurado el que espere y llegue hasta 1335 días” (Dan 12:11-12).
En estos versículos hay tres palabras o expresiones, tamid, siqqus somem y pele’, que son consideradas ahora por este proyecto futurista, como claves para empujar contra viento y marea el cumplimiento de las fechas proféticas de Dan 12 hacia el futuro, a una época si no directamente conectada con el fin mismo, cercana a los eventos finales, el fin del tiempo de gracia, las plagas, etc. En el fondo, lo que hay es más una actitud soñadora que realista en ese enfoque. Y de científico, como lo veremos seguidamente, no tiene más que la cáscara con la que envuelven su mensaje. Imponen restricciones exegéticas arbitrarias que después ellos mismos violan cuando les conviene. Sus análisis de palabras no son exhaustivas (de nuevo, descartan las que no cuadran con su teoría) y, en general, no tienen en cuenta el contexto más amplio del libro de Daniel.
Ya discutimos en una red pastoral sobre el sentido del término tamid en la Biblia y en el libro de Daniel en especial. Quedó claro en la discusión que tamid no puede referirse a la purificación del santuario representada por el Día de la Expiación y, por consiguiente, todo intento de proyectar el tamid simbólico a ese evento final cae por sí solo. Pero la terquedad es un atributo típico de los seres humanos caídos, y es por esa razón que algunos de estos hermanos ilusos están procurando ahora insistir en su proyección futurista con los otros dos términos, siqqus y pele’. Lo admirable es que quieran transformar esas tres palabras en la base o fundamento del enfoque futurista, cuando en realidad esas tres palabras están conectadas en todas las profecías de Daniel, con la época anterior al tiempo del fin, precisamente con la obra impostora del anticristo romano medieval que se extendió hasta su golpe de muerte en 1798.
Con el propósito de ayudar a quienes puedan quedar confundidos con estas propuestas soñadoras, trataremos de sintetizar sus argumentos y responderlos en forma directa y simplificada. Además del libro de Samuel Núñez que ya consideramos en otra serie (Enfrentando el Futurismo sobre Dan 12), un tal Carlos Capote, pastor retirado puertorriqueño, preparó un trabajo sobre el término pele’ que aparece en Dan 12:6. Un tercer personaje salió a la luz recientemente llamado Hugo León, quien recopiló citas de E. de White sobre el domingo en el libro de Daniel. Se trata de un médico joven que vive en Chico, California. Samuel Núñez parece ser su mentor, ya que responde a sus propuestas confirmando sus convicciones personales, al final de cada punto desarrollado, y en armonía con lo expuesto. A pesar de las respuestas bien documentadas que se han dado al futurismo de parte de nuestra iglesia, estos tres mosqueteros del proyecto futurista en Dan 12 parecen no querer ceder. Para el bien de quienes puedan confundirse por su testimonio, consideremos en grandes rasgos el mensaje de Daniel, en respuesta a estas interpretaciones extravagantes.

Intentos de justificar la introducción de un enfoque futurista

Con el propósito de abrirse un espacio que justifique la introducción del enfoque futurista sobre las profecías fechadas de Daniel, algunos han calificado despectivamente como “tradicional” la posición oficial historicista de la Iglesia Adventista. Con eso dejan por sentado que es necesario crecer, romper el cascarón, y salirse de madre. Por otro lado, se ha argumentado, especialmente en relación con la discusión del tamid (“servicio diario” del santuario) en Dan 8, que la posición oficial del S. XIX fue diferente a la posición oficial del S. XX. De esta forma procuran restar valor a la posición oficial que ha estado manteniendo nuestra iglesia a lo largo de su historia, y que ha respaldado el BRI desde hace un cuarto de siglo sobre estos temas. En su lugar, prefieren citar el Comentario Bíblico de la Iglesia Adventista que se publicó hace más de medio siglo atrás. Allí se reconoce que no se había ofrecido hasta entonces una interpretación satisfactoria sobre Dan 12:11 y 12, y que confiaban en que estudios futuros aclararían el panorama. Y siendo que en tiempos más recientes se ha publicado de nuevo el Comentario Bíblico mencionado sin modificarlo, pretenden que eso implica, tácitamente, que nuestra iglesia, mediante ese comentario, ignora los avances del BRI.
En primer lugar, si para algunos hoy, resulta “tradicional” el enfoque historicista adventista (un término peyorativo equivalente aquí a no aceptable), debemos cuidar de no reemplazarlo por algo peor, ya que siempre hemos rechazado como movimiento profético el futurismo, debido a que carece de todo respaldo bíblico serio. El historicismo debió hacer frente al preterismo y al futurismo mucho antes que existiéramos como pueblo. Ambas tendencias fueron inventadas por jesuitas que procuraron desviar el golpe infringido por el protestantismo al papado romano. De manera que la novedad no es, en esencia, un avance, sino un retroceso, porque entra dentro del lineamiento trazado por la Iglesia Católica Romana para ocultarse de la profecía apocalíptica que la delata.
En segundo lugar, si hubo un momento en la historia de nuestra iglesia en el que no se entendió bien determinado punto de una profecía, no significa que esa iba a ser eternamente nuestra situación. La fe y confianza de quienes prepararon el Comentario Bíblico Adventista medio siglo atrás, apuntaba a una solución futura. ¿Debía esperarse que viniese otro profeta para aclarar el “misterio”? ¿O se trataba, más bien, de una ignorancia histórica en este caso, que debía subsanarse mediante una documentación más abundante y precisa como la que podemos tener hoy, gracias al avance de la ciencia histórica que no depende de nosotros como adventistas? De hecho, los avances que se han hecho en el estudio de estas profecías y de la historia han permitido probar en forma más precisa su cumplimiento histórico. Por consiguiente, la incertidumbre que produjo la falta de fundamentación histórica suficiente que tuvieron nuestros líderes a mediados del S. XX, quedó en el pasado.
También hay que resaltar el hecho de que el Comentario Bíblico Adventista de mediados del S. XX no condonó ni abrió las puertas para justificar el futurismo en las fechas proféticas de Dan 12. Si más recientemente han publicado otra vez ese Comentario sin tocarlo (en 1978, más de 30 años atrás), es porque tiene su valor histórico. Lo mismo pasa con los libros de los pioneros que se han estado publicando. No se los retoca. Para modificar el Comentario Bíblico hubieran tenido que formar comités que estudiasen los temas de nuevo, y eso significa una gran inversión en tiempo y dinero. En su lugar, el BRI ha estado preparando materiales por temas en diferentes áreas de necesidad. Pero es ridículo suponer que, porque se ha publicado de nuevo una obra agotada de varios años atrás sin retocarla, eso debía interpretarse como afirmando la incertidumbre de algunas áreas por encima de los avances posteriores que ha publicado el BRI. Ambos comités, el de mediados del S. XX (CBA) y el del BRI, fueron formados por la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.
Algo semejante pasó con el tema de la naturaleza de Cristo. Hubo una comprensión mayor obtenida por un estudio más profundo de la Biblia, y confirmado por el Espíritu de Profecía, que vino esencialmente medio siglo después de 1844. Hoy los evangélicos argumentan que algunas cosas positivas tuvo E. de White hacia el final de su vida, y es la de haber reconducido a la Iglesia Adventista de un arrianismo a un reconocimiento de la divinidad de Cristo. Nosotros decimos que se trata de una verdad progresiva sobre la que el Señor nunca se había pronunciado anteriormente en nuestra iglesia. Y en esto es admirable constatar que E. de White siempre insistió en fundar nuestra fe sobre la Biblia. ¿Podemos aceptar que se quiera dejar en la penumbra el tema de la naturaleza de Cristo, por el hecho de que en los primeros años de existencia como iglesia, ese no era un tema que muchos no comprendían bien?
En tercer lugar, nuestra iglesia no tuvo en el S. XIX una posición oficial sobre el significado del tamid en el libro de Daniel, de manera que no podemos argüir que la posición oficial hoy de nuestra iglesia difiere de la posición oficial de entonces. En el último cuarto del S. XIX, por ejemplo, la controversia en la Iglesia Adventista tuvo que ver con el significado del tamid en Dan 8, si se trataba del “continuo” asolar pagano, o del “servicio regular” del santuario. Los protagonistas fueron Urías Smith y Jaime White. La intervención de E. de White evitó que la iglesia adventista se dividiera por esa discusión, y declaró que habría más luz en el futuro sobre ese tema. De manera que no se puede decir que la posición oficial de la iglesia fue en el S. XIX la de Urías Smith, y que en el S. XX fue otra. Simplemente, se empaquetó la discusión para una consideración futura, ya que no era sabio dividir la iglesia en un momento en que era demasiado joven todavía.
En el último cuarto del S. XX, la controversia se centró en lo que contamina el santuario en Dan 8, si los pecados perdonados o la "rebelión espantosa" del cuerno pequeño. Los protagonistas principales fueron Gerhard Hasel y Desmond Ford. El resultado fue una comprensión mayor de esa visión que resolvió, al mismo tiempo, el impase del S. XIX sobre el significado del tamid. En primer lugar, se descubrió al estudiar a fondo Dan 8:11 que el "Príncipe del Ejército" (sar seba') no era un general romano ni el papado, sino nada menos que un príncipe celestial, el verdadero príncipe del pueblo de Dios (Jos 5:13-15), quien al mismo tiempo es sacerdote porque lleva a cabo un servicio regular de intercesión (tamid). Digámoslo claro, ese príncipe celestial es Cristo mismo, porque su cumplimiento se proyecta bien definidamente a la dispensación cristiana (Heb 8:1-2; 9:24). Y si el príncipe referido es un personaje celestial, entonces su santuario también debe ser el del cielo (véase 1 Rey 8:30,39,43,49; Sal 11:4; 102:19, etc).
El cuerno pequeño o papado romano es un príncipe impostor, quien toma de Cristo su intercesión sacerdotal para ejercerla fraudulentamente sobre su pueblo, interponiéndose entre el Señor y su iglesia. De manera que el tamid no podía referirse al continuo asolar pagano, sino al ministerio sacerdotal de Cristo en el lugar santo del santuario celestial, porque era allí que se oficiaba el tamid, sobre los tres muebles de ese lugar. Y en lugar de la intercesión de Cristo, el papado impuso una intercesión sacerdotal romana terrenal que se suma a una estela de santos y vírgenes intercesores que hacen nulo el servicio regular del santuario celestial.
A este quitamiento del ministerio sacerdotal de Cristo se refirió el apóstol Pablo cuando dijo que el anticristo se sentaría sobre el templo de Dios haciéndose pasar por Dios (2 Tes 2:4). Y Juan en el Apocalipsis anticipó que blasfemaría contra Dios y su santuario, lo que implica igualmente un cuadro impostor y suplantador (Apoc 13:5-6). Eso fue lo que entendieron, como lo veremos luego, los más grandes representantes de la Reforma Protestante. Aún así, (podemos afirmar nosotros), Cristo continúa ejerciendo su servicio regular en el lugar santo hasta el momento en que concluye su ministerio en ese lugar, para comenzar su obra en el lugar santísimo (Dan 8:13-14).
Siendo que este cuadro tipológico-profético está siendo trastornado por los intérpretes futuristas entre los cuales se cuentan también algunos expastores y hermanos laicos controversiales, y que operan al margen de la Iglesia Adventista, convendrá considerar mejor el significado y la tipología del tamid que se le reveló a Daniel para el templo del nuevo pacto. Mientras que, por un lado, negamos el preterismo que ubica infructuosamente esos períodos en el pasado macabeo del S. II AC, debemos levantarnos igualmente ahora para negar el futurismo que quiere proyectar esos pasajes al futuro inminente del fin del mundo. Desde nuestra perspectiva histórica en el S. XXI, como historicistas, ubicamos las profecías fechadas de Daniel en el período de predominio blasfemo y arrogante romano papal medieval.

1. El término tamid (“servicio diario” o “regular”)

El tamid referido en Dan 8:11,13; 11:31; y 12:11, se refiere al ministerio sacerdotal cotidiano o regular que efectuaba el sacerdote israelita en el templo terrenal, pero que la profecía ahora proyecta al ministerio sacerdotal del Príncipe celestial (Cristo Jesús). Ese ministerio diario tenía que ver con el encendido o mantenimiento de las lámparas del candelabro cada mañana y cada tarde (Lev 24:1-5), con la intercesión sacerdotal a favor del pueblo frente al altar del incienso, también cada mañana y cada tarde (Ex 30:7-8), y con el renuevo del pan de la presencia que se efectuaba cada sábado sobre la única mesa que había en el santuario (Ex 25:30; Lev 24:8). Siendo que estos muebles se encontraban en el primer departamento del santuario llamado lugar santo (Ex 40:4-5), se deduce que por esa expresión, tamid, se hace referencia al ministerio que se llevaba a cabo en ese lugar. En el lugar santísimo, sin embargo, Dios ordenó poner un mueble llamado arca sobre el que se efectuaba un rito único al final del año, que nunca se definió con la palabra tamid (véase Ex 26:33).

                         Purificación anual final              Servicio diario regular (tamid)
                   
                                 Lugar santísimo                     Lugar santo

De manera que la conexión del tamid con el ministerio sacerdotal de Cristo en el lugar santo del santuario celestial, es algo fácil de probar (Apoc 1:12-13). Contrariamente, un intento de conectar el tamid con el ministerio final del sumo sacerdote sobre el arca del pacto en el lugar santísimo, es imposible. Nunca se llevó a cabo un ritual regular o cotidiano o periódico sobre el arca del pacto, ni tampoco podría proyectarse tipológicamente ese ritual final al ministerio futuro en el lugar santísimo del templo celestial.
Las profecías de Dan 8 y 11 proyectan, así, un santuario apocalíptico y celestial cuyo servicio no es repetible, sino que cumple las dos funciones del sacerdocio en el lugar santo y en el lugar santísimo sucesivamente, de una sola vez y para siempre. El sumo sacerdote que efectúa su “servicio regular” en el lugar santo del templo celestial (Cristo mismo), abandonó ese lugar en 1844 para oficiar frente al arca del pacto en el lugar santísimo, cumpliendo con una obra que incluye el juicio investigador final (Apoc 11:18-19). Una vez que concluya su servicio de intercesión sacerdotal y juicio en el lugar santísimo, no saldrá para comenzar un nuevo ciclo de servicios, sino para otorgar la bendición de la vida eterna a los que confiaron en él (Heb 9:27-28).
Esto es lo que dice literalmente Dan 8:13-14. “¿Hasta cuándo la visión, el servicio diario (tamid)…?”, pregunta un ángel, usando el lenguaje simbólico del ritual antiguo. “Hasta” 1844, le responde el otro ángel (fecha a la que llegan los 2300 días/años de la profecía). De esta forma, no puede proyectarse el tamid ni menos su apropiación por un príncipe impostor, a una época posterior a 1844.
A pesar de este testimonio bíblico, los hermanos futuristas de Dan 12 quieren hacernos creer que el tamid debía cumplirse en el lugar santísimo al final de los tiempos. Pero el quitamiento del tamid que ejerce el príncipe celestial (Cristo Jesús), por un príncipe impostor (el papado), Daniel lo ubica en una época anterior a la de 1844 (Dan 8:11). A este evento anterior al tiempo del fin se refiere también Dan 12:11, porque a partir de ese tiempo final Cristo no estaría más oficiando el servicio sacerdotal regular en el lugar santo, sino que habría pasado a oficiar en el lugar santísimo de su templo celestial.
Asimismo la siguiente fecha profética que depende de la que define ese quitamiento por 1290 días/años, tampoco puede proyectársela más allá de 1844. Ni los 1260 días (Dan 12:7; cf. 7:25), ni los 1290 días (Dan 12:11; cf. 8:11; 11:31), ni los 1335 días (Dan 12:12), se cumplen en una época posterior a la que inicia el “tiempo del fin” (véase Dan 8:17,19). Todas esas fechas están proyectadas a una época anterior. Es así que aparecen anunciadas en Dan 8:11; 11:31 y 12:11. Por consiguiente, ningún príncipe impostor terrenal podría quitar luego de esa fecha, del Príncipe de los príncipes, el tamid o ministerio intercesor sacerdotal del lugar santo. Para ese entonces el Señor habría completado esa obra, y no estaría ejerciendo más esa intercesión tamid. En su lugar, habría pasado Cristo a oficiar en el lugar santísimo la fase final de su ministerio que ahora, además de su oficio de sacerdote, incluye una obra de juicio en la que él es nuestro abogado (Apoc 11:18-19; véase Dan 7:9-10,13-14; 1 Jn 2:1).
Este cuadro maravilloso de las profecías de Daniel ha intentado ser desvirtuado por quienes sueñan con una fecha profética que deberá cumplirse en el futuro, supuestamente proyectada por estas profecías de Daniel. Ya que cuando los futuristas de Dan 12 quieren proyectar el tamid (servicio diario simbólico) que se efectuaba en el lugar santo, al futuro en el lugar santísimo, dislocan la tipología divina del evangelio del santuario. No parecen darse cuenta de la confusión que crean, al atentar directamente contra el fundamento de nuestra fe y misión como adventistas. Porque Jesús está hoy ministrando en el lugar santísimo, llevando a cabo un ministerio que nunca se definió como “diario” o “regular”, sino “anual”.
Consideremos ahora las principales objeciones que estos hermanos traen para negar la terminación del “servicio diario” simbólico en el lugar santo del templo celestial, en la fecha en que Cristo pasó al lugar santísimo para concluir su obra de intercesión (1844). Incluyamos, en el análisis de las objeciones, la objeción tradicional que las iglesias protestantes y evangélicas han levantado contra nuestra comprensión de la intercesión sacerdotal del santuario. Esto será útil para mostrar cómo, en su esfuerzo por proyectar el tamid en la fase final de intercesión celestial en el lugar santísimo, nuestros hermanos futuristas razonan a veces de una manera equivalente.

Objeciones y respuestas

1) Las iglesias protestantes y evangélicas, en general, entendieron que el ministerio sacerdotal de Jesús no debía corresponderse con el ministerio intercesor del sacerdote terrenal. Esto lo infieren del hecho de que el sacrificio único de Jesús cumplió con todos los sacrificios rituales repetitivos del culto antiguo (Heb 9:12-14,23; 10:10-14), de tal manera que no debía estar entrando y saliendo del santuario para sacrificarse otra vez en el patio.

Respuesta: Tal inferencia es un error, porque aunque es cierto que el sacrificio de Jesús no debía repetirse, el servicio que efectuaban los sacerdotes terrenales en el lugar santo (el diario) y el santísimo (el anual final), fueron establecidos como “copia y sombra” del servicio que iba a efectuar el Señor en su santuario celestial (Heb 8:5).

2) Algunos han querido argumentar que el ministerio de todos esos sacrificios (incluyendo el representado por los sacrificios diarios tamid), debía extenderse hasta su fase final de intercesión en el lugar santísimo. Esto lo infieren también, del hecho de que los sacrificios repetitivos caducaron al cumplirse en Jesús con su único sacrificio (Heb 9:12-14,23; 10:10-14).[1]

Respuesta: También se trata de una inferencia equivocada, porque el ministerio que se efectuaba en el interior del santuario con esos sacrificios era diferente. Con algunos sacrificios se efectuaba el servicio diario en el lugar santo (tamid), y con otros el servicio anual final en el lugar santísimo. Así, debemos evitar confundir la anulación del sistema repetitivo del culto antiguo con su proyección simbólica al santuario del nuevo pacto.
El servicio diario antiguo (tamid) se cumpliría en el lugar santo del nuevo servicio (el celestial), y el anual en el lugar santísimo al final de los siglos, no en forma repetitiva año tras año, sino de una vez en un solo ciclo (Heb 9:11-12). Y aunque Jesús cumplió con todos los sacrificios antiguos con un solo sacrificio, el de su propio cuerpo (Heb 10:10; véase 9:13-14), el ministerio que ejerce dentro del santuario celestial debía ser equivalente al que llevaba a cabo con el ritual de sangre el sacerdote terrenal, en sus dos momentos sucesivos de intercesión, el diario y el anual (Heb 9:6-7).
¿Intercedió Jesús sólo una vez cuando entró en el santuario celestial en el año 31? ¡Por supuesto que no! “Cristo entró en ese santuario [el del cielo] una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de becerros, sino con su propia sangre”, y “vive siempre para interceder” por su pueblo (Heb 9:12; 7:25). Por el hecho de que caducaron los servicios terrenales repetitivos, ¿debe descartarse su proyección simbólica como no siendo necesaria en el templo celestial? ¡De ninguna manera! “Todo sumo sacerdote es puesto para ofrecer presentes y sacrificios. De ahí que era necesario que Jesús también tuviese algo que ofrecer” (Heb 8:3), tanto en su intercesión en el lugar santo que estaba representada por el servicio diario simbólico (tamid) del santuario terrenal, como en su intercesión final en el lugar santísimo (Heb 9:6-9,23). Vemos así que, por el hecho de que Jesús no esté entrando y saliendo cada día de su templo celestial (como lo hacía el sacerdote terrenal para ofrecer nuevos sacrificios), no significa que su ministerio no debía darse en correspondencia con el ritual simbólico en ambos departamentos.
El apóstol Pablo proyecta el servicio entero del santuario terrenal al servicio entero del santuario celestial en la nueva dispensación, que se cumple igualmente y en forma sucesiva en los dos apartamentos del santuario celestial (Heb 9:1-11). Mientras que antes, el símbolo se repetía cada año;  ahora, en esta dispensación, se cumple una sola vez y para siempre, esto es, se lleva a cabo en un solo ciclo (Heb 9:24-26). Ese ciclo tiene dos etapas, una que se lleva a cabo primeramente en el lugar santo representada por el término hebreo tamid, y otra que se lleva a cabo en el lugar santísimo al final, representada por el ritual distintivo del Día de la Expiación. ¿Cuánto dura? Toda la dispensación cristiana. Por eso dice que Jesús volverá por “segunda vez” después de terminar ese único ciclo (Heb 9:27-28) [no por tercera ni por cuarta ni quinta vez].

3) También hay quienes pretenden que Jesús sigue oficiando hoy un tamid en el lugar santísimo, porque han pasado muchos días y años desde que entró en ese lugar para completar su obra de intercesión. ¿Acaso no tenemos nosotros que elevar nuestras oraciones cada mañana y cada tarde, como lo hacía el antiguo Israel cuando el sacerdote intercedía ante el altar del incienso?

Respuesta. ¡Por supuesto! Debemos practicar una devoción diaria como la que Dios ordenó para el antiguo Israel. Pero eso no elimina la proyección tipológica que, en las profecías de Daniel, mantiene el vocabulario del culto antiguo. El “servicio diario” (tamid) corresponde al ministerio en el lugar santo, y el servicio final de purificación y juicio corresponde al ministerio sacerdotal en el lugar santísimo.
¿Está Jesús oficiando un tamid actualmente en el cielo, por el hecho de que desde 1844 (cuando pasó al lugar santísimo según Dan 8:14), han transcurrido miles de días? Nuestra respuesta es no. Jesús no está más en el lugar santo donde se oficiaba el servicio regular tamid. Pero si alguien quiere insistir en que sí, será bueno hacerle la pregunta inversa. ¿Estuvo Jesús purificando el santuario celestial cada año desde el año 31, cuando fue investido como nuestro sumo sacerdote en el templo celestial? Nuevamente, nuestra respuesta es no. Porque, de haber estado en vigencia el santuario terrenal, él tendría que haber estado purificándolo cada año en el día correspondiente al de la Expiación. Pero el santuario celestial no entra en el mismo régimen (Heb 9:24-26).
Así como durante los primeros 1810 años de ministerio sacerdotal de Cristo en el cielo, hasta 1844, Jesús no pasó al lugar santísimo del templo celestial para oficiar allí 1810 veces cada año, en un presunto día correspondiente al día de la expiación terrenal; así tampoco, una vez que entró en 1844 en el lugar santísimo, volvió a oficiar el tamid en el lugar santo cada día (Heb 7:27; 10:11-12). Estamos ante un santuario apocalíptico que tiene un ministerio único, y su proyección está montada sobre el lenguaje del ritual antiguo. El “servicio diario” del lugar santo desemboca en la purificación del santuario en el lugar santísimo. Por tal razón dislocamos la tipología del santuario cuando queremos proyectar el tamid en una época posterior a la de 1844, que se denomina “tiempo del fin” (Dan 8:17,19). La profecía de los 1290 años de quitamiento del “servicio cotidiano” que lleva a cabo Cristo, por parte del anticristo romano, no puede proyectársela para el fin del tiempo de gracia. Se trata de una profecía ya cumplida.
"Cuando el sumo sacerdote entraba el día de la expiación en el lugar santísimo terminaba el servicio del primer departamento... Así que cuando Cristo entró en el lugar santísimo para consumar la obra final de la expiación, cesó su ministerio en el primer departamento. Pero cuando terminó el servicio que se realizaba en el primer departamento, se inició el ministerio en el segundo departamento" (CS, 481-2). Los adventistas, después del chasco millerita de 1844, "llegaron a comprender que su gran Sumo Sacerdote había empezado a desempeñar otro ministerio..." (CS, 485). "Si bien era cierto que se había cerrado la puerta de esperanza y de gracia por la cual los hombres habían encontrado durante mil ochocientos años acceso a Dios [la del lugar santo], otra puerta se les abría [la del lugar santísimo], y el perdón de los pecados era ofrecido a los hombres por la intercesión de Cristo en el lugar santísimo" (CS, 482-3).
En efecto, el incienso que representa a “las oraciones de los santos” (Apoc 8:4-5), y que anteriormente se ofrecía diariamente sobre el altar del incienso en el lugar santo, el sumo sacerdote lo ofrecía en el lugar santísimo en el Día de la Expiación (Lev 16:12-13). Pero ese servicio final y único en el Día de la Expiación, no era diario (tamid), ya que no se llevaba a cabo sino al concluir el año ritual. Por eso, E. de White no presenta a Jesús oficiando desde 1844 en el lugar santo, sino en el lugar santísimo del templo celestial, con un incensario que lleva las oraciones de su pueblo a ese lugar terminal.
“Entre los dos ángeles había un incensario de oro, y sobre el arca, donde estaban los ángeles, una gloria en extremo esplendorosa que semejaba un trono en que moraba Dios. Junto al arca estaba Jesús, y cuando las oraciones de los santos llegaban a él, humeaba el incienso del incensario, y Jesús ofrecía a su Padre aquellas oraciones con el humo del incienso” (PE, 32, 251-2).[2] “Vi humear el incienso en el incensario cuando Jesús ofrecía a su Padre las confesiones y oraciones de los fieles. Al subir el incienso, una luz refulgente descansaba sobre Jesús y el propiciatorio” (PE, 255-6; véase también PE, 279; LDE, 229).

4) También se ha intentado integrar los otros sacrificios que se efectuaban en el Día de la Expiación (Núm 29:7-11), en el ritual exclusivo que se prescribió para el lugar santísimo en Lev 16. Así procura Samuel Núñez abrirse un espacio para proyectar los 1290 días de quitamiento del tamid a la obra final del príncipe celestial en el lugar santísimo.

Respuesta:  Ese es un error, porque no corresponde que se mezclen los diferentes sacrificios, según ya vimos, sin prestar atención al lugar de su ministración. Los demás sacrificios prescritos en la ley ritual para el Día de la Expiación, así como para los demás días de fiesta, se efectuaban diariamente en el patio y en el lugar santo (Núm 28-29). En la fechas correspondientes a las fiestas anuales, aumentaban esos sacrificios. Pero cuando el sumo sacerdote pasaba a oficiar en el lugar santísimo en el Día de la Expiación, no había nadie oficiando en el patio ni en el lugar santo.
El ministerio del santuario consistía en dos partes: un servicio diario [tamid] y otro anual. El servicio diario se efectuaba en el altar del holocausto en el atrio del tabernáculo, y en el lugar santoConsistía en el holocausto matutino y el vespertino, en el ofrecimiento del incienso en el altar de oro; … mientras que el servicio anual se realizaba en el lugar santísimo…” (PP, 365). Así, “delante del velo del lugar santísimo, había un altar de intercesión perpetua; y delante del lugar santo, un altar de expiación continua” (PP, 366). “En el día del año designado para el ministerio en el lugar santísimo… no había sacerdotes ministrando en los altares” (8 T, 284). Es decir, no había nadie efectuando un tamid (“servicio diario” o “regular”) ni en el patio ni en el lugar santo).
¿En qué se basa E. de White para decir que no había nadie oficiando un servicio diario cuando el sumo sacerdote pasaba a oficiar en el lugar santísimo? Ella cita Lev 16:17: “Nadie estará en el tabernáculo de reunión” [lugar santo] hasta que él [el Sumo Sacerdote] salga [del lugar santísimo],” después de “haber terminado la expiación… por la congregación de Israel”. De manera que, cuando el sumo sacerdote salía (o regresaba) del lugar santísimo, terminaba la intercesión por Israel, y el ritual de purificación del altar del incienso en el lugar santo tenía como propósito únicamente purificarlo de todos los pecados que habían sido depositados allí por medio de la sangre de los sacrificios regulares (véase Lev 4:17-18). Ninguno de estos ritos efectuados en el lugar santísimo y, luego al terminar la intercesión allí para purificar el lugar santo, formaban parte del tamid o servicio diario que se efectuaba en el lugar santo.

5) Se pretende que el ritual expiatorio que se efectuaba en el lugar santísimo al final del año tenía que ver únicamente con la purificación del santuario, no con el perdón de los pecados. De esta forma procuran crear la necesidad de un “servicio diario” en el lugar santísimo. Porque si el tamid terminó en 1844 según la profecía de Dan 8:14, ¿cómo podríamos obtener el perdón desde entonces?

Respuesta: a) Los que así razonan se meten en un problema doble. Por un lado comprenden mal el propósito del ritual del lugar santísimo al pretender que involucra únicamente la purificación del santuario, y por el otro procuran imponer ese error de interpretación a una intromisión del tamid (servicio diario) en el ritual exclusivo del lugar santísimo al final del año.
b) Ni Daniel ni Pablo ni Juan supieron cuánto iba a durar “el tiempo del fin” durante el cual iba a ser purificado el santuario en el lugar santísimo, porque ese aspecto de la profecía iba a quedar sellado hasta ese tiempo (Dan 12:4). Después de 1844 no habría cómputo profético (Apoc 10:6-7), por lo cual sólo nosotros que vivimos en esa época predicha, sabemos que la sesión del tribunal celestial iba a extenderse por más de un siglo y medio (véase Mat 24:36,43-44; Hech 1:7; 1 Tes 5:2). Pablo en la Epístola a los Hebreos anunció para el futuro el “día” antitípico de la expiación, o Yoma como lo llamaban los judíos en los días del apóstol (Heb 10:25). Y en otro lugar declaró que Dios “ha establecido un día, en el cual juzgará al mundo con justicia, por medio” de su Hijo Jesús a quien resucitó “de entre los muertos” (Hech 17:31; véase Rom 14:10; 2 Cor 5:10).[3]
De manera que no vamos a arreglar el problema levantado por una mala comprensión del ritual de Lev 16, imponiendo el servicio diario del lugar santo al lugar santísimo. En efecto, la purificación del santuario no se efectuaba con la sangre del sacrificio diario de los corderos (tamid), cada mañana y cada tarde (Núm 28:3-4), sino con la sangre del macho cabrío en el Día [final] de la Expiación (Lev 16:15-16). Así también, la aplicación de la sangre de Cristo en ambos departamentos, el santo y el santísimo, estaría proyectada por sacrificios distintos, cuyo ritual de sangre sería diferente también. Por un lado tenemos el sacrificio diario, y por el otro el sacrificio anual. Uno era un tamid (que daba lugar a un servicio diario), el otro no (Heb 9:6-7). No mezclemos las dos cosas, sopena de dañar la tipología que contiene el evangelio (“buena nueva”) del santuario (Heb 4:2).
c) En el ritual del Día de la Expiación en el Lugar Santísimo, se hace referencia no solamente a la purificación del santuario (Lev 16:16), sino también a la purificación del pueblo (Lev 16:17,30). Ese rito anual y final era el único que purificaba a ambos, al pueblo y al santuario, lo que nos muestra que mediante la ministración del sumo sacerdote en el lugar santísimo, cada pecador tenía su última chance para obtener el perdón y la reconciliación con Dios (Lev 23:29-30).[4]
Podría argumentarse que en Lev 16 no aparece el término salah (“perdón”), que se incluía durante el año cuando el propósito fundamental era el perdón (Lev 4:20,26, etc). Pero se dice en Lev 16:30 y 33 que la expiación iba a efectuarse igualmente “por el pueblo”. El legislador usa en ese caso la misma preposición ‘al (“por”) que usó para referirse a la expiación por el pecador y por el pueblo durante el año (Lev 4:20,26,32,35; 8:34). Y en ocasiones, cuando la acción de la expiación (kipper) proviene de Dios mismo, se ha traducido esa misma palabra kipper por “perdonar” (Deut 21:8; Eze 16:63; Isa 6:7).
Igualmente llamativo es el hecho de que el propósito final de la expiación por el santuario y por el pueblo se definiese en Lev 16:30 por el término taher, “limpio”, como en el caso de las personas impuras que obtenían su purificación personal durante el año (Lev 12:7-8; 14:19-20,29,31; 15:28). En Lev 16, sin embargo, el verbo tahar aparece como conclusión de toda la obra de expiación efectuada durante el año, e incluye el perdón de los pecados (salah no hubiera servido para incluir la purificación física). Eso es lo que vemos también en otros pasajes en los que tahar (limpiar) aparece junto a salah (“perdonar”), y en contextos en donde la limpieza está ligada a aspectos morales. Así, en el Sal 51, David pide a Dios que lo lave de su maldad, y lo limpie (tahar) de sus pecados, lo que involucra el perdón. Lo mismo vemos en Jer 33:8, en donde salah aparece en paralelo con tahar:  “Los limpiaré de toda la maldad que cometieron contra mi, y perdonaré todos los pecados que cometieron, con que se rebelaron contra mi”.
De manera que, aunque el propósito primario de la purificación del santuario haya sido el de declarar “puro” o “limpio” a su pueblo “de todos los pecados” que cometió y confesó durante el año, también podía incluir la contrición, confesión y perdón de pecados que el pueblo reflejase, pidiese y recibiese en ese mismo momento final y decisivo. Esto es lo que vemos confirmado en las siguientes declaraciones del Espíritu de Profecía:
“Cuando en el servicio típico el sumo sacerdote salía del lugar santo el día de la expiación, se presentaba ante Dios, para ofrecer la sangre de la víctima ofrecida por el pecado de todos los israelitas que se arrepentían verdaderamente. Así también Cristo sólo había terminado una parte de su obra como intercesor nuestro para empezar otra, y sigue aún ofreciendo su sangre ante el Padre a favor de los pecadores… Si bien era cierto que se había cerrado la puerta de esperanza y de gracia por la cual los hombres habían encontrado durante mil ochocientos años acceso a Dios [la del lugar santo], otra puerta se les abría [la del lugar santísimo], y el perdón de los pecados era ofrecido en el lugar santísimo” (CS, 482-3).

6) Se presume que la palabra tamid en las profecías de Daniel, tiene una proyección mayor que la que se daba en el ritual antiguo. Siendo que el profeta la utiliza sin el objeto directo, y la acompaña con un artículo definido, prefieren así sustantivar el adjetivo tamid en “la continuidad”. De esta forma tornan más vago el sentido del término, de tal manera que su uso restringido en el Pentateuco al patio y al lugar santo del santuario terrenal, pueda expandírselo también al lugar santísimo.[5]

Respuesta: No hay que confundir el valor eterno del sacrificio de Cristo que se definía por el término ‘olam, “para siempre” o “eterno”, con el significado del término tamid (“diario, periódico, cotidiano, continuo”: Ex 29:38; Núm 28:3; 2 Crón 24:14; Eze 46:15). El príncipe del nuevo pacto traería la “justicia eterna” (‘olam), según se le mostró a Daniel mismo en relación con la muerte expiatoria del Mesías Príncipe (Dan 9:24; véase Heb 13:20).
Admitamos que en el Antiguo Testamento la palabra tamid aparece mayormente como adjetivo (Ex 29:42; Núm 28:3) o como adverbio (Éx 29:38; 30:8; Lev 24:2-4,8), especificando el ritual bajo consideración, si en relación con la quema del incienso, o con el encendido de las lámparas, etc. Pero si en Daniel aparece como sustantivo (razón por la cual lleva artículo definido, hatamid, “el continuo”), se debe a que el profeta no se está refiriendo al ministerio sobre un mueble en particular, sino a todo el servicio del príncipe celestial que debía efectuar en el lugar santo del templo del nuevo pacto.
En hebreo es común referirse a un ritual mediante un sustantivo. Así, mediante hatta’t, el “pecado”, Moisés se refirió al “sacrificio” u “ofrenda por el pecado” (Lev 4). Lo mismo podemos decir del ’asham, la “culpa”, en referencia al sacrificio u “ofrenda por la culpa” (Lev 5). En Lev 7:7 tenemos estos dos términos que, al traducírselos a los idiomas occidentales, requieren suplir la palabra “sacrificio” u “ofrenda”. En relación con el tamid en las profecías de Daniel, se aplica el mismo principio, por lo que en lugar de la traducción restringida de “continuo sacrificio”, sería más apropiado traducirla por “servicio diario” o “continuo”. Se refiere a todo el “servicio regular” que efectuaba el sacerdocio en el lugar santo del templo terrenal, y que ahora se proyecta al templo apocalíptico del “príncipe del ejército” (Dan 8:11), Cristo mismo.
Por tal razón, la traducción que algunos han querido recientemente sugerir para tamid como siendo “la continuidad”, en este contexto es ambigua, indefinida, porque puede ponérsele allí lo que el intérprete quiera.[6] Todo el capítulo 8 de Daniel está construido o proyectado en el lenguaje del santuario. Se requiere, pues, entender el uso del término tamid dentro de los límites ofrecidos por el Pentateuco en relación con el ritual del templo. Y esos límites, como ya vimos, no van más allá del lugar santo. La purificación del santuario profetizada en Dan 8:14 proyecta un ministerio final en el lugar santísimo, y deja también fuera la palabra tamid, como correspondiendo a una etapa anterior (v. 13).
Basta con ir a Lev 16, el único pasaje de la Biblia que detalla el ritual distintivo del Día de la Expiación, y que representaba la obra futura del juicio investigador, como para ver que no aparece allí la palabra tamid. La razón es sencilla. El ritual de ese día era único en el año, no repetible ni cada día ni cada semana. El santuario se lo purificaba solamente al final del año, algo que no se efectuaba en forma diaria o periódica (Lev 16:2,34).

Las ropas del tamid y las ropas de la purificación final del santuario

Antes y después del ritual de purificación, el sumo sacerdote vestía sus prendas inferiores de “lino fino” (ses), como lo hacía regularmente todos los días del año al efectuar el tamid (Ex 28:39; 39:28; etc; véase A. Treiyer, The Day of Atonement…, 78ss).[7] En el Día de la Expiación, sin embargo, se ponía sus ropas inferiores de lino simple (bad), mediante las cuales efectuaba la purificación del santuario, no el tamid. Con esas ropas efectuaba sólo el ritual de sangre del becerro y del macho cabrío que lo llevaba, por única vez en el año, al lugar santísimo. Su propósito era la purificación del sacerdocio, del pueblo y del santuario, así como la expulsión del macho cabrío vivo que debía llevar todos los pecados quitados del santuario a tierra desértica o abandonada (Lev 16:4-23,32).
Esto es lo que vemos confirmado en el libro de Daniel. El tamid o servicio continuo de intercesión que se efectuaba antiguamente en el lugar santo del templo terrenal, Daniel lo proyecta simbólicamente al templo del nuevo pacto, y afirma que debía efectuarse “hasta” que se completasen los 2300 días/años de la profecía, es decir, “hasta” 1844 (Dan 8:13-14). A partir de 1844 (Dan 8:14), el perdón de los pecados iba a obtenérselo frente al arca. El santuario debía ser purificado entonces mediante la ministración del príncipe celestial en el lugar santísimo (Lev 16:16).
Por esa razón, en la última visión que recibe Daniel, ese príncipe del cielo se revela con sus ropas de lino simple (bad), es decir, del mismo telar que usaba el sumo sacerdote en el Día de la Expiación. Su objetivo, como en todas las profecías de Daniel, es apuntar a la obra final que cumpliría en el tiempo del fin (no al final del tiempo del fin, sino durante todo el tiempo del fin, el que es considerado en el libro de Daniel como una unidad cuya mayor comprensión iba a obtenerse en esa época futura: Dan 12:6-7; véase 8:17,19; 12:4).
También se ha relacionado a los dos ángeles que se preguntan sobre la duración del ritual en el lugar santo y el comienzo de la purificación final del santuario, con los dos ángeles que se representaban esculpidos sobre el arca del pacto en el lugar santísimo (Éx 25:17-20). Siendo que las visiones de Daniel tienen por objetivo final la purificación del santuario del nuevo pacto, y toda la visión de Dan 8 está montada sobre el lenguaje y ritual del santuario, parece natural inferir que esos dos ángeles señalan la obra final que debía efectuarse para vindicar el nombre de Dios y de su gobierno en el santuario celestial, en el lugar santísimo frente al arca del pacto. Una intención semejante podemos percibir en la vestimenta del varón vestido de lino simple (bad) que se revela en la última visión (Dan 12:6-7). Así busca el revelador dirigir la mirada del pueblo de Dios hacia la obra final que probará que Dios es justo, y que su gobierno triunfará sobre todas las potestades del mal.

Un servicio intercesor universal no sujeto a horas matutinas y vespertinas

Recordemos que Jesús entró en el santuario celestial “una vez para siempre” (Heb 9:12,25-26). No estuvo saliendo cada mañana y cada tarde del santuario celestial para ofrecer un nuevo sacrificio, según el ciclo diario del culto antiguo, porque “esto lo hizo una vez para siempre” (Heb 10:11). De manera que el servicio que efectuó hasta 1844 en el lugar santo del templo celestial, no estuvo sujeto a horas matutinas o vespertinas de cada rincón del mundo. Así como la iglesia del nuevo pacto (Mat 24:14), el santuario del nuevo pacto también tiene una proyección universal que va más allá de los límites regionales y geográficos del santuario terrenal (1 Jn 2:1-2).
En efecto, el santuario celestial no está restringido en la nueva dispensación al horario del ritual que se efectuaba en Palestina. Y aunque cada uno de nosotros deba buscar a Dios cada mañana y cada tarde en el lugar del mundo en el que nos encontremos,[8] como lo hacía el antiguo Israel, el servicio que ofrece el Señor tiene dos etapas claras en su único ciclo sacerdotal. El que correspondía al lugar santo y se identificaba tipológicamente como “servicio regular” o “diario” (tamid), y el que se efectuaba al final del año en el lugar santísimo y que no se consideraba un servicio cotidiano, regular o periódico, sino especial, único, ya que se efectuaba una vez al año.
En este punto debemos resaltar el hecho de que el sábado nunca fue considerado un tamid. El ritual que se efectuaba cada sábado, de poner en hilera los panes sobre la mesa de la presencia, fue un tamid (Lev 24:8). Pero el sábado existió mucho antes, y jamás se dijo que fuese un tamid. En efecto, cuando Moisés quiso referirse a la perpetuidad del sábado como día conmemorativo de la Creación, no usó la palabra tamid, sino ‘olam (Ex 31:12-17; véase 20:8-11), y eso sí se extiende más allá del tiempo presente, a la eternidad misma. Lo mismo podemos decir con respecto a “la justicia perdurable” o “eterna” (‘olam) que se establecería en la última de las 70 semanas (Dan 9:24). Y cuando el Antiguo Testamento se refiere al “pacto eterno” (beri’t ‘olam), de nuevo vemos que no usa la palabra tamid, sino ‘olam (Gén 9:16; 17:7; Éx 27:16-17; Sal 105:10; Isa 24:5; Jer 32:40; véase Sal 103:17-18). Porque tamid tenía que ver, en el contexto del santuario, con algo periódico, regular y permanente, que no debía cesar hasta que se completase su ciclo. Mientras que el pacto divino debía extenderse a toda la eternidad (Heb 13:20).[9]
De manera que no podemos decir que el quitamiento del “continuo” servicio tendría que ver con el abandono del sábado en el fin del mundo, y la imposición de la abominación asoladora con la ley dominical en reemplazo del sábado. Esto es lo que quieren hacernos creer los tres mosqueteros del futurismo ya mencionados. Pero esto no puede ser, porque Cristo no estará oficiando sobre la mesa de los panes antes que expire el tiempo de gracia, sino sobre el arca sobre el que no se efectuaba ningún tamid.

2. El término pele’ (“increíble”)

Para Carlos Capote, el término clave para entender todo el capítulo 12 de Daniel no es tamid ni siqqus (Dan 12:11), sino el plural de pele’ que aparece en el v. 6, y que se traduce como “cosas increíbles” o “maravillas”... Lleva el mérito don Carlos, de haberse esforzado en dar una respuesta futurista a la crítica preparada en diferentes documentos por los doctores historicistas Ángel Manuel Rodríguez (director del BRI), Gehrard Pfandl (director asociado del BRI), Frank Hardy (Asoc. Gral.), y Alberto R. Treiyer (un servidor). Luego de leer el documento de este hermano, inicié con él una serie de intercambios personales altamente floridos y coloridos, que rayaron a veces en insultos de ambas partes. Esa vibrante discusión la concluí después de una semana, expresándole cómo me había divertido adaptándome a su estilo. También le agradecí porque me había permitido en algunos aspectos, entender mejor la lógica que ellos están usando (si de lógica puede hablarse). Eso iba a permitirme refutar sus argumentos con más precisión en mis futuras publicaciones sobre el tema. Y es esto último lo que pretendo hacer breve y anticipadamente acá.
Al lector desprevenido o sin conocimiento del hebreo o del griego, debo decirle que el trabajo de Capote puede impresionarle porque expone varios gráficos con versículos que contienen la palabra pele’ de Dan 12:6. Las columnas de esos gráficos aparecen en hebreo, griego, castellano e inglés. Pero a medida que uno avanza en sus razonamientos sobreviene el chasco. Hay palabras que oculta cuando tirarían por tierra su argumento [a veces las coloca en otro lugar irrelevante], y su análisis lingüístico no es exhaustivo. Por otro lado usa un tipo de razonamiento circular cuyo fundamento principal es su inaceptable deducción personal, ya que no la puede probar, pero la usa luego como si fuese un dogma científico comprobado. Uno termina la lectura de su estudio con la convicción de haber perdido el tiempo. Tal vez su único valor para mí, es el de permitirme responder con mayor conocimiento de causa a toda alma que pueda confundirse ante tanta ostentación de conocimiento lingüístico y verborragia.

El argumento de Capote

En lugar de preguntarle a Carlos Capote, o a cualquier otro Juan de los Palotes, qué significa la raíz pala’ (de donde vienen los pela’ot de Dan 12:7), comencemos recurriendo a los grandes diccionarios teológicos del Antiguo Testamento. “Todos los textos tienen que ver con fenómenos extraordinarios que trascienden el poder de la imaginación y del conocimiento humanos”, nos dice Conrad, en la monumental obra Theological Dictionary of the Old Testament, 535. Se trata de “un evento que a una persona, (si se lo juzga desde la perspectiva de lo acostumbrado o esperado), le resulta extraordinario, imposible, aún maravilloso”. “La maravilla, el asombro, incluye el reconocimiento de los límites del poder personal de conceptualizar y comprender. Y siendo que el evento pele’ tiene que ver con una trascendencia de expectaciones acostumbradas normales, se lo entiende predominantemente como una actividad de Dios” (R. Albertz, en Theological Lexicon of the Old Testament, II, 982).
Pues bien, tanto para Samuel Núñez como para Carlos Capote, en Dan 12:6 el ángel usa la palabra pele’ en plural (pela’ot), con el significado de “maravillas”. Tales maravillas, según estos amigos, deben referirse a la obra maravillosa del Señor de destruir al rey del norte y de resucitar a los muertos (Dan 11:45; 12:1-3). Capote se vuelve más osado todavía, cuando concluye que los pela’ot de Dan 12:6 nunca se usaron para referirse a acciones humanas y, por consiguiente, tales “maravillas” no pueden aplicarse a la obra del rey del norte (papado) por lo que hace, sino a la obra final de Dios.
“¡Cómo que no!”, le decimos a coro los cuatro historicistas del libro de Daniel que escribimos algo sobre la posición futurista de estos hermanos. “En los únicos lugares que Daniel usa esa palabra en profecía, no se refiere a algo que hizo o hace Dios, sino a la acción del cuerno pequeño (papado: 8:24), y a los dichos del rey del norte en 11:36 (siempre en referencia al papado medieval)”. [Síntesis caricaturizada entre comillas].
“¡No!”, dice Capote (y nos deja como pavotes). “En Dan 8:24 y 11:36, el ángel usa otra palabra que es nipela’ot, mientras que en 12:6 usa pela’ot”.
“¡Pero esa es la misma palabra!”—le vociferamos a coro—“es decir, posee la misma raíz y tiene un significado equivalente...”
“¡De ninguna manera!”, responde otra vez nuestro firme y seguro contendiente. “¡Son dos palabras diferentes!”, insiste. Y entonces pasa a hablar de una presunta “falacia de la raíz”, argumentando que el hecho de que la raíz sea la misma en las dos palabras, no quiere decir que necesariamente signifiquen lo mismo. Y como si fuera poco, Capote recurre a la traducción griega de la LXX que tradujo diferente Dan 11:36 y 12:6, y la pone como el árbitro final en la discusión, argumentando que para los judíos de la época, las dos palabras no eran lo mismo [recordemos, sin embargo, que la LXX vino unos tres siglos después de Daniel]. En síntesis, para Capote, pela’ot en Dan 12:6 se refiere a las maravillas divinas que destruyen al rey del norte y producen la resurrección de los muertos, no a las cosas “increíbles” (nipela’ot) que dice el rey del norte en 11:36.
Pero, ¿qué decir entonces de Dan 8:24, que habla del mismo poder terrenal impostor medieval? Los judíos que tradujeron el Antiguo Testamento al griego rindieron ese término de la misma manera que en Dan 12:6. Por consiguiente, ni por la traducción griega de los LXX, ni por el uso del término hebreo en el mismo libro de Daniel, se puede pretender un significado diferente u opuesto en esos tres versículos (Dan 8:24; 11:36; 12:6). Aquí nuestro amigo Capote revela falta de honestidad o, en el mejor de los casos, un poquito de pérdida de memoria (no quiero decir Alzheimer porque está jubilado). Porque cuando llega al momento clave de su argumentación, ignora la traducción griega de Dan 8:24 (zaumasta). También pasa por alto el apócrifo de Sirach que usa la misma palabra griega para referirse a lo que hace el rey Nabucodonosor (11:8), no Dios. ¿Sobre qué base, entonces, se nos quiere prohibir ver en el zaumasta griego de Dan 12:6, la obra del papado medieval de Dan 8:24 y 11:36? ¿A quién le van a vender el cuento de una presunta “falacia de la raíz” en el uso de estos términos?

El uso de pala’ en el Antiguo Testamento

Ninguno de los diccionarios y léxicos teológicos del Antiguo Testamento que consulté habla de una presunta “falacia de la raíz” al considerar las palabras derivadas de la raíz pala’. Conrad, en la obra ya citada, se refiere al “grupo de palabras pala’, en las que incluye también pele’ y su plural pela’ot, y a las que atribuye el mismo significado. Así también vemos que hacen los demás léxicos. Y aunque todos los eruditos reconocen que el uso mayoritario de esa raíz tiene como contexto a Dios, por tratarse de algo sobrenatural, admiten que en ocasiones, se la usa también para describir algunas cosas o acciones humanas difíciles de entender. Veamos algunos ejemplos que traen a colación los léxicos y que, ¡por supuesto!, ni Capote ni Núñez se toman el trabajo de citar.
En la forma verbal Qal encontramos varios casos en los que la raíz pala’ se usa en contextos seculares o de actividad humana. En Deut 17:8-9, por ejemplo, se mencionan situaciones legales difíciles que hacen sentir incompetentes a las autoridades locales, por lo que deciden pasarlas a una instancia superior. El caso es demasiado complicado, excede la capacidad de la corte menor para juzgarlo, y por eso se usa el verbo pala’. En 2 Sam 13:1-2 (v. 3-5), Amnón considera “demasiado difícil”, inalcanzable, el tener sexo con Tamar. Pero un hermano suyo encuentra la manera de lograrlo dándole un consejo que va más allá de lo que Amnón puede imaginar (aquí tiene el mismo significado que su uso en Gén 18:14 para referirse a un acto divino:  algo “casi imposible” o “demasiado difícil” de entender).
“En el amor de Jonatán, David experimenta algo que trasciende por lejos la experiencia humana del amor” (2 Sam 1:26; Conrad, en TDOT, 537). En Prov 30:18, se consideran cosas “demasiado sorprendentes” o “maravillosas” o “difíciles” de entender. En Deut 30:11, Dios dice que la obediencia a sus mandamientos no es “demasiado difícil” de entender o que está fuera del alcance de su pueblo. Esto implica que si el mandamiento estuviese en el cielo, o más allá del mar, podría ser “demasiado difícil” o estar más allá del alcance de los israelitas. Por tal razón algunos entienden ese término como algo inescrutable (al menos en primera instancia), y ven en su derivación arábiga y siríaca (pele’ta), con el significado de “parábola” o “enigma”, un eco de su significado original.
En la forma verbal Hifil pala’ también se refiere en algunas instancias a acciones humanas. Salomón dice:  “La casa que tengo que edificar [el templo] debe ser grande y maravillosa” (2 Crón 2:8-9). En el apócrifo de Sirac 31:9 (34:9), “una persona rica que vive virtualmente impecable y no sucumbe a las tentaciones de la riqueza, ha cumplido algo virtualmente imposible (v. 1-8). Por otro lado, han habido reyes en Israel que cometieron pecados increíbles (48:16)” (Conrad, en TDOT, pl’, 539).
También como nombre o sustantivo se ha usado la raíz pala’ en contextos humanos. Según Conrad, en TDOT, 542, entre ellas están los nipela’ot de Dan 8:24 y 11:36 (participio sustantivado). Su interpretación es interesante. En Dan 11:36 según Conrad, el rey del norte (que supone ser equivocadamente Antíoco Epífanes) “se exalta a sí mismo sobre todos los dioses y aún habla nipla’ot contra el Altísimo, es decir, contra el Dios de Israel. En otras palabras, se hace a sí mismo el único dios, y cree que tiene personalmente posibilidades ilimitadas a su disposición. Aquí nipla’ot significa también omnipotencia divina. Pero esta omnipotencia es arrogada y pervertida por un mortal y, por consiguiente, puede conducir únicamente al desastre. Lo mismo es verdad en Dan 8:24”. Y en lo que respecta a los pela’ot de Dan 12:6, Conrad cree que “tienen fundamentalmente el mismo significado” que los nipela’ot de Dan 8:24 y 11:36. Pero ve allí una dimensión mayor todavía, porque “las cosas increíbles” para los creyentes de la obra blasfema del rey del norte “no son sino precursoras de la obra final de Dios” (ibid, 544).

Divergencias entre Núñez y Capote

Por más empeño que le pone Capote al estudio del término pele’ (singular de pela’ot), indirectamente reconoce que su fundamento no es sólido, porque termina concluyendo que el contexto inmediato es el que debe dilucidar el significado de Dan 12:6. ¿Cuál es el contexto inmediato para él? El del tiempo del fin que trata acerca de la destrucción del rey del norte (11:44-45), el juicio investigador (12:1), y la resurrección de los muertos (v. 2-3). En esto coincide con Núñez, a pesar de que en esos pasajes no aparece la raíz pala’, sino en Dan 11:36, en relación con una clara alusión a la obra impostora anterior al “tiempo del fin”. Bueno, nuestro estupor no deja de manifestarse cuando, al concluir su estudio, nuestro amigo Capote termina diciendo que tanto Dan 8:24 como 11:36 entran dentro del tiempo del fin también (¡por las dudas!).
[¡Bien Carlos! ¡Eres pionero en una deducción tal! Lo único que lamento es que veo muy difícil que algún otro pueda seguirte. En Dan 8:24 el ángel intérprete le explica lo que le había revelado el Señor en la primera parte del capítulo. El ángel no le explica lo que va a ocurrir en el tiempo del fin, porque eso le sería sellado al profeta. Y con respecto a querer ubicar Dan 11:35 al 39 en el tiempo del fin que todo el mundo reconoce como comenzando en el v. 40, creo que debo responderte con la expresión irónica francesa que se usa para no perder el tiempo en algo innecesario: “le temp me manque”, con el sentido de “no tengo tiempo para eso”].
¿Qué hacer con el pasaje de Dan 12:7 que, en respuesta a la pregunta literal: “¿hasta cuándo, el fin de las cosas increíbles?”, el ángel responde: “hasta tiempo, tiempos, y la mitad de un tiempo” o 1260 días/años, en una clara referencia a Dan 7:25? ¿No es ése el contexto más inmediato? Independiente-mente de que lo reconozca o no, ese es un dilema para Samuel Núñez, porque reconoce que ese período tiene como contexto causal a Dan 7:25, claramente referido a la obra perseguidora del papado en el Medioevo. De este dilema se percató su compañero de fórmula, Carlos Capote, para quien todo se resuelve fácil. El contexto inmediato que está por encima de todo, según él, muestra que Dan 12:7 no tiene nada que ver con Dan 7:25, sino que se refiere a un evento futuro de 1260 días literales.
La divergencia en este punto entre estos dos autores futuristas es llamativa, porque se basa en dos o tres reglitas hermenéuticas curiosas y arbitrarias, ya que no se aplican a los textos en consideración. Núñez no tiene problemas en vincular el período profético de Dan 12:7 con 7:25 porque, según su reglita, el período de 1260 días no se expresa como “días”, sino como “tiempo, tiempos y la mitad de un tiempo”. Dan 12:11 y 12 usa, en cambio, la palabra “días”, lo que siempre según su reglita, no permite referirse a un símbolo de años porque contienen un número, así como los días de la creación en Gén 1. Pero, ¿acaso en Eze 4:6 no aparece un número conectado al término días, y se explica que se refiere a un símbolo de años? ¿Y qué decir de otra profecía dada a Moisés, el autor del Génesis, de 40 días y cuya proyección se da en 40 años? (Núm 14:34). ¿No distingue este amigo que Gén 1 tiene que ver con un relato histórico, y Dan 12:11-12 con una profecía apocalíptica? ¿No distingue entre lo que son dos géneros literarios distintos?
Capote ignora parcialmente esa reglita hermenéutica de Núñez, e interpone dos reglitas más. Una tiene que ver con una presunta “falacia de la raíz” con la que busca desvincular los pela’ot de Dan 12:6, de los nipela’ot de Dan 8:24 y 11:36. Su otra reglita afirma que lo que cuenta es el contexto inmediato, y esto sin importar las conexiones lingüísticas que son numerosas entre Dan 12:6-11 y Dan 11:31 al 36. ¿Por qué? De nuevo, porque esos pasajes están más lejos de Dan 12:6, así como Dan 7:25 está lejos de Dan 12:7. Debe, por consiguiente, tratarse de dos cosas distintas.
¿Vieron qué fácil? De un plumazo, de un rayón, de un patacón se saldó el problema. A diferencia de Dan 7:25 que habla del período de 1260 años de opresión medieval, Dan 12:7 debe cumplirse en el futuro en términos de días literales porque está pegado a Dan 12:6, y éste, a su vez, está más cerca de los eventos finales de Dan 11:44-12:4. En otras palabras, mientras que en Dan 7:25 ese período de 1260 días serían simbólicos representando años, en 12:7 serían días literales que se cumplirían en el fin del mundo.
Pero, ¿quién dijo que el profeta o el ángel intérprete no podía referirle algo que ya le había revelado en una visión anterior? Carlos Capote, y sólo él. ¡Bravo! En algo hay que marcar la diferencia en esta vida… Aunque yo diría como dicen los franceses, en su otra típica expresión irónica:  la logique m’echape (“se me escapa la lógica”). [Don Carlos me escribió diciendo que su trabajo sobre Dan 12:6 y el término pele’, corresponde a un capítulo que está preparando para una tesis doctoral. A lo que yo le respondí que ninguna universidad seria se lo va a aceptar, salvo alguna de esas que ofrecen por internet tres títulos por un peso].
Al hablar del “tiempo durante el cual el poder papal iba a oprimir al pueblo de Dios”, E. de White dijo lo siguiente. “Este período, así como se lo establece en los capítulos precedentes, comenzó con la supremacía del papado en el año 538, y terminó en 1798” (GC, 439). Vemos acá que, para E. de White, no se requiere desprenderse necesariamente del contexto causal de “los capítulos precedentes” de una profecía para imponer un contexto inmediato en su lugar. Eso es tan válido para sus escritos como para la Biblia. En la misma página escribió también:  “Esta profecía (de Apoc 13), que es prácticamente idéntica a la descripción del cuerno pequeño de Dan 7, señala inconfundiblemente al papado” (GC, 439), que está a cientos de años del Apocalipsis y a muchos libros antes de la Biblia.

En esencia, ¿a qué se refiere pele’ en Dan 12:6?

El significado de un término no se decide o restringe por sufragio de votos o porcentaje de su uso en la Biblia. Siendo que pala’ o pele’ expresan la admiración humana ante lo sobrenatural o lo que está más allá de la comprensión humana, es normal que se use esa raíz mayormente para hablar de las cosas que dice y hace Dios, y que despiertan la alabanza de su pueblo. Y como en la Biblia no se engrandece la obra del diablo, ni de los seres humanos, es normal también que las cosas incomprensibles y hasta sobrenaturales que hacen algunos seres humanos con la ayuda del gran enemigo de Dios y los hombres, no aparezcan muy representadas en la raíz pala’. Aún así, cuando el revelador debe desenmascarar al usurpador e impostor, [cuya obra se define como el “misterio de la iniquidad” (2 Tes 2:7), en contraste con la obra de Dios como el “misterio de la piedad” (1 Tim 3:16)], declara que sus actos producen asombro en los que los contemplan. Debemos recordar que es el dragón quien le da al papado “su poder… y gran autoridad” (Apoc 13:3), y es mediante su poder que hace prodigios y todo tipo de milagros engañosos (2 Tes 2:9-12).
“La propia Iglesia medieval era percibida como una ‘vasta reserva de poder mágico’… Prácticamente cualquier objeto relacionado con el ritual eclesiástico podía asumir un aura especial a ojos del pueblo” (E. Burman, Los Secretos de la Inquisición. Historia y legado del Santo Oficio, desde Inocencio III a Juan Pablo II (Colección Enigmas del Cristianismo, Ed., Barcelona, 1988), 116). Eso es lo que vemos en Dan 8:24 y 11:36. El profeta se espanta por lo que dice y hace el papado romano, razón por la cual su interés mayor se da en conocer cuándo terminaría tanta soberbia impostora e incomprensible (véase Dan 7:19-20).
Así, cuando el ángel pregunta:  “¿Hasta cuándo el fin de las cosas incomprensibles [o increíbles o inescrutables]?”, se está refiriendo simple y llanamente a los pela’ot o palabras y hechos sorprendentes del papado romano que causarían tanto estrago durante la Edad Media (Dan 12:6; cf. 11:36). El ángel responde, entonces, que ese fin vendría al concluirse los 1260 años, cuando la opresión del pueblo santo llegase a su fin (Dan 12:7; cf. 7:25). Y cuando vuelve a preguntar Daniel, “¿cuál será el resultado de todo esto?”, el ángel le responde de nuevo que lo que tiene que ver con el tiempo del fin está sellado, reservado para su comprensión en el futuro. Pero en lo que respecta a la pregunta inicial, que tiene que ver con el fin de los pela’ot del papado romano medieval, eso se cumplirá al fin de los 1290 días/años (Dan 12:11). Feliz el que llegase al final de los 1335 años, época en que se iba a esperar el fin mismo, pero que daría comienzo al juicio que tiene como propósito vindicar a los santos oprimidos por ese poder blasfemo e impostor (Dan 12:12).
Por el Apocalipsis entendemos mejor que el papado tendría una corta resurrección en el tiempo del fin (Apoc 13:3-4), algo que se perfila ya en Dan 11:40-45, pero que terminaría en fracaso porque el Señor intervendría. Ese aspecto no se le explicó a Daniel (Dan 12:9). Muchos serían limpiados y emblanquecidos por el fuego de la persecución, y los sabios entenderían (Dan 12:10). Eso no se limita a la Edad Media (Dan 11:32-34). El crecimiento sería paulatino y se extendería especialmente al tiempo del fin, cuando las profecías relativas a ese tiempo fuesen deselladas. Sería entonces cuando Daniel, a través de los que asumieran su testimonio, se levantaría otra vez en el puesto que Dios le asignaba con su mensaje profético para el “tiempo del fin” (Dan 12:13).
El hecho de que la raíz pala’ se de con una terminación plural femenina en las tres ocurrencias del mensaje profético de Daniel (‘ot), aún en Dan 12:6 en el que el nombre es masculino, no deja de ser significativo. [En hebreo, algunos nombres masculinos adquieren en raras ocasiones la terminación plural femenina, y viceversa. Véase por ejemplo nashim, en Dan 11:37, para referirse a “mujeres”. En Qumran, la raíz pele’ se usa también con un plural masculino: pela’im]. La revelación divina es clara. En los tres casos se trata de lo mismo. Así como en francés tienen dos términos para referirse a una sola palabra que tenemos en castellano y que es “año”, que transliterado al idioma de Cervantes sería “año” y “aña” [“an” y “année”]; así también los dos sustantivos hebreos, nipela’ot y pela’ot, se refieren a lo mismo que, en castellano, es la misma palabra: “cosas asombrosas” o “increíbles”. Las obras y declaraciones blasfemas del papado romano dejan asombrados a los que las contemplan tanto en el cielo como en la tierra. Ese sentido de admiración abrumadora se ve reforzado por la siguiente expresión.

3. La expresión siqqus somem (“abominación asoladora”)

Otro intento de salir a flote en el elenco futurista apadrinado por Samuel Núñez, se ve en un trabajo recientemente preparado por un médico joven llamado Hugo León, de Chico, California. No es un estudio de la Biblia, sino de los escritos de E. de White, y eso tiene su valor dentro de los límites que un trabajo tal puede ofrecer. Se trata del domingo en el libro de Daniel, a la luz de lo que escribió E. de White. Si esa fuera su única intención, el trabajo podría ser encomiable. Pero cuando uno lee esa colección de citas, encuentra que se las usa para interpretar la Biblia, cuando el procedimiento debiera ser inverso. Y lo que es peor, el cuadro ofrecido es selectivo. De manera que se reduce la proyección del texto bíblico a una aplicación unilateralmente escogida del Espíritu de Profecía. Por tal razón me siento más seguro cuando leo primero un estudio serio de lo que dice la Biblia, porque hasta entiendo mejor después lo que E. de White escribió. En efecto, muchas veces se malinterpretan los escritos de E. de White por no buscar estudiar primero bien lo que dice la Biblia.
El estudio de Hugo León esconde un nuevo intento de vincular siqqus somem (“abominación asoladora”) a la imposición dominical en la conclusión del tiempo del fin. De allí que hace un uso selectivo de las citas de E. de White. Sumado a eso, cuando don Hugo intenta al final, identificar el domingo con la abominación asoladora, da un salto tan grande que otros, con una lógica más rigurosa, no podemos seguirlo. Siendo que su intención es desembocar en una proyección futurista de Dan 12:11, su trabajo se vuelve tendencioso. Y aunque esté bien restringir a veces el objetivo de una investigación, el problema aparece cuando se llega al punto álgido, y se erra el blanco.
Digamos de entrada que no hay base alguna ni en la Biblia ni en los escritos de E. de White para identificar la imposición del día domingo como día de reposo con la “abominación asoladora” de la que habló el profeta Daniel. Lo más que podemos admitir es que el cambio del día de reposo fue un factor importante en la obra abominable del papado romano medieval, junto a otros aspectos que enmarcan una dimensión mucho más grande de lo que comprende “la abominación asoladora”. En efecto, el vino abominable de Babilonia es mucho más que eso. Todo el sistema papal (que se sostiene por un conglomerado doctrinario falso producido por la gran apostasía de la iglesia cristiana), es “la abominación asoladora” de la que habló el profeta Daniel. La abominación asoladora no vendría en reemplazo del sábado, sino en reemplazo del ministerio sacerdotal del “Príncipe del ejército” o “Príncipe de los príncipes” (Dan 8:11,25; 11:31). Por consiguiente, esa abominación asoladora tendría que ver con la imposición de un sistema idolátrico de adoración a seres humanos que se interponen entre los creyentes y Cristo, el único Sumo Sacerdote de esta dispensación (1 Tim 2:5). La tal adoración abominable y espantosa de la iglesia a seres humanos se encarna y resume en la ministración sacerdotal impostora del papado romano.
De manera que para entender los escritos de E. de White, (además de requerirse un estudio más abierto y abarcante de sus declaraciones que falta en todas estas propuestas futuristas), se requiere depender más de la Biblia. No podemos tomar algunas citas o pasajes bíblicos y/o de E. de White, dejando de lado otras citas y textos sagrados, que traen el equilibrio y ponen el tema bajo consideración en su correcta perspectiva. No se puede avanzar con gente que mira para un lado y se niega a ver el otro, porque cuando estos hermanos futuristas no pueden responder un punto, saltan al otro, y luego al otro, en un círculo vicioso del que no pueden despegarse. Así no puede haber avance ni diálogo posible, y lo que queda es la testificación.
El problema de Hugo León tiene como trasfondo su futurismo sobre las fechas proféticas. Procura abrir un espacio para que los 1290 días se cumplan literalmente en el futuro, y en relación con la ley dominical. Su esfuerzo para representar el domingo como la abominación asoladora aborta, sin embargo, por el hecho de que no hay ninguna cita de E. de White que lo diga, ni tampoco lo dice la Biblia. Nadie niega la importancia de la imposición de un falso día de reposo al final del mundo, pero hay que ser más cuidadoso al buscar identificar esa imposición con la expresión “abominación asoladora” de Daniel, y el lugar que esa “abominación asoladora” ocupa en la historia profética.
¿Por qué trata esta gente de identificar el domingo como siendo la abominación asoladora de Daniel? ¿Cuál es el propósito de ocultar la abominación asoladora del papado en la imposición del domingo como día de reposo? Porque aunque citan los escritos de E. de White que mencionan la exaltación del papado a través del domingo, es notorio que argumentan que no se dio una ley sobre el domingo en el año 508 cuando debía comenzar la profecía de los 1290 años. De esta forma pretenden que esa profecía debía cumplirse en el futuro. En otras palabras, exaltan el domingo por encima del papado, y no es así, sino que el papado se exalta a sí mismo a través del domingo y—que quede bien claro de entrada—a través de todo su arsenal doctrinario falsificado. Estas teorías futuristas no sólo esconden el hecho de que la abominación asoladora no es el domingo, sino que también piensan que pueden demostrar que esa profecía no se cumplió en el pasado. La situación cambia cuando reconocemos con los reformadores protestantes que la abominación asoladora de la que habla la Biblia es la adoración del papado que suplanta en la tierra a Cristo en su sacerdocio celestial (Dan 8:11; 11:31).

El domingo en el libro de Daniel

Don Hugo ve en cada visión de Daniel el domingo. En Dan 7:25 ve correctamente el intento del papado de cambiar la ley de Dios en relación con el factor tiempo. Agrego aquí que algunos hemos visto también en ese pasaje, la proyección de las fiestas paganizadas de la Iglesia Católica que revertió el calendario profético de Daniel y Apocalipsis. Las fiestas católicas se vuelcan a la inauguración de la dispensación cristiana (Semana Santa, Pentecostés), y vierten conceptos paganos (Día de todos los muertos, ascensión de María, Navidad, etc). Ninguna de esas celebraciones apunta a las fiestas de otoño que Dios estableció, con su anuncio del juicio y la venida del Señor. Así trastocaron el orden divino preanunciado mediante las fiestas judías. Esto sin negar que el mensaje de Dan 7:25 tiene que ver más directamente con el cambio de la ley de Dios en lo que respecta al tiempo.
En Dan 8:12 nuestro hermano León encuentra igualmente una cita de E. de White en la que conecta la verdad que fue arrojada por tierra con el cambio del sábado al domingo. El papado “arrojó por tierra la verdad”. “La ley de Dios fue pisoteada en el polvo”, y “las iglesias que estaban bajo el gobierno del papado fueron compelidas a honrar el domingo como un día santo” (GC 65). Pero como veremos luego, limitamos la proyección de Dan 8:12 cuando hablamos únicamente del sábado. Hay toda una cadena de verdad que fue arrojada por tierra por el papado romano, que no se restringe al sábado.
En Dan 11:36 y 37 Hugo León encuentra también términos familiares a los que usa E. de White para describir el papado y su imposición medieval del domingo. Esos términos son la blasfemia de exaltar un falso día de reposo. “A través de mi vicegerente voy a exaltarme a mi mismo” (dice el diablo). Mediante la no observancia del sábado que Dios instituyó, haré que se desprecie su ley” (4 BC, 1171). Pero si prestamos atención, quien será en verdad exaltado será Satanás mismo a través del pontífice romano. “Los que acepten el falso sábado exaltarán al hombre de pecado” (7 BC 910).
Una aplicación semejante de los términos encontrados en Dan 8:38 y 39  en relación con el domingo, encuentra don Hugo en otros escritos de E. de White. Toma la expresión “dios que sus padres no conocieron” y “dios extraño” para darle el sentido de “ídolo”, aunque en esos pasajes de Daniel no aparezca la palabra “abominación” ni “ídolo”. El texto dice que el papado no tendrá en cuenta ningún dios, ni al dios de sus padres, y que honrará al impostor con toda piedra preciosa. Y aunque se puede aplicar la figura de un ídolo al domingo, como lo hace E. de White varias veces, no podemos quedarnos allí. La Iglesia Católica está llena de idolatrías de santos y vírgenes, y se adorna con todo tipo de piedras preciosas (véase Apoc 17:4). Requiere también de la gente que se postre ante el mismo papa como si fuera un dios, y aún ante los sacerdotes en el confesionario para pedirles el perdón divino, en lugar de hacerlo directamente ante el Sumo Sacerdote de esta dispensación, Cristo Jesús, el único que puede otorgar el perdón de los pecados (1 Rey 8:39; Mar 2:7; 1 Tim 2:5). De manera que en las citas de E. de White traídas a colación por nuestro hermano futurista, la adoración en sí tiene que ver con la institución del papado a través del día que instituyó, y a través de todo otro embuste que haya juntado para engrandecerse a sí mismo.
Permítasenos compartir de entre las citas que nos trae Hugo León, la que nos parece más directamente relacionada con Dan 8:38 y 39.
“Al cambiar el cuarto precepto de la ley de Dios, el poder papal pensó ser capaz de exaltarse a sí mismo sobre todo lo que se llama Dios o es adorado. Esta era precisamente la obra que la profecía predijo que sería llevada a cabo por este poder. Al pisotear el cuarto mandamiento, se quebranta el primer mandamiento. Su idolatría es similar a la de Israel cuando substituyó un dios que sus propias manos habían hecho, por el Dios verdadero y viviente…; porque cuando los católicos substituyen un sábado de su propia manufactura al que Dios mandó, ellos también adoran lo que sus propias manos han hecho, y siguen el ejemplo de los paganos que adoraron al sol en el primer día de la semana” (ST, Nov 19, 1894).
Prestemos atención de nuevo al hecho de que es el papado el que se exalta a sí mismo a través de un falso día de reposo al que, por supuesto, exalta también, de tal manera que todos reconozcan su autoridad por encima de la de Dios. De entre las muchas citas que podemos mencionar, basta con mencionar aquí las siguientes.
El papado recibirá homenaje en el honor dado a la institución del domingo” (DD, 27). “La puesta en vigencia de la observancia del domingo por parte de las iglesias protestantes es una puesta en vigencia de la adoración del papado—de la bestia” (GC88, 448). “El hombre de pecado se exaltó a sí mismo contra Dios, sentándose en el templo de Dios, y mostrándose a sí mismo como Dios” (7 BC, 911).
La aplicación de E. de White de Dan 11:38-39 al domingo es muy buena. Pero ella no usa la palabra “abominación desoladora” en esa aplicación, ni la usan tampoco esos versículos de Daniel. Y al prestar atención al collar de un perro, será mejor que no nos olvidemos del perro. Es el papado, su adoración, lo que se destaca por encima de toda otra cosa. Consideremos seguidamente si todo lo que la profecía proyectó al papado medieval se va a repetir, o solo algunos aspectos que recobrarían nueva fuerza en la crisis final.

Lo que se repite es “mucho” de la historia, no la profecía

Otro error de Hugo León es pretender que E. de White proyectó el quitamiento del “servicio continuo” y la imposición de la “abominación asoladora” al final de la historia de este mundo. Ella nunca hizo eso. Ella ubica la imposición del domingo en la Edad Media “entre las causas principales” de la apostasía papal (CS, 70), pero no como la única o la principal. Menciona el cambio del sábado al domingo “entre los errores” que prevalecieron entonces (CS, 70). Volveremos más adelante sobre este punto. Pero convengamos acá en que si E. de White enfatiza en muchas citas el cambio del día de reposo y lo proyecta para el final, es porque toma de la Edad Media lo que pueda arrojar luz sobre la crisis final que nos espera. Ese fue el propósito del libro El Conflicto de los Siglos según ella misma lo expresó:
El propósito de este libro no consiste tanto en presentar nuevas verdades relativas a las luchas de pasadas edades como en hacer resaltar hechos y principios que tienen relación con acontecimientos futuros” (CS, 14-15).
Por esa razón ella parafrasea a veces pasajes proféticos que se cumplieron en el pasado, para describir lo que va a tener lugar al final del conflicto. Pero no porque esas profecías ya cumplidas debían volverse a cumplir, sino porque algunos aspectos anticipados por Dios para aquella época, arrojan luz sobre lo que va a ocurrir al final.
Enfaticemos lo que vez tras vez se ha estado afirmando en el BRI, según lo escuché ya en 1985, cuando por primera vez asistí a una de sus reuniones en Newbold College, Inglaterra. E. de White nunca dijo que las profecías del pasado deben repetirse al final. Es una lástima que Samuel Núñez procure ahora, por todos los medios, desacreditar al BRI para mantener obstinadamente su error. Pero esa gente está ahí, nombrada por la Asoc. General, por alguna razón. Y en este caso en particular, desde que fue fundado, el BRI fue consistente. Lo que se repite en “el tiempo del fin” (Dan 11:40-45), es gran parte de la historia que la precedió y que fue profetizada, entre otros pasajes, en Dan 11:30-39. Por tal razón, nuestro amigo Hugo se equivoca cuando quiere decir que el tamid de Dan 11:31 debía repetirse. ¿Dónde está la cita? ¿Dónde está el texto bíblico? El tamid o “servicio diario” antitípico en el lugar santo del templo del nuevo pacto se terminó en 1844 (según ya vimos). Es un error aplicarlo a una obra en el futuro que buscaría ser contrahecha. Lo que va a intentar hacerse en el futuro es dejarse nula la ley de Dios al quitarse el sábado, y eso no es el quitamiento del tamid. Nunca E. de White identificó el “servicio regular” del santuario con el sábado, ni proyectó su quitamiento para el tiempo del fin.
Impresiona ver cómo se toma Hugo León el atrevimiento de agregar varias veces, entre paréntesis, la palabra “abominación” referida al domingo en las citas de E. de White. Lamenta tanto que no aparezca esa palabra en sus escritos, que no puede contenerse en su deseo e intención de suplirla. Podrá deslumbrar a algunos lectores desprevenidos con sus conclusiones, pero para los que queremos un así dice el Señor, no podemos aceptar tal manipulación de citas que él hace. Cuando ella cita Dan 11:30-36, por ejemplo, lo hace después de afirmar que “mucho de la historia que tuvo lugar en cumplimiento de esta profecía se repetirá” (13 MR, 394). No está diciendo que todo lo que sucedió en el pasado y se profetizó en esos pasajes se va a repetir. Dice “mucho de la historia”, y cita esos pasajes para que se estudie el carácter del papado en esa época, la medieval. Ya que no es la profecía la que debía repetirse, sino mucho de la historia que cumplió la profecía anunciada para ese pasado.
La cita que dice que “mucho de la historia… se repetirá…” prueba, más bien, que ella entendió que Dan 11:30-39 se cumplió en el pasado, y que en los eventos finales el papado recobrará en un buen número de detalles el poder político que ostentó en el Medioevo, para recibir el castigo final de Dios. De manera que nadie puede con justicia tomarse el atrevimiento que Hugo se toma, de agregar el quitamiento del servicio diario del sacerdocio (tamid) como algo que debía cumplirse al final. “Escenas similares tendrán lugar”, declaró E. de White en la misma cita en la que dice que “mucho de la historia… se repetirá”. Se trata de escenas similares a muchas cosas que ocurrieron en el pasado, no necesariamente escenas iguales. Y en lo que respecta al final, encontramos que el papado logrará el reconocimiento de dos aspectos que tendrá en común con las demás iglesias. Ellos son el domingo y la inmortalidad del alma. A través de esos dos “puntos en común”, logrará ensalzarse otra vez sobre la humanidad (CS, 645).
Tampoco dijo E. de White que la profecía se va a repetir en relación con el cambio del sábado al domingo sino, de nuevo, que:
la historia se repetirá. En esta época la prueba será sobre la observancia del sábado. La misma mente magistral que complotó contra los fieles en las épocas pasadas, está ahora trabajando para ganar el control de las iglesias caídas, para que a través de ellas, pueda condenar y matar a todo el que no adore el ídolo sabático” (domingo) (ST, 2-22-10, 9).
Esto nos muestra que el sábado fue un ídolo en la Edad Media, y que al proyectarse su reimposición en el futuro, el diablo va a hacer que la historia se repita.
Si el lector quiere saber cuáles son los medios que se emplearán en la contienda por venir, no tiene más que leer la descripción de los que Roma empleó con el mismo fin en siglos pasados. Si desea saber cómo los papistas unidos a los protestantes procederán con los que rechacen sus dogmas, considere el espíritu que Roma manifestó contra el sábado y sus defensores” (CS, 630).
En otras palabras, la base de la abominación que Daniel enmarcó en 1260 y 1290 años, está en lo que ocurrió en la Edad Media. Desde esa plataforma de abominación el diablo haría un último intento de ser adorado por toda la tierra a través del papado (Apoc 13:4), el que todavía le rinde cuantiosos réditos para engañar al mundo. Pero ese intento remataría en un fracaso rotundo, porque esta vez no podrá vencer a los santos del Altísimo. La corte celestial fallará en su contra (Dan 7:22,26-27), y el Señor vendrá a rescatar a su pueblo (Apoc 17:14), y destruir este mundo de maldad (Apoc 19:19-21).
El hecho de que estemos insistiendo en que no es la profecía la que debe repetirse, sino la historia que cumplió lo profetizado durante la Edad Media, no quiere decir que no hay profecías que demuestren que la crisis final se centrará en la imposición del domingo. Sobre ese hecho se expresó más el Apocalipsis mediante la descripción de la imposición de la marca de la bestia (Apoc 13:15-18), en contraposición al sello de Dios (Apoc 14:1). Lo que tenemos que resaltar es que, cuando ella citó las profecías que destacaron la abominación papal medieval, como en Daniel, no pretendió que esas profecías volverían a cumplirse, sino que ciertos hechos históricos que las cumplieron iban a servir de ilustración para prevenir a su iglesia acerca de la naturaleza de la crisis final.
Por más importancia que tenga el domingo en la época final, E. de White nunca refirió la imposición de la “abominación espantosa” a la imposición final de la ley dominical. El Dr. Gehrard Pfandl respondió ya a estos futuristas que así como los estandartes idolátricos romanos frente a Jerusalén, fueron una señal que tuvieron los cristianos para escapar de Jerusalén en el primer siglo; así también la imposición del domingo iba a servir de señal para el remanente de que el momento había llegado para abandonar las ciudades. Las dos señales no son lo mismo, y E. de White no aplicó el término “abominación desoladora” cuando hizo la comparación (5 T, 464-5; 2 JT, 155-6). Aunque en el libro Conflicto de los Siglos, ella declara que los estandartes romanos idólatras sobre la antigua Jerusalén cumplieron con la profecía de “la abominación asoladora” de la que habló Daniel y anunció Jesús (CS, 29). Nuevamente, no hay cita de E. de White que aplique la abominación asoladora a la ley dominical.
La Biblia compara también lo que ocurrió en relación con la destrucción de Jerusalén, con lo que iba a ocurrir durante el papado medieval. Jerusalén sería hollada o pisoteada por 42 meses de años o 1260 días-años (véase Apoc 11:2-3). Así como los cristianos del primer siglo huyeron de la antigua Jerusalén cuando vieron la abominación idólatra de los estandartes romanos (eran muchos), así también los verdaderos seguidores del Cordero iban a tener que huir a los lugares más apartados (“el desierto”), cuando el anticristo romano se sentase en medio del templo espiritual de Dios que es la iglesia (Apoc 12:6,14). Ese templo espiritual está en la Jerusalén celestial que, en esta dispensación, revela una conexión espiritual con la iglesia militante (Gál 4:26).
“En el capítulo 24 de Mateo, en contestación a la pregunta de sus discípulos respecto a la señal de su venida y del fin del mundo, Cristo había anunciado algunos de los acontecimientos más importantes de la historia del mundo y de la iglesia desde su primer advenimiento hasta su segundo; a saber, la destrucción de Jerusalén, la gran tribulación de la iglesia bajo las persecuciones paganas y papales, el oscurecimiento del sol y de la luna, y la caída de las estrellas” (CS, 444).
Aquí la señal de su venida tiene que ver con la terminación de la gran tribulación papal (véase Mat 24:21,29), y las señales estelares que la siguen (Mat 24:29; Luc 21:25: “señales en el sol, la luna y las estrellas”). Junto con eso están todas las otras señales que dio del fin y que Pablo y Juan ampliaron, incluso la marca de la bestia, tan importante para nosotros hoy. La última señal será la de la nube que envuelve al Salvador en su venida. “El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del Hombre” (CS, 698; cf. Mat 24:30). Si bien las palabras proféticas de Jesús sobre el Monte de los Olivos “no fueron entendidas plenamente entonces…, su significado iba a aclararse a medida que su pueblo necesitase la instrucción contenida en esas palabras” (CS, 28).
Todo esto nos advierte contra el peligro de restringir la profecía de Daniel a un solo aspecto. Será útil, por consiguiente, ampliar más la proyección profética de Daniel, y así evitar proyectar un cuadro unilateral con propósitos particulares que, a la postre, empobrecen y dislocan el mensaje profético de la Biblia.

La proyección de “la abominación asoladora” es mucho más abarcante

Se necesita una comprensión más amplia de lo que es la abominación asoladora. Hay muchas cosas de las que habla la Biblia que son abominación, y lo mismo podemos decir de la “copa de oro llena de abominaciones” que posee la Iglesia Católica Romana (Apoc 17:4-5). ¿Son todas las “abominaciones” del papado romano la “abominación asoladora” de la que habló Daniel? ¿O se trata de la institución del papado mismo, que se apoya sobre todas esas abominaciones? Recordemos, además, que en el Antiguo Testamento hay más de una palabra hebrea que se usa para referirse al término que en castellano damos de “abominación”. ¿Será que todas las veces que usó E. de White esa palabra en inglés tuvo la misma aplicación y, por consiguiente, debe meterse esas distintas expresiones en una misma bolsa con “la abominación asoladora” de las profecías de Daniel? Daniel no lo hace, ni tampoco E. de White.
Antes de considerar lo que entendieron los reformadores protestantes sobre la “abominación asoladora”, y otras citas de E. de White que nos amplían el panorama, convendrá repasar, aunque sea brevemente, lo que dice la Biblia sobre ese término. Para ello no estará de más referir otros términos hebreos que se traducen a menudo por la misma palabra, “abominación”. Luego podremos preguntarnos más definidamente qué es “la abominación asoladora”, cómo se proyecta en Dan 9:27; 11:31 y 12:11, y aún en la expresión semejante de Dan 8:13 (“rebelión asoladora”).

Términos hebreos

1) Siqqus. En mi libro The Day of Atonement and the Heavenly Judgment, 339ss, considero en detalle el tema de la abominación asoladora de la cual habló el profeta Daniel. Digamos, para simplificar, que la palabra siqqus aparece 44 veces en la Biblia, conectada a menudo con los actos apóstatas e idolátricos de Israel en su condición espiritual más degradada (2 Crón 23:24). Entre ellos están la adoración de esculturas o ídolos (Deut 7:26; 1 Rey 11:5,7; 2 Rey 23:13; Eze 20:7-8), el comer animales impuros (Lev 11:11,13,43) o presentar sacrificios de paz sin purificarse antes (Lev 7:21; 1 Rey 11:5). No de balde la asociación de la misa romana en la Edad Media, que hasta hoy considera la Iglesia Católica Romana como estando indisolublemente ligada al domingo, fue considerada por algunos protestantes como la abominación de la que habló Daniel. Se trata de la suplantación del sacrificio de Cristo y de su sacerdocio. Y aunque esa abominación se estuvo dando ya antes del año 508 y 538, adquirió autoridad legal al instituirse oficialmente sobre el cristianismo al gran impostor que iba a imponer su mediación sobre tal blasfemia.
Los que veneraron todas las abominaciones que fueron muchas en el pasado, fueron condenados (Eze 11:21). Tales abominaciones contaminaron el santuario y profanaron el nombre de Dios (Eze 5:11; 30:30-31; cf. Lev 20:3). En Eze 37:23 el profeta usa en paralelo los dos términos de Daniel, “rebeliones” y “abominaciones”, amén de los ídolos que los llevaron a la perdición.

2) To‘ebah [raíz ta‘ab], pasil, gilulim y terapim. La palabra to‘ebah se la emplea también para referirse a algo abominable, detestable. A menudo se refiere a los ídolos de los dioses paganos (Deut 13:15; 17:4; 32:16; 1 Rey 14:24; Isa 44:19; Jer 2:7; 32:35; 44:4; Eze 14:6, etc). En Deut 7:25 se la usa directamente en conexión con pasil, “ídolo” (véase 2 Rey 17:41). Siendo que las más de las veces se traduce to‘ebah como “abominación”, no debía extrañarnos encontrar en los escritos de E. de White ese término moderno en el contexto de to‘ebah, y no necesariamente en referencia a siqqus.
Asimismo los términos pasil, gilulim y terapim son los más comunes para referirse a “ídolos”. Gilulim aparece 47 veces en el AT (1 Rey 15:12). A veces se lo emplea en conexión con ta‘ab (1 Rey 21:26; Eze 16:36), y siqqusim (Eze 20:8). Se refiere por ese término a los ídolos de Egipto (Eze 30:13), y en general, a los ídolos de todas “las naciones” (2 Rey 17:12). Se usa el término en contextos de adoración (2 Rey 21:21). Terapim se lo usa para referirse a los ídolos de Labán (Gén 31:19), de Mical (1 Sam 19:13), del rey de Babilonia (Eze 21:21[26]), etc. De manera que cuando E. de White se refirió al domingo como un ídolo, no podemos afirmar que se hubiese referido necesariamente a la palabra “abominación [siqqus] asoladora” de la que habló el profeta Daniel, una expresión compuesta por dos palabras que tiene un contexto especial. Parece, en efecto, ni haber estado pensando en el término “abominación asoladora”.
También se usa to‘ebah para referirse a las relaciones homosexuales (Lev 18:22), a comer animales inmundos (Deut 14:3), a costumbres abominables de las naciones (1 Rey 14:24), etc. Hay toda una gama de palabras que se usan para referirse a ídolos, dioses ajenos, abominaciones y otras cosas detestables para Dios. Lo mismo encontramos en los escritos de E. de White, como veremos luego.

3) Somem. La palabra clave que en Daniel acompaña a pesa’ (“rebelión”) y siqqus (“abominación”), es somem. Se trata, pues, de una abominación especial, porque produce “horror” y causa “desolación”. Si se aplica a lugares, tiene que ver con su desolación (de templos y ciudades por ejemplo: Lev 26:31). Si se aplica a personas, refleja el estupor horroroso o espantoso de aquel que contempla el hecho (Dan 8:27). Esdras se angustia en extremo u horroriza, queda consternado, porque su pueblo estaba perdiendo su identidad, casándose con paganos, atrayendo sobre sí los juicios de Dios cuando apenas estaban pudiendo volver a su tierra luego de haber sido tan grandemente castigados por el mismo pecado (Esd 9:3; véase 1 Rey 11). El hecho de que Daniel queda también consternado luego de la visión de la “rebelión asoladora” (Dan 8:27; cf. v. 13), muestra que su preocupación mayor (Dan 12:6) estaba en saber cuándo terminaría esa “rebelión horrorosa” (pesha’ sommem) del cuerno pequeño (véase Dan 7:20-21), que dice y hace nipela’ot (“cosas increíbles”: Dan 8:24). De manera que el uso de siqqus somem en Daniel puede implicar la desolación que produce el anticristo romano en la verdadera iglesia (el remanente), así como el espanto incomprensible que causa en los que contemplan su osada blasfemia.
Vamos al Nuevo Testamento y vemos confirmado que “el inicuo”, “el hombre de pecado” del que se refirió Daniel, “se sienta en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios” (2 Tes 2:3-4), es decir, se sienta en medio de la iglesia cristiana (1 Cor 3:16). Es el dragón quien le da no sólo autoridad y preeminencia, sino también exige su adoración (Apoc 13:3-4). En otras palabras, el poder así representado (el papado) y la iglesia romana sobre la que ejerce su poder, posee “una copa llena de las abominaciones e inmundicias de su fornicación” idólatra (Apoc 17:4; véase 2 Crón 15:8).
La adoración al papado que se impone en medio de la iglesia, y el otorgamiento de su autoridad, están íntimamente ligados y enmarcados en las profecías de los 1260 y 1290 días/años. Los 1290, además de los 1260 días/años reflejarían, en términos redondos de la profecía, un año con un mes bisiesto (véase A. R. Treiyer, La cronología profética más extraordinaria (en mi página electrónica: www.tagnet.org/distinctivemessages ). Siendo que en tres años debía haber un mes bisiesto (un segundo mes de Adar), Dios evitó que comenzase a especularse sobre cuántos días iban a tener que contarse, si 365 días y fracción como en el cálculo astronómico que tenemos hoy, si en base a un calendario lunar, o aún de un año lunar combinado con el solar mediante un mes adicional en uno de los tres años. Por eso vemos en la Biblia el uso de 1260 y 1290 días referidos, esencialmente, a lo mismo. Al enmarcar los días en forma definida y en números redondos, Dios evitó que su pueblo especulase con fracciones menores adicionales o de menos.

Uso de la palabra abominación por E. de White

Así como las diferentes palabras que encontramos en la Biblia se refieren a muchas cosas por la palabra abominación, así también encontramos que E. de White aplicó ese término a un buen número de cosas. La variedad de aplicaciones que hizo la sierva del Señor de la palabra abominación, podrá ayudarnos a evitar hacer asociaciones muy rápidas entre lo que la Biblia refirió por abominación asoladora en Daniel, y lo que E. de White tuvo en mente al considerar las cosas abominables que los seres humanos y, en especial el papado, hacen a la vista de Dios. Como podrá verse, la lista rápida que preparé puede servir de reflexión personal, ya que todos tenemos las mismas pasiones humanas que tuvo incluso el profeta Elías (Sant 5:17).

Dentro de la copa de abominación o copa de abominaciones de Babilonia, E. de White incluyó la teoría de los tormentos eternos, las falsas doctrinas, el domingo, el apartarse de los mandamientos de Dios (Apoc 17:4), etc. (CS, 591; RH, 4-15-90, 12; ST, 11.14-95, 9).
Abominación es la obediencia a mandamientos de hombres en lugar de los de Dios (ST, 9-24-94, 4).
La idolatría prohibida en el primero y segundo mandamientos (1 SP 236).
Ritos de prostitución en violación al séptimo mandamiento como parte de la adoración cananea (PP, 337).
Labios mentirosos (Apoc 21:27) (AA, 75).
Fraude en transacciones de negocios (basado en Os 12:7) (3 BC 1160; 3 BC, 1158), y toda injusticia (Isa 61:8; Deut 25:14-16 (7 T, 179).
Tendencia en mujeres y hombres a vestirse como el sexo opuesto (CG, 427);  2 SM 477 (basado en Deut 22:5).
Vicio de abuso propio hasta quedar arruinado (CG, 452).
Participación en formas exteriores de adoración o servicio a Dios con corazón dividido (Counsel Stewardship,  217).
Ayuno u oración con espíritu de justicia propia (DA, 280).
Profesión de fe de las Iglesias cristianas al final, sus oraciones y exhortaciones que esconden amor propio, fraude y engaño, el más grande crimen y la iniquidad (EW, 274).
Hábito de glorificar y exaltar a los hombres corruptos, contaminados y viles (FW, 24).
Hipocresía (AG, 271).
La oración del que desobedece la ley de Dios (1 Jn 5:3; Prov 28:9: en GC, 436).
Espiritismo (Lev 19:31; 20:27) (GC, 556). PP, 689 (cita Lev 19:31 y Deut 18:12).
Voto matrimonial que cubre toda concupiscencia (1MCP, 298).
Orgullo, abundancia de pan y ociosidad, descuido del pobre, altivez (Eze 16:49-50) (2 MCP, 383).
Idolatría en templo rival de Israel (PK, 102).
Sacrificio de los malvados (Prov 21:27; Hab 1:13; Isa 59:1-2) (PK, 323).
Dádivas costosas y ceremonias espléndidas de los sacerdotes y gobernantes sin un corazón contrito, abierto a la verdad, y sin compasión y amor hacia el prójimo (4 BC, 1174).
Collares (1 T 269, 277).
Amor propio ante la vista de Dios y los santos ángeles (2 T 551).
Un espíritu rudo, condenatorio, y todo método de amor propio en el servicio a Dios (6 T 151).
Pastor que corrompe la mente de sus miembros, y su sentido moral (TSB, 125).
Ministros y obreros que usan el púlpito sin vivir de acuerdo a la luz que poseen (caen al día siguiente en las prácticas más abominables, y siguen la siguiente semana una conducta desvergonzada, con medio corazón para Dios y otro medio para un “ídolo” (TM 439).
Oración y canto en vidas llenas de malicia, engaño, envidia, celos y amor propio (GW92, 36).
El que odia a su hermano y, sin embargo, ora a Dios (RH, 11-6-83, 10).
Alma manchada de impureza y corazón que acaricia la iniquidad (ST, 12-16-89, 5).
Exclusividad aristocrática en una iglesia que desmerece al pobre (ST 6-20-92).
Cristo “llevó un mensaje de denuncia contra toda abominación en la tierra” (ST, 2-27-96, 7).
El que condena al justo y justifica al malvado (PH159, 176).
Los que aman y adoran la naturaleza, hablan de ciencia, todo en un fino cuadro de telaraña, complacen a los hombres cultivados del mundo, cuyos corazones tienen un ídolo y aman, adoran las hermosas teorías hiladas en las que hay muerte (18MR, 130).
Las idolatrías y abominaciones horribles de los antediluvianos que condujeron a su destrucción (1 SP, 74).
El descuido del hogar por el bebedor de la copa de las abominaciones (T 31).
Destronan a Dios del corazón (BEcho, 5-21-00, 3).

¿Cuál de todos los términos bíblicos tuvo E. de White en mente al hablar de la abominación? En algunos casos es fácil determinarlo, porque los vierte en el contexto de ciertos pasajes bíblicos. En otros no es tan fácil. Pero puede servirnos para evitar reducir el concepto de la abominación a un aspecto solamente. Lo mismo podemos decir con respecto al uso de la palabra ídolo, que es mucho más amplio que el que se ha querido dar con respecto al domingo en lugar del sábado.

Uso de la palabra “ídolo” por E. de White

Siendo que Hugo León concentró todo su arsenal en el domingo, dejando de lado todo lo demás que forma parte del “estercolero romano” (por citar a Lutero), corresponderá ahora ampliar el panorama no solamente con respecto al uso de E. de White de la palabra “abominación” que ya vimos, sino también de la palabra “ídolo”. Así evitaremos caer en la parcialidad. Las mismas declaraciones de E. de White traen el equilibrio. Aunque todo lo que refirió el Espíritu de Profecía bajo la palabra “abominación” no tiene relación directa con “la abominación asoladora” de la que habló Daniel, ni tampoco todo lo que dijo utilizando el término “ídolo”, vale la pena considerar lo que Dios detesta, como una reflexión personal que nos ayude a evitar caer también en cuadros semejantes de idolatría y abominación.
Primero de todo, será conveniente prestar atención a lo que E. de White consideró por ídolo.
“Un ídolo es todo lo que los seres humanos aman y en lo que confían en lugar de amar y confiar en el Señor su Hacedor. Cualquier cosa terrenal que los hombres desean y en la que confían como teniendo poder para ayudarlos y hacerles bien, y los aparta de Dios, es para ellos un ídolo. Cualquier cosa que divide los afectos, o quita del alma el amor supremo de Dios, o se interpone para impedir confianza ilimitada en Dios y completa seguridad en él, asume el carácter de un ídolo y toma la forma de un ídolo del templo del alma” (3SM 330). Es “todo lo que tienda a disminuir nuestro amor a Dios, o a interferir en el servicio que le debemos a él” (2 BC 1011). “Escuché a un ángel decir:  ‘¿Piensan Uds. que Dios va a poner su sello donde hay un ídolo? No, no’” (16 MR 34). Por lo tanto, prestemos atención a todo lo que es ídolo, según la sierva del Señor.
Desobediencia a los mandamientos. Siendo que los primeros cuatro mandamientos señalan nuestra devoción a Dios, la violación a cualquiera de esos mandamientos es un ídolo (CT 239). Y siendo que esos mandamientos se resumen en el amor a Dios, “cualquier cosa que divide los afectos y quita del alma el amor supremo a Dios, asume la forma de un ídolo”. Ese principio se extiende a todos los mandamientos (1 T 289; 2 BC 1011; 2 SG 241), porque tiene que ver con la inclinación del corazón carnal que busca ídolos para reemplazar al verdadero Dios (RH, 7-15-84, 11). Y si tenemos en cuenta que en el fin del mundo, el sábado será la piedra de toque para toda la humanidad, la imposición del domingo es un ídolo papal, porque honra al papado como autor de tal adoración, y a Satanás mismo quien instauró al papado en medio de la iglesia cristiana.
Llama la atención que, en relación con la prueba final que tendrá que ver con la imposición del domingo en lugar del sábado, E. de White use la palabra ídolo, y compare ese hecho con el monumento de un hombre que levantó Nabucodonosor en los días de Daniel. En esos pasajes Daniel no utiliza la palabra siqqus (“abominación”), ni “ídolo”, sino zelem, “imagen” o “estatua” (como en el sueño de Daniel en 2:31). Esto puede deberse, tal vez, a que no parece haberse tratado de ningún dios, sino de un intento de contrahacer el sueño de Dan 2. Si la estatua que levantó Nabucodonosor para requerir su adoración no fue “la abominación asoladora” de la que habló Daniel en sus profecías, ¿por qué debíamos nosotros pretender que E. de White se refirió al domingo como esa abominación profetizada, cuando hizo la comparación entre esa imagen y el domingo?
Personas como ídolos. El ministro que hace un ídolo de sí mismo y no siente el peso por las almas (18 MR, 182).
Amor de sí mismo (AG 107).
El yo (CH 269), su gratificación (4bSG 3), cuando difiere de la voluntad divina, de los planes y designios de Dios (3 MR 12).
Salomón para su pueblo (7 T 218).
Una mujer para su marido (consideraba que él debía sacrificarlo todo por ella) (TSB 76; 16 MR 302).
Una prostituta (“toda mujer que permite atenciones de otro hombre que no sea su marido, que escucha sus avances, y sus oídos se complacen con el derramamiento de palabras de afecto lascivo, de adoración, de expresiones de cariño”) (TM 434, 435).
- Esto se aplica también a la Iglesia Católica Romana que la Biblia representa como una prostituta, con todas sus abominaciones y su veneración del papa (Apoc 17).
Adoración de hombres y mujeres que ocupan el lugar de Dios (TM 442).
Padres, hijos, esposas, maridos, amigos y relaciones con un amor fuera de lo común al punto de disminuir nuestro deber de guardar los primeros cuatro mandamientos (HM 12-1-94, 13).
Pide no tener un hijo como ídolo (para idolatrarlo) (6 MR 45).
Los hombres exaltados, alabados y ensalzados como si fueran casi infalibles” a expensas de la verdad (11 MR 91).
“El que se interpone entre un cristiano profeso y su servicio de todo corazón a Dios, toma la forma de un ídolo, y el más grave pecado de idolatría es la idolatría de sí mismo” (12 MR 330).
- Estas dos últimas citas dan lugar a ver también en el papado un ídolo.
Aquí ya debemos hacernos la siguiente reflexión. Si por la palabra “abominación” E. de White se refirió también al “habito de glorificar y exaltar a los hombres…” (FW, 24), y por “ídolo” de una manera semejante, a la idolatría de un hombre en lugar de Dios, ¿por qué debíamos restringir ambas palabras a la imposición del domingo? ¿No podría referirse al papado, con todo un conglomerado de “ídolos” y “abominaciones” que forman parte de la “copa de abominaciones” de la que habló el Apocalipsis? De esto diremos más luego.
Actitud y sentimientos como ídolo (en gran manera como violación de los seis últimos manda-mientos). Vida de comodidad egoísta y libertad de responsabilidad (FLB 154; SC 45).
“Terquedad”, “voluntad terca” y “espíritu rebelde” (10 MR 281) [como el de los hermanos futuristas en su confrontación con la Iglesia Adventista sobre ciertos principios de interpretación profética].
La persona que se vuelve objeto de una pasión testaruda, salvaje, irracional y desafiante de toda restricción (AH 50).
Avaricia y lucha (CH 269).
Toda práctica equivocada y corrupción interior (CT 237).
Todo defecto en el carácter, toda práctica y pensamiento que roba los afectos de Dios (Mar 48).
Los sentimientos, los ojos, los gustos propios a los que se sacrifican gastos innecesarios (4bSG 3).
Indulgencia y extravagancia propia a expensas del pobre (7 T 218).
Amor al dinero, orgullo en la vestimenta y la exposición propia (RH 1-29-84, 18).
Amor a la exposición y a la moda.  Se menciona explícitamente los ornamentos, las joyas de plata, oro y piedras preciosas, atavíos costosos que pasan a ser como Moloch al que se sacrifican a sí mismos y a los hijos (ST 5-26-81, 23). [¿Acaso no es esto lo que vemos descrito en Apoc 17:4?]
Impulso o alto grado de sentimientos (RH, 4-12-87, 6).
Codicia (ST, 5-18-82, 20; 5 MR 305).
Trabajo constante y excesivo que usurpa la devoción a Dios (ST 7-3-84, 2).
Sensaciones, sentimientos (ST 4-09-94, 2).
Orgullo, ambición, estima propia, imaginaciones propias (PH002 22).
Amor propio, egoísmo y orgullo, que impiden ver la luz de la verdad, y los lleva a ver lo que quieren ver (9 MR 298).
Posición como ídolo. Reputación y honor mundanales (FLB 154; SC 45).
El aplauso de los hombres, la atmósfera de vanidad y mundanalidad (ST 8-11-81, 13).
Fama y honor del ambicioso (ST, 5-18-82, 20; ST 02-18-86, 8).
Adulación a una amiga por sus amigas la hicieron sentirse ídolo (17 MR 324). Consagraron a Edith Andrews en su corazón como un ídolo. La adoración debida a Dios la dieron a un ser humano, a una criatura que comete errores” (17 MR 332).
Cosas como ídolos. Mamón: amor al dinero, deseo de riquezas (FLB 154; SC 45), devoción suprema al dinero (ST, 5-18-82, 20).
Riquezas, mundo, dones de Dios por encima del Dador (DA 520).
Bebidas alcohólicas para el borrachín (Te 38).
Licor (Ev 264).
Propiedades (HS 151), tesoro terrenal (RH, 11-2-86, 6).
Cualquier cosa que no puedan ceder (RH, 7-25-54, 1).
Pipa y apetitos pervertidos (CH, 68).
Tabaco y descontrol en el apetito (violan el primer mandamiento) (CH, 82).
Dinero, granjas, ganados, comercio, tesoros terrenales (CS 123).
Tierras, casas, mercaderías o comercio, empresas de negocios (2 BC 1011).
Amor por los libros y una educación a los que se sacrifica la salud y la espiritualidad (CT 415).
Juegos, carreras de caballo (para los que apuestan), teatro (cine hoy), gran importancia puesta en los días feriados (FE 312).
Voluntad, deseos, planes (LHU 142).
Música y canto más apropiados para el baile que para el culto (MYP 295).
Una ciudad o un gran edificio (como la ciudad y la torre de babel) (PUR 5), que revela una tendencia a la centralización (RH 12-10-3, 6).
“Muchos han perdido su discernimiento espiritual por hacer del estómago un ídolo. Al pobre estómago no le importa ser idolatrado de esta manera” (2 SAT 153).
Ideas filosóficas o teológicas como ídolo. Deificación de la naturaleza (GC 11).
Ideas acariciadas u objetos, ídolo filosófico en lugar de Dios (LHU 143).
Falsos conceptos de Dios y sus atributos (ST 2-8-83, 2).
“Ídolo de opinión”, “idea acariciada”, “sabiduría propia” (DA 280), adherencia a la tradición (ST, 9-19-92, 12).
“Opiniones de hombres” (LS15 330).
Espiritismo moderno y formas de brujería y adoración de ídolos con un denominador común que es la comunión con los muertos (PP 685).
“Todo lo que desvía [o distrae] la mente de Dios” (SD 57).
Incredulidad que lleva a glorificarse en ella (ST 8-11-81, 13).
“Estudios escolásticos” y de ciencia que divorcian la educación de Dios, con objetivos egoístas y terrenales (2 MR 301).
Lecturas ficticias o imaginarias que intoxican la mente como si fueran bebedores (6 MR, 262).
Importancia dada a la gramática a expensas de una educación más amplia (8 MR 101).
“Toda teoría o idea humana acariciada” que se reviste de excesiva importancia (9 MR 183).
“Toda idea tan exaltada como para ubicársela donde nada de luz o evidencia puede encontrar lugar en la mente, toma la forma de un ídolo a lo que todo se sacrifica” (en referencia a la importancia excesiva que se le da a la ley en Gálatas) (9 MR 183).
“Aman y adoran la naturaleza, hablan de ciencia, y todo es un cuadro de telaraña para agradar a lo engreído del mundo pero una abominación a la vista del Señor. Cada corazón tiene su propio ídolo a menos que se limpie el corazón. Ama y adora las hermosas teorías hiladas, pero hay muerte en estas cosas” (18 MR 130).
“Es la fe que obra por amor lo que purifica el alma de todo ídolo que se ha entronizado allí. No podemos permitirnos el lujo de mantener un error porque ha sido transmitido de generación en generación hasta que llegó a nuestro tiempo. Lo que queremos es la verdad, y la queremos en cada punto” (1 SAT 229), no solamente con respecto al sábado.
Placeres mundanales como ídolo (AG 107; YI 9-26-1, 10). La sensualidad (RH, 11-2-86, 6).
Pecado acariciado (RH, 6-7-92, 6); pecados secretos acariciados (FLB, 313).
“Pecado mimado” (AG 84).
“Toda iniquidad” y “pecado secreto” (Mar 49).
Apetito (1 SM 284).
“Los que pueden tener un amor demasiado efusivo e irresistible hacia objetos humanos, hombres o mujeres, tienen un ídolo que adoran”, y que se manifiesta en el tono predominante de sus sentimientos, de sus gustos e inclinaciones, la corriente principal de sus simpatías, sus afectos, su conversación y deseos (TM 442).
La lujuria o concupiscencia con la que está casado el sensualista (ST, 5-18-82, 20).
Todo este uso variado de lo que E. de White entendió por “ídolo”, y aplicó a un sinnúmero de aspectos, nos permite ver que no podemos aplicar todo lo que ella refirió como ídolo a la “abominación asoladora” de la que habló Daniel. Como ya vimos, el domingo no es ni nunca fue ni será la abominación asoladora. Por el contexto de Daniel y de las profecías del papado en Pablo y Juan, vemos que se trata de la imposición sacerdotal del papado en contraposición con la ministración sacerdotal del Hijo de Dios en el lugar santo. Siendo que el tamid o servicio intercesor sacerdotal no es el sábado del cuarto mandamiento, sino una referencia al ministerio sacerdotal de Cristo en el lugar santo; entonces la abominación desoladora que se pone en lugar de ese ministerio de Cristo tampoco es el domingo, sino el sacerdocio católicorromano, con el papa como sumopontífice a la cabeza. Y siendo que el tamid cesó en 1844 (Dan 8:13-14), conforme al ritual antiguo, entonces menos pueden proyectarse los 1290 y 1335 días a un tiempo futuro y literal. Porque Cristo está oficiando desde 1844 en el lugar santísimo al que nunca se vinculó la palabra tamid.
Como hemos podido ver, hay mucho en los escritos de E. de White que nos muestran que tanto la palabra “abominación” como “ídolo” se aplican a menudo a un ser humano que ocupa el lugar de Dios. El papado pudo erigirse en lugar de Dios para ser adorado, como lo predijeron Daniel y Juan, en la época en que hizo guerra contra los santos, cuando se le permitió vencerlos (Dan 7:25; Apoc 13:5). En cambio los santos que tendrán que pasar por la tribulación final serán probados, pero no serán vencidos, sino que triunfarán, porque les habrá tocado vivir en la época en la que el Señor pasó al lugar santísimo para ser vindicado y triunfar sobre los poderes del mal (Dan 8:13-14; Apoc 4-5; 11:15-19; 17:14). Y aún admitiendo que algunos morirán, su testimonio no será vencido, “porque sus obras con ellos siguen” (Apoc 14:13).

La rebelión o abominación asoladora en Daniel

Siendo que en otro lugar ya consideramos en detalle el tema de la rebelión y abominación asoladoras en el libro de Daniel (The Day of Atonement and the Heavenly Judgment…, 339ss), aquí seremos escuetos. Tanto en mis libros como en mis conferencias públicas bajo el título, Las tres tribulaciones del Apocalipsis (publiqué una serie de 20 lecciones sobre el Apocalipsis a colores en donde incluí esa lección), destaqué los tres momentos de opresión romana que aparecen en las profecías de Daniel y Juan, a saber, la pagana cesareana, la papal medieval y la papal resucitada al final. ¿En cuál de esos tres momentos de Roma debemos ubicar la “abominación asoladora”?
Si vamos al Comentario Bíblico Adventista que se editó hace poco más de medio siglo atrás, veremos que introdujo la posibilidad de un doble cumplimiento en la profecía del “cuerno pequeño”, pagano-romano y papal-romano. Este principio de doble cumplimiento no lo aplicaron a otras profecías apocalípticas, sino sólo a las que se referían al papado romano, inclusive en Dan 11:30-31. Posteriormente, los estudios más a fondo sobre esos temas que introdujo el BRI en la década del 80, pusieron sobre el tapete el principio hermenéutico de que tal presunto cumplimiento doble no se aplica a las profecías apocalípticas, sino a las profecías condicionales que Dios dio al antiguo Israel. Ciertas promesas divinas fueron condicionadas a la fidelidad del pueblo de Dios. Pero en respuesta al clamor apocalíptico, “¿hasta cuándo, Señor?”, Dios dio una revelación incondicional. En efecto, en las profecías apocalípticas de Daniel y Juan no encontramos ese aspecto de condicionalidad que se ve en los demás profetas. Gracias a esa incondicionalidad de las profecías apocalípticas es que sabemos que la salvación de este mundo no depende de nosotros, sino de Dios que ha trazado sus planes en forma inamovible hasta el fin del mundo.
La mayoría de los futuristas (no son muchos) hoy procura a toda costa interpretar Daniel y Apocalipsis en forma doble y hasta triple. Quien extremó esa tendencia fue Desmond Ford con su enfoque apotelesmático (múltiples cumplimientos que en él comienzan con el preterismo, pasan por el historicismo, y culminan con el futurismo). Gracias a esa posición extrema, se pudo percibir el error de dar a las profecías apocalípticas un cumplimiento doble o triple o más aún. A veces, un error ayuda a ver que tenemos que prestar más atención a los detalles que indica la Biblia, y aferrarnos a un Escrito Está, sopena de abrir las puertas a todo tipo de herejías que terminen haciéndonos perder la identidad. Se descubrió también que esa no fue la interpretación de nuestros pioneros, ni tampoco la de E. de White. Que la profecía apocalíptica no tiene doble cumplimiento, lo expresó E. de White claramente cuando escribió a un hermano que intentó hacer eso:
Algunos tomarán la verdad que se aplica a su tiempo y la colocarán en el futuro. Acon-tecimientos de la secuencia profética que se han cumplido en el pasado son colocados en el futuro, y así es como, a causa de estas teorías, se debilita la fe de algunas personas… Ud. acepta como verdaderos estos hechos de la historia bíblica, pero los aplica al futuro. Todavía mantienen su fuerza en su lugar debido en la cadena de los acontecimientos que nos han convertido en el pueblo que hoy somos, y como tales deben presentarse a los que moran en las tinieblas del error… Las verdades que se han ido revelando consecutivamente, a medida que hemos avanzado en el ámbito de las profecías reveladas en la Palabra de Dios, son actual-mente verdades sagradas y eternas” (2 MS, 117-8).
En esta declaración de E. de White se elimina de un plumazo toda tentativa de etiquetar a nuestra interpretación profética como “tradicionalista”. Se trata de “verdades sagradas y eternas” que nadie tiene derecho a tergiversar, llevando a la gente a la confusión. De esto diremos algo más adelante.

Tres etapas de la tribulación causada por Roma.

1) La de los césares paganos que duró entre tres y cinco siglos (esto último porque en los siglos cuarto y quinto hubo césares paganos que pudieron ampararse del poder de nuevo, y porque los emperadores supuestamente cristianos siguieron con las mismas fórmulas religiosas paganas en su accionar político).
2) La papal medieval que duró 1260 y 1290 años y a la que Jesús se refirió como la “gran tribulación” (Mat 24:21,29; también Juan en Apoc 7:14). [No es el objetivo discutir acá este último versículo].
3) La papal resucitada por un corto momento al final (Dan 11:40-12:1; Apoc 13;3-4,12-15).
En los dos últimos momentos el papado es una abominación indiscutible, y lo sostiene todo un edificio de blasfemias y abominaciones notables, entre las cuales está el domingo. Pero la “rebelión asoladora” o “abominación asoladora” de la que habló Daniel, se la refiere como ocupando el lugar del tamid (ministerio sacerdotal de Cristo en el lugar santo), no el lugar del sábado. Por consiguiente esa abominación desoladora no es el domingo. Y todos los pasajes que se refieren a esa abominación asoladora están ubicados en la sección profética que describe el papado medieval (Dan 8:11,13; 11:31).
De manera que es un error múltiple pretender que la abominación asoladora es la imposición del domingo en la crisis final. Primeramente porque estructuralmente desde la perspectiva literaria, está en todas las visiones vinculada a esa época medieval (aún en Dan 12:11, donde aparece en la parte explicativa de la visión que le fue dada al profeta en el cap 11). Luego porque el ministerio sacerdotal de Cristo en el lugar santo (tamid) duraría hasta 1844 (Dan 8:13-14). Y por último, porque esa abominación asoladora no ocupa el lugar del sábado, sino del ministerio de Cristo en el lugar santo (Dan 11:31; 12:11). Se disloca la tipología bíblica del santuario al tratar de proyectar el tamid al lugar santísimo, según ya vimos.
Este punto debe ser enfatizado. La “rebelión” o “abominación asoladora” aparece en Daniel en contadas ocasiones, siempre en referencia a una época anterior a la del “tiempo del fin” o anterior a 1844 (Dan 8:13; 9:27; 11:31). Por el contexto, sus fechas también deben referirse a la época medieval que precedió al tiempo del fin (Dan 7:25; 12:7,11-12). Esto no significa que la destrucción definitiva del poder papal no tendría lugar al final, cuando el Señor mismo viniese a acabar para siempre con él, sin darle más la chance de resucitar (Dan 7:26; 8:25úp; 12:45úp; Apoc 19:19; véase 13:3-4).

La mención de la abominación desoladora en los evangelios

Jesús se refirió a la abominación desoladora que iba a producir el ejército romano al plantar sus estandartes idolátricos frente al templo de Jerusalén (Mat 24:15). Algunos han visto también en la mención de Jesús, una referencia al busto del emperador que los romanos pusieron en el lugar santísimo, una vez que destruyeron el templo. Comoquiera que sea, la abominación idolátrica en esa invasión romana pagana no fue un ídolo, sino que se trató de una idolatría múltiple representada por el poder imperial romano, que incluso impuso luego el domingo en la ciudad de Jerusalén a la que pasó a llamar ahora Aelia Capitalina. Entonces Jesús agregó, “el que lee entienda”, sugiriendo que esa no sería la única abominación desoladora. ¿Creyó realmente Jesús que la rebelión o abominación asoladora de Dan 8:13; 11:31 y 12:11 se cumplió cuando los romanos invadieron la antigua Jerusalén? ¡Por supuesto que no! Por eso agregó:  “el que lee, entienda” (Mat 24:15), una expresión que usó también en relación con las parábolas.[10]
No voy a desarrollar todo el tema aquí, pero debo levantar otra pregunta. ¿A cuál de las tres tribulaciones se refirió Jesús como siendo producida por esa abominación desoladora? Los reformadores la identificaron con el anuncio de Dan 9:27, porque se da en relación directa con los sucesos inmediatamente posteriores a la conclusión de las 70 semanas proféticas que concluyeron en el año 34 de nuestra era. Esa profecía anuncia la destrucción de Jerusalén que iba a tener lugar después de ese año. Además, se declara allí que la abominación o abominaciones iban a establecerse sobre un extremo (o lugar) del templo.
Dan 9:27 no es fácil de traducir. Mientras que el hebreo tiene el plural siqqusim ligado al participio singular mesomem, dando como resultado probable “las abominaciones de desolación” o “las abominaciones que causan desolación” (está en la forma poel);[11] en la traducción griega se rinde el término en singular (bdélugma), con la desolación en plural (eremóseon), dando como resultado “la abominación de desolaciones”. Somem aparece de nuevo, lo mismo que eremosin, en la parte final del versículo: “hasta que la destrucción sentenciada caiga sobre el desolador” (hebreo) o, en griego: “en el fin del tiempo,[12] un fin será puesto a la desolación” (LXE).
El otro problema que tenemos es con el término hebreo canap, “ala” de aves (Éx 19:4), o “costado” de la ropa (1 Sam 15:27), o “extremo” de la tierra (Is 8:16). Aquí nos encontramos de nuevo con un estilo típico judío que economiza palabras hasta más de lo que buscan guardar en sus negocios. Así como vimos que el sustantivo hatamid, “el continuo”, debía ligárselo a otro nombre determinable por el contexto que es el santuario (“continuo servicio sacerdotal” o “intercesión regular” o “diaria”), y hahatta’t, “el pecado” en la ley levítica a “sacrificio” u “ofrenda por el pecado”, etc.; así también tenemos que determinar por el contexto el sentido de canap. Ese contexto lo encontramos en la última parte del versículo anterior, que anuncia la destrucción de “la ciudad [de Jerusalén] y el santuario” (v. 26). De allí que la traducción griega escogió la traducción de ese término por jierón, “templo” (véase Mat 21:12). En otras palabras, canap tiene que ver con un extremo o costado o lugar del templo.
Ignorando el contexto, otros prefieren simplemente traducir un “extremo de abominaciones que causan desolación”, dejando sin mencionar el templo. Pero para que un ídolo abominable, o ídolos abominables, causen desolación u horror, debe(n) estar, en principio, en un lugar sagrado.
Teniendo en cuenta estos hechos, podríamos sugerir la siguiente traducción del hebreo:
“Y sobre un lugar del templo habrá abominaciones de desolación [o que producen horror], hasta que la destrucción determinada se dé sobre el lugar [“templo” o “ciudad” (v. 26)] desolado”.
“La destrucción determinada” del v. 27, es la que anunció el versículo anterior (v. 26) en referencia a la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén. En lugar de referirse al término “abominación desoladora”, como lo refirió Mateo, el evangelista Lucas se refirió a “Jerusalén cercada de ejércitos”, simplemente como una señal de que “su destrucción” habría “llegado” (Luc 21:20). Esto favorece la interpretación de que fueron los estandartes idólatras paganos de los soldados romanos, puestos frente a la ciudad de Jerusalén, los que cumplieron con las “abominaciones de desolación” (heb) o “abominación de desolaciones” (gr). Así lo entendió también E. de White, junto con muchos intérpretes anteriores de la época de la reforma (CS, 29). La señal de la destrucción de Jerusalén la dieron las “abominaciones de horror” que los soldados romanos pusieron sobre un extremo de la ciudad o templo de Jerusalén.
Según Mateo, Jesús agregó “el que lee, entienda” (Mat 24:15). Esta era la expresión típica que usó Jesús cuando habló en parábolas, para que aquellos que rechazaran su testimonio no entendiesen, sino sólo los que recibieran la iluminación divina por procurar hacer su voluntad (Mat 13:13-17; Mar 4:10-12; Luc 8:9-10). De manera que Jesús puede haberse referido a la señal de las abominaciones idólatras de los romanos que debía llevar a sus seguidores a huir de la ciudad en la primera oportunidad, como una figura que se extendería más allá de los límites de la vieja Jerusalén, y que comprendería todo el período de persecución por el que pasarían durante la primera tribulación de Roma, la pagana de los césares.
Aún así, Jesús parece haberse referido más definidamente a la larga tribulación medieval de 1260 y 1290 años, profetizada por Daniel. En efecto, Marcos rescató una expresión más de Jesús en relación con esa profecía. Según él, Jesús dijo en referencia a la época en que iba a ser destruida Jerusalén, que “la abominación desoladora” iba a “estar donde no debe” estar (Mar 13:14). Tengamos en cuenta que fue el Hijo de Dios mismo quien dejó desierto el templo de Jerusalén (él era la gloria velada de Dios: Jn 1:11,14), al retirarse por última vez de sus recintos sagrados (Mat 23:38). Fue el Padre mismo quien profanó ese templo al rasgar las cortinas del lugar santísimo de arriba abajo (Mat 27:51; Mar 15:38). Eso ocurrió en el año 31 de nuestra era. Por consiguiente, la declaración de Jesús de que la abominación desoladora iba a “estar donde no debe” estar, parece indicar que estaba pensando en otra desolación futura del pueblo de Dios.
De hecho, la destrucción de la vieja Jerusalén iba a venir como castigo por la apostasía del judaísmo literal, algo que esa nación habría merecido por rechazar al Señor de la gloria (Luc 21:22-23). De manera que la aplicación de Jesús a esa abominación romana que cayó sobre la antigua Jerusalén como confirmación final del abandono que él mismo había hecho del templo, seguido de la profanación del templo por Dios mismo al rasgar las cortinas, se dio donde debía darse. Pero al dejar entrever que ese evento iba a servir como parábola para un evento futuro, y agregar que se iba a poner donde no debía estar, permitió ver que la real abominación de la que habló, era la que “el inicuo” u “hombre de pecado” pondría en la iglesia al establecerse a sí mismo en lugar de Dios (2 Tes 2:3-4; cf. Dan 11:31,36).[13]
Jesús anunció que Jerusalén iba a ser pisoteada por los gentiles por un tiempo determinado que Juan, en el Apocalipsis, ligó a la profecía de los 1260 días/años de opresión medieval (Luc 21:24; Apoc 11:2). Libre de los prejuicios nacionalísticos que le habían impedido ver, con los otros apóstoles (véase hech 1:6), la verdadera proyección del discurso profético de Jesús, Juan pudo percibir al concluir el primer siglo, que la Jerusalén verdadera era la que representaba al lugar espiritual donde moraba la iglesia (Gál 4:25,29), así como el templo espiritual que está en esa ciudad es también símbolo de la iglesia (1 Cor 3:16-17).
Es en una dimensión espiritual tal que debía entenderse también la profecía de Dan 8:12-13, que habla del “pisoteamiento del ejército” o pueblo de Dios por el poder apóstata y opresor papal medieval. La “mujer” del Cordero, la verdadera iglesia o remanente del Señor, debió huir durante toda la larga tribulación medieval, de un lugar abandonado por Dios (la iglesia de Roma), al desierto, para ser sustentada por el Señor (Apoc 12:6,14). Así también había debido huir la iglesia recién naciente del Señor, de la vieja Jerusalén.
De manera que “la abominación desoladora” referida en los otros pasajes proféticos de Daniel, que iba a causar real consternación a la iglesia a la cual se dirigió Jesús en su discurso final, vendría después, una vez que fuese quitado el imperio romano pagano (2 Tes 2:3ss), y apareciese el hombre de pecado que iba a sentarse en el templo de Dios para hacerse pasar por Dios. Al cumplirse los 1290 años de predominio blasfemo, el papado recibiría un golpe de muerte en 1798 (Dan 12:11). Se iba a levantar otra vez en el tiempo del fin, en un intento de imponerse de nuevo sobre la iglesia cristiana y el mundo en general, pero su esfuerzo abortaría, porque el Señor prometió interponerse para salvar a su pueblo (Dan 11:40-12:1).
Si la primera abominación romano-pagana cumplió con la profecía de Dan 9:27, pero no cumplió con la profecía indicada por Dan 12:11, ¿por qué debíamos requerir, como lo hacen los futuristas, que debía tratarse de la tribulación final al imponerse el domingo? Que el papado sea una abominación siempre a la vista de Dios, nadie lo niega. Pero en cuanto a “la abominación espantosa”, tal como lo expresó Daniel, la vemos establecida sólo en el Medioevo, en relación con su larga tiranía de 1260 y 1290 años. En cambio el intento final y desesperado de plantar de nuevo “sus tiendas reales en el monte glorioso y santo” fracasaría (Dan 11:45), porque esta vez el pueblo de Dios (los 144.000) no sería vencido como en la Edad Media (Dan 7:25; Apoc 13:5; 14:1), sino que se levantaría Miguel para librarlo, esta vez para siempre (Dan 12:1). Es por esa razón que Daniel no incluye la palabra “abominación asoladora” en relación con este evento final.

La única referencia de E. de White a la “abominación asoladora”

E. de White se refirió también a los estandartes idolátricos romanos en suelo sagrado, en referencia a las palabras de Jesús. Pero no usó nunca la expresión de Daniel, “abominación asoladora”, para referirse a un evento futuro, tal vez por una razón semejante a la que tuvo el Señor cuando dijo, “el que lee, entienda”. Jesús quiso evitar confundir a los creyentes que todavía soñaban con la Jerusalén terrenal. El sabía que ellos entenderían esa profecía más tarde, cuando se librasen de los prejuicios nacionalísticos que obnubilaban su comprensión antes de la cruz (véase Hech 1:6-7). Entonces entenderían que la tribulación que cayó sobre los cristianos que estaban en la antigua Jerusalén con la llegada de las tropas romanas, y que se iba a extender durante tres siglos básicamente bajo el poder del paganismo, iba a repetirse en el período de “gran tribulación” medieval (Mat 24:19-21,29). Esto sucedería cuando la Jerusalén espiritual donde moraría la iglesia remanente (véase Gál 4:26), fuese pisoteada por 42 meses o 1260 días por el poder abominable del papado (Apoc 11:2-3).
Al no hablar más E. de White de la “abominación asoladora”, ¿habrá sido para evitar también que algunos quisiesen proyectar las fechas proféticas a una época que no correspondía, en base al hecho de que el papado romano intentaría levantarse otra vez al final? (Dan 11:40-45; Apoc 13:3-4).
Una preocupación tal la expresó E. de White bien claramente en su interpretación de Apoc 10:7, en relación a que no habría espacio de tiempo profético a partir de 1844. La manipulación de sus declaraciones por parte de estos soñadores futuristas no deja de asombrarnos. Pretenden que cuando E. de White rechazó toda fecha profética que se quiera proyectar para después de 1844, se refirió a fechas que predijesen la Segunda Venida de Cristo. Así, pasan por alto el hecho de que E. de White citó Apoc 10:6 donde dice que “el tiempo [profético] no será más”, para referirse a que no habría espacio de tiempo definido entre medio, entre 1844 y la Segunda Venida. [Consideraremos más en detalle este punto al final].
El evento futuro de la abominación asoladora que tendría lugar más allá de la destrucción de la antigua Jerusalén, según lo sugirió el Señor, debíamos obtenerlo de la Biblia misma y de su cumplimiento en la historia. El cumplimiento de esa abominación desoladora de la Roma Pagana, simbolizada por la destrucción de la antigua Jerusalén, se extendió por varios siglos en la persecución que se desató contra la Iglesia Cristiana, hasta la llegada del papado romano. Por eso agregó Jesús, “el que lee, entienda”. En 2 Tes 2:3-4 y en Apoc 13:3-7, amén de 17:4-5, vemos descripciones adicionales de esa abominación futura que blasfemaría contra Dios, su templo, y todos los habitantes del cielo. De eso escribió mucho también el Espíritu de Profecía.
No hay duda de que el domingo será la gran piedra de toque final para la humanidad sobre el que se unirían todas las iglesias. Eso no significa que esas otras iglesias van a creer necesariamente en todas las otras abominaciones del papado. Pero durante la Edad Media no habría espacio para negar ninguna de las blasfemias y abominaciones romanas. Ya que la copa de las abominaciones rebosaría según el apóstol (Apoc 17:4-5), y los santos del Altísimo serían vencidos durante todo ese largo tiempo (Dan 7:25).
Veamos más de cerca este punto ahora, que muestra que todas las abominaciones papales son tomadas como una unidad que se encarna en el papado mismo para lograr imponer su adoración en contraposición del ministerio sacerdotal de Cristo.

Las abominaciones medievales incorporadas como una unidad en el sistema papal

La “rebelión” o “abominación asoladora”, anunciada en Dan 8:13; 11:31 y 12:11, es el papado romano que se erigió y engrandeció a sí mismo en la Edad Media siguiendo el modelo de Satanás, gracias a un sinnúmero de falsas doctrinas que pusieron el cimiento de su supremacía. E. de White escribió: “La copa de intoxicación de Babilonia son las falsas doctrinas” (1 NL, 52). Ella menciona un buen número de doctrinas erróneas que forman parte de esa copa de abominaciones. Entre ellas están la “de los tormentos eternos” (CS, 591), “la adoración de imágenes y de reliquias” que en conjunto forman el “sistema de idolatría” papal, el abandono de los mandamientos de Dios (ST, 11.14-95, 9), entre los cuales está el sábado que fue cambiado por el primer día de la semana (RH, 4-15-90, 12). Todas estas abominaciones se incorporan en “la doctrina de la supremacía papal” (CS, 55), que es “una de las principales doctrinas del romanismo” (CS, 54), y que “se opone en forma directa a las enseñanzas de las Escrituras. El papa no puede tener poder sobre la iglesia de Cristo sino por usurpación” (CS, 55).
¿No es ese el lenguaje más claro y abarcante que aparecía ya resumido en Dan 8:11-13, y en Dan 11:30-39? Ese fue el quitamiento por un príncipe impostor del tamid o servicio sacerdotal intercesor de Cristo en el lugar santo del templo celestial. Se trataba en la Edad Media (conforme a lo que Daniel y Juan especificaron en fechas), de “la supremacía del poder ante el cual todo el mundo parecía arrodillarse” (4 SP, 68).
Todas las doctrinas falsas de la Iglesia Católica Romana, no sólo el sábado, constituyen el vino de las abominaciones que aparecen resumidas, integradas en una unidad, en una copa de oro en mano de Babilonia. Por tal razón, E. de White definió este “poder”, el papal, vez tras vez como “sistema de idolatría” (CS, 56), “sistema romano…, el gran sistema de error” (ST, 2-19-94). “Ese gigantesco sistema de falsa religión es obra maestra del poder de Satanás, un monumento de sus esfuerzos para sentarse él en el trono y reinar sobre la tierra según su voluntad”. La apostasía que apareció al mezclar el paganismo con “el cristianismo dio por resultado el desarrollo del ‘hombre de pecado’ predicho en la profecía como oponiéndose a Dios y ensalzándose a sí mismo sobre Dios” (CS, 54).
Vemos aquí que el papado es considerado por E. de White como “un monumento” impostor del trono de Dios, lo que nos permite percibir cómo intenta que lo idolatren y adoren. Aquí no usa la palabra “ídolo”. Pero, ¿acaso no es lo mismo? Daniel no usó la palabra “ídolo” tampoco en Dan 11:38-39. Ese es el poder que se describe como la abominación desoladora, y que junta toda abominación posible para interponerse entre Dios y el hombre, entre Cristo y su Iglesia. Es el papado. No reduzcamos la dimensión más vasta de todo lo que significó el papado en relación con lo predicho por la profecía. No podemos circunscribir esa abominación al día de reposo falso que impuso en la Edad Media, por el hecho de que ese punto va a tener especial relevancia al final.
El culto a las imágenes y reliquias, la invocación de los santos y la exaltación del papa son artificios de Satanás para alejar de Dios y de su Hijo el espíritu del pueblo. Para asegurar su ruina, se esfuerza en distraer su atención del Único que puede asegurarles la salvación. Dirigirá las almas hacia cualquier objeto que pueda substituir a Aquel que dijo: ‘¡Venid a mi…!’” (CS, 625).
Otras declaraciones de E. de White sobre el poder papal representado por las profecías, incluyendo la de la mujer de Babilonia, se refieren “al reino de las abominaciones”.  Lutero decía:  “Se acerca el gran día en que el reino de las abominaciones será derrocado” (CS, 348). Y se refirió a ellas como al “estercolero romano”. Comentando más tarde el hecho, E. de White se refirió a “las abominaciones y cosas absurdas que marcaron su reino durante los siglos de ignorancia y tinieblas” medievales (CS, 619). Podemos ver, de nuevo, cómo todas las abominaciones se integran en el reino papal, no solamente en base a lo que dijo Lutero, sino por el comentario de E. de White misma en referencia a su obra medieval.
Luego de describir a Babilonia con una copa de oro llena de las abominaciones de su inmundicia (Apoc 17), E. de White dio su aplicación:  “El poder que por tantos siglos mantuvo un dominio despótico sobre los monarcas del cristianismo es Roma” (CS, 432).  Su ropaje magnificente y pomposo descrito en el Apocalipsis pinta vívidamente “la altiva sede de Roma. Y no otro poder…” (CS, 432-3). “Así se representa el poder papal…”  (cita Apoc 17:4, en 7 BC 983).
Recomiendo a estos señores futuristas leer de nuevo el tercer capítulo del libro El Conflicto de los Siglos, porque amplía el panorama de lo que fue la abominación del papado. Allí no ofrece E. de White el reduccionismo que estos hermanos futuristas tratan de ofrecernos con la imposición dominical, en referencia al valor que va a adquirir la suplantación del verdadero sábado especialmente en el final. Ese reduccionismo lo hacen para afirmar que no tienen datos históricos que demuestren que la imposición del domingo [erróneamente aplicado a la abominación espantosa de Daniel] comenzó en el año 508 [inicio de los 1290 años], y que por consiguiente, esa profecía debe cumplirse en el futuro en días literales desde la imposición del domingo. Pero la verdad que es pisoteada en Dan 8:12 no es sólo la del sábado, y la abominación desoladora de Dan 11:31 no es el domingo, sino la supremacía del papado que suplanta a Dios en medio de la iglesia, y al ministerio de Cristo en el lugar santo del santuario celestial.

El papado como la abominación asoladora según los protestantes

Antes que Lutero, Juan Hus dijo: “Seguramente, aún en este día está la malicia, la abominación y suciedad del anticristo, revelada en el papa y otros de este concilio. Ahora los siervos fieles de Dios pueden entender lo que nuestro Salvador Cristo dio a entender al decir: ‘Cuándo vean la abominación de la desolación, de la que habló Daniel,’ etc., ‘el que lee, entienda’, etc.” “El papado es la abominación de la deificación propia en el lugar santo” (Lessons From the Reformation, Alonzo Jones, Chapter 15, The Reformation and the Papacy, (Ages Software). “El papa y los cardenales… llegaron a ser la abominación de la desolación: un colegio opuesto al humilde colegio de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo” (Ecclesiastical Empire, Alonzo Jones, Chapter 23, The Reformation - Bohemia, (Ages Software).  Véase:
El testimonio del mártir protestante Lord Cobham fue también categórico. “Al papa no le debo tampoco ni la mano ni el servicio; él es el gran anticristo, el hijo de perdición, la abominación de desolación en el lugar santo” (THE TRIAL OF LORD COBHAM, Miller's Church History, by Andrew Miller, (Ages Software). Su juicio tuvo lugar en el año 1413. Lo mismo declaró el protestante lolardo Walter Brute:  “El altivo obispo de Roma… es el ídolo de la desolación que se sienta en el templo de Dios quitando el continuo sacrificio de Cristo… Este ídolo debe ser revelado al pueblo cristiano por el testimonio de Daniel del que Cristo habló en el evangelio: ‘Cuando veas la abominación de desolación de la que habló Daniel el profeta’” (Certain Exhibits of Walter Brute, in Writing, Presented to the Bishop for his Defence; A. D. 1391; Foxe, vol. 3 (Ages Software).
Además de aplicar el término “abominación asoladora” a los estandartes romanos sobre Jerusalén, y a la adoración de un busto del emperador sobre el lugar santísimo una vez que destruyeron la ciudad de Jerusalén, Lutero previó un cumplimiento futuro de la imposición de la abominación asoladora. En el “Sermón para el Vigésimo Quinto Domingo después de la Trinidad; Mat 24:15-28, de su Higlesia Postil (publicado primeramente en 1525), Lutero dijo:  “Este pasaje de Daniel con respecto a la abominación se aplica también a nosotros. Porque nosotros también tenemos, en verdad, una abominación de desolación real sentándose en un lugar santo, esto es, en la Cristiandad y en las conciencias de los hombres, donde Dios sólo debía sentarse y reinar… ¿Qué está haciendo el papa? No se está sentando en el templo natural o Casa de Dios, sino en el espiritual, en el templo nuevo y viviente del cual Pablo dice:  ‘Si algún hombre destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo, el cual sois vosotros’ (1 Cor 3:16-17)… Así Uds. pueden ver si el papa no es realmente la archiabominación de todas las abominaciones, a quien Cristo y Daniel se refirieron; y el verdadero anticristo, de quien está escrito que se sienta en el templo de Dios… Y él puede en verdad ser llamado una ‘abominación de desolación’… Nuestro texto se refiere no solamente a los judíos, sino también a nuestra abominación, al reino del papa” (por su sermón entero véase
En otro lugar insiste Lutero en esta interpretación al decir:  “Pero por qué se nombra el papa a sí mismo un Dios terrenal, como si el único verdadero, y Dios Todopoderoso en el Cielo no fuese también un Dios sobre la tierra. Verdaderamente el reino del papa es una ira horrible de Dios, una abominación de desolación que se establece en el lugar santo, como dijo Cristo hablando directamente de ello:  ‘El que lea entienda. Mat 24”. “Esta es la abominación de la desolación que ha reinado hasta nuestro tiempo, pero que ahora ha sido revelado por la gracia de Dios”, y la vincula con “la gran tribulación”.
Al papa Leo le escribió:  “Ud. está puesto en este santo lugar [la Cristiandad] por ninguna otra razón que ser la abominación de la que habló Daniel, que tiraría abajo la verdad y pondría mentiras en su lugar, y la operación de error. Por esto, y no otra cosa, llegó a ser el asiento del anticristo”. “Daniel señala directamente al papa. Viendo al papa como el anticristo, lo creo ser un diablo encarnado…, una abominación de desolación que está en el lugar santo”.
También Felipe Melanchton identificó la abominación desoladora con el anticristo papal (La copia de la epístola fructífera de Felipe Melanchton enviada al rey Henry, contra el acto cruel de los seis artículos, Foxe, Vol. 3, Ages Softwere). Véase:
Entre los católicos y pre-reformadores encontramos los siguientes autores que declararon que el papado es la abominación asoladora profetizada por Daniel (véase
Juan Milicz (1367): el papado.
Juan Wycliffe (1379): el papado.
Matthias de Janow (1388): la iglesia caída.
R. Wimbledon (1388): el papado.
Walter Brute (1393): el obispo de Roma.
Juan Hus (1412): el papado.

Entre los reformadores están los siguientes:
Martín Lutero (1522): el papado.
Andreas Osiander (1545): las tradiciones papales.
Nicol´s von Amsdorf (1554): las tradiciones papales.
Nicolás Ridley (1554): el papado.
Juan Bale (1550): el papado.
Juan Jewel (1562): el papado.

La verdad pisoteada y el quitamiento del tamid (suplantación de Cristo)

Que no se puede reducir a la ley del cuarto mandamiento la aplicación que E. de White hizo de Dan 8:12 con referencia al pisoteo de la verdad, lo demuestran, además, un buen número de citas.
1. El sacrificio de la misa. “La institución bíblica de la Cena del Señor fue substituída por el sacrificio idolátrico de la misa. Los sacerdotes papales aseveraban que con sus palabras podían convertir el pan y el vino en ‘el cuerpo y sangre verdaderos de Cristo’… Con blasfema presunción se arrogaban el poder de crear a Dios, Creador de todo. Se obligaba a los cristianos, so pena de muerte, a confesar su fe en esta horrible herejía que afrentaba al cielo” (CS, 64).
Notemos la expresión “sacrificio idolátrico de la misa”. ¿Acaso siqqus (“abominación”), no significa también idolatría, y su reemplazo del sacrificio de Cristo por el que él intercede en el lugar santo, el quitamiento del “tamid? Otras expresiones: “blasfema presunción”, “arrogaban”, “horrible herejía que afrentaba al cielo”. ¿No está también usando acá E. de White términos semejantes a los que usaron Daniel y Juan? “Horrible” es equivalente a “abominable” y “afrentaba” es lo mismo que dejaba consternado a todo el cielo, algo que está implícito en la expresión “abominación desoladora” o “que causa horror”.
2. La inmortalidad natural del alma y la invocación de los santos. “Los siglos que se sucedieron presenciaron un constante aumento del error en las doctrinas sostenidas por Roma… Se introdujeron graves errores en la fe cristiana. Uno de los principales fue la creencia en la inmortalidad natural del hombre y en su estado consciente después de la muerte. Esta doctrina fue la base sobre la cual Roma estableció la invocación de los santos y la adoración de la virgen María. De la misma doctrina se derivó también la herejía del tormento eterno…, el purgatorio…”, etc. (CS, 62-63).
En otras palabras, toda el sistema idolátrico papal se basa en la doctrina de la inmortalidad del alma, un concepto pagano que provino de Platón y se introdujo en la Iglesia Cristiana reemplazando la enseñanza bíblica del estado inconsciente de los muertos, que permanece en ese estado hasta la Segunda Venida del Señor (Luc 14:14; Jn 11:24; Hech 1:29,34; 1 Cor 15:20,23; 1 Tes 4:13-17, etc).
3. La mediación papal impostora.La fe pasó de Cristo, el verdadero fundamento, al papa de Roma. En vez de confiar en el Hijo de Dios para obtener el perdón de sus pecados y la salvación eterna, el pueblo recurría al papa y a los sacerdotes y prelados a quienes él invistiera de autoridad. Se le enseñó que el papa era su mediador terrenal y que nadie podía acercarse a Dios sino por medio de él, y andando el tiempo se le enseñó también que para los fieles el papa ocupaba el lugar de Dios…” (CS, 59). “No sólo se le enseñaba a ver en el papa a su mediador, sino aun a confiar en sus propias obras para la expiación del pecado… La adoración de reliquias…” (CS, 60).
¿No es esto un eco de lo que escribió Daniel? ¿Que el papa investiría de autoridad a sus sacerdotes para confiarles un tamid (ministerio sacerdotal) que reemplazase el ministerio sacerdotal intercesor de Cristo? (Dan 8:11-12). ¿No es esta la “rebelión” y la “abominación espantosa” del papado que se estableció al quitarle a Cristo su “servicio diario” simbólico (tamid) en el lugar santo? (Dan 8:11; 11:31; 12:11). En efecto, la época corresponde con el ministerio intercesor sacerdotal de Cristo en el lugar santo del santuario celestial, lugar donde se ejercía el “servicio regular” en el santuario terrenal. “El ministerio del santuario consistía en dos partes: un servicio diario [el tamid] y otro anual. El servicio diario se efectuaba en el lugar santo; mientras que el servicio anual se realizaba en el lugar santísimo” (PP, 364). Esta síntesis de todo el sistema de culto hebreo puede leérsela también en Heb 9:6-8:
 “En la primera parte [lugar santo] entraban siempre [diariamente] los sacerdotes a cumplir los oficios del culto. Pero en la segunda parte [lugar santísimo] entraba sólo el sumo sacerdote, una vez en el año, no sin llevar sangre, que ofrecía por los pecados de ignorancia del pueblo… Esto es símbolo para el tiempo actual…”
Repitamos. El sábado no era el tamid, ni el domingo su quitamiento. Nunca encontramos eso ni en la Biblia ni en los escritos de E. de White. Antes que existiesen los servicios del templo terrenal existía el sábado, y nunca se dijo que era un tamid, sino un ’olam (Ex 31:16-17).

4. El odio hacia el sábado bíblico.Entre las causas principales que motivaron la separación entre la verdadera iglesia y Roma, se contaba el odio de ésta hacia el sábado bíblico…” (CS, 70). En esta declaración se ve que E. de White entendió que había otras causas principales, no solamente el odio al verdadero sábado. Lo mismo resalta en las siguientes citas.

5. Errores y supersticiones, falsas doctrinas como la de las penas eternas. “Entre los errores y la superstición que prevalecían…”  menciona al sábado (CS, 70). “La teoría de las penas eternas es una de las falsas doctrinas que constituyen el vino de las abominaciones de Babilonia (Apoc 14:8; 17:2)”, CS, 591.
Una diferencia entre la Edad Media y el tiempo del fin

Vemos que, en referencia a la Edad Media, E. de White se refirió al odio contra el sábado como siendo una de las causas principales que motivaron la apostasía de Roma, no la única… En el fin del mundo, sin embargo, las iglesias se unirían en puntos comunes de doctrina, más definidamente en torno al domingo y la inmortalidad del alma (CS, 498,502,645-6). Sería entonces que la verdad en cuanto al sábado se transformaría en el punto central del gran conflicto. Pero a diferencia de la Edad Media en la que el papado “hacía guerra a los santos del Altísimo y los vencía” (Dan 7:25; Apoc 13:5), el remanente final no será vencido, sino que vencerá junto con el Cordero que ahora oficia en el lugar santísimo donde será coronado (Apoc 12:17; 14:12; 17:14). Dios no permitirá triunfar ni al diablo ni al papado, aunque por un corto momento parezcan haber logrado de nuevo su objetivo. “Si los justos cayesen entonces presa de sus enemigos, sería un triunfo para el príncipe de las tinieblas” (CS, 692; véase Dan 12:1).

Más citas que amplían el espectro de abominaciones papales medievales

Al principio de la Edad Media, “fue necesario sostener una lucha desesperada por parte de los que deseaban ser fieles y firmes, contra los engaños y las abominaciones que, envueltos en las vestiduras sacerdotales, se introducían en la iglesia” (CS, 49). Posteriormente, “con una intrepidez que iba cada día en aumento, protestó Hus enérgicamente contra las abominaciones que se toleraban en nombre de la religión” (CS, 111). En la época de Lutero, “con noble firmeza el duque Jorge de Sajonia… expuso con aterradora exactitud los engaños y las abominaciones del papado y sus fatales consecuencias” (CS, 159). También “Lutero… protestó decididamente contra los errores y abominaciones del papado” (ST, 8-2-83).
En otras palabras, los reformadores entendieron claramente que el papado era la abominación de la que hablaba la Biblia, con todo su arsenal de elementos idolátricos abominables. A esos reformadores se refirió Daniel como “sabios”, muchos de los cuales caerían para ser limpiados y emblanquecidos (Dan 11:33,35). Pero su comprensión iría en aumento (Dan 12:10), y se extendería especialmente al tiempo del fin cuando el libro de Daniel fuese desellado.
“Por la obra sutil de Satanás, la verdad se puso a un lado [véase de nuevo Dan 8:12], y se la substituyó por los errores que condujeron a los hombres a idolatrar la falsedad en lugar de glorificar a Dios. Las verdades salvadoras esenciales para la salud del alma fueron miradas como no esenciales, porque el mundo no las exalta, mientras que las sofisterías de Satanás son consideradas tan importantes que los hombres devotan su adoración hacia ellas” (YI, Oct 20, 1898, 3). “Así es con el sábado”, continúa E. de White.
Nuevamente, vemos acá que se idolatra la falsedad que está representada por un cúmulo de errores, y se adoran las sofisterías de Satanás, lo que nos muestra que la verdad de la que habló Daniel como siendo pisoteada (Dan 8:12), es mucho más que el sábado. De allí el peligro de ofrecer un reduccionismo tendencioso y unilateral que opaca el hecho de que la abominación es el papado mismo, con todo su conglomerado de abominaciones.
“La adoración de un día de trabajo común, y las multitudinarias ceremonias conectadas con este falso sábado, son de la misma naturaleza que los errores señalados expuestos por Cristo cuando dijo, ‘Y muchas otras cosas como estas hacen ellos’Cosas comunes son exaltadas por sobre las cosas que son sagradas y celestiales” (RH, March 8, 1898, 12). “Por la forma de tratar Su Palabra [de Dios], los papas se exaltaron a sí mismos sobre el Dios del cielo”.
De nuevo, la Palabra de Dios es más que el sábado…, y hay toda una multitud de ceremonias que están relacionadas con el falso sábado, ya que el sistema de error del papado está interconectado, se presenta como una estructura interdependiente. Y el uso de la palabra “ídolo” por parte de E. de White, aplicado al domingo, entra dentro del principio que ella aplicó también a todo lo que suplanta los cuatro primeros mandamientos que revelan nuestra obligación para con Dios. Por lo tanto, lo mismo puede decirse con respecto a toda doctrina errónea.
En relación con nuestra época, E. de White afirma por ejemplo, que “es tan fácil hacer un ídolo de las falsas doctrinas y teorías como tallar un ídolo de madera o piedra”, porque se malrepresentan los atributos divinos y se produce “un falso concepto de Dios. Muchos han entronizado un ídolo filosófico en lugar de Jehová… Miles y miles deifican la naturaleza al punto que niegan al Dios de ella. Aunque en forma diferente, la idolatría existe en el mundo cristiano de hoy tan ciertamente como existió entre el antiguo Israel en tiempos de Elías. El Dios de muchos así llamados sabios, o filósofos, poetas, políticos, periodistas—el Dios de los círculos selectos y a la moda, de muchos colegios y universidades y hasta de muchos centros de teología—no es mucho mejor que Baal, el dios sol de los fenicios” (CS, 640).
El diablo “estampa sobre los corazones humanos su propia imagenReclama supremacía, y ejerce sobre sus súbditos el poder real. No puede expulsar a Dios de Su trono, pero mediante el sistema de idolatría, planta su propio trono entre el cielo y la tierra, entre Dios y el adorador humano” (1 BC, 1105). “Intercepta todo rayo de luz que viene de Dios al hombre, y se apropia de la adoración que se le debe a Dios” (RH, 10-22-95, 2).

Confusión creada por el futurismo

Algunos hermanos no perciben el peligro de estas interpretaciones futuristas que estamos considerando. Piensan que no es esencial para la salvación. Lamentablemente se equivocan. Como se ha hecho ver a estos hermanos futuristas de las profecías fechadas de Daniel, traen confusión a la gente. Y todo lo que debilita la fe del pueblo de Dios en nuestra misión profética trae como resultado la pérdida de almas, amén del peligro que proyectan hacia el futuro, cuando la prueba nos llegue a todos y pretendan empaquetarla en 1290 días literales.
Recibo de tanto en tanto consultas por internet en referencia a proyecciones que algunos hermanos soñadores hacen no solamente de las profecías fechadas de Daniel, sino también de las del Apocalipsis, y que traen confusión. Fue precisamente un problema semejante el que llevó a E. de White a advertir que no es la profecía la que debe repetirse, sino la historia, y no toda la historia del pasado que cumplió lo profetizado para esa época, sino algunos aspectos importantes de esa historia que resaltarán al final.
Los grandes hitos de la verdad, que nos muestran nuestro rumbo en la historia proféti-ca, deben ser cuidadosamente protegidos para que no sean demolidos y reemplazados con teorías que producirían confusión antes que luz verdadera” (2 MS, 116).
Eso es lo que está haciendo el BRI. Hay que apoyarlos, y velar junto a ellos para que no se introduzca confusión en esos puntos tan vitales para nuestra fe profética. Lo que estamos haciendo al reaccionar contra el futurismo de Dan 12 es cumplir con el mandato divino dado a su iglesia a través del Espíritu de Profecía: procurando proteger cuidadosamente los grandes hitos de la verdad profética que nos han caracterizado como pueblo. No la tildemos despectivamente de posición “tradicional”, con el propósito de introducir algo espúreo.
Algunos tomarán la verdad que se aplica a su tiempo y la colocarán en el futuro. Acontecimientos de la secuencia profética que se han cumplido en el pasado son colocados en el futuro, y así es como, a causa de estas teorías, se debilita la fe de algunas personas… Ud. acepta como verdaderos estos hechos de la historia bíblica, pero los aplica al futuro. Todavía mantienen su fuerza en su lugar debido en la cadena de los acontecimientos que nos han convertido en el pueblo que hoy somos, y como tales deben presentarse a los que moran en las tinieblas del error… Las verdades que se han ido revelando consecutivamente, a medida que hemos avanzado en el ámbito de las profecías reveladas en la Palabra de Dios, son actualmente verdades sagradas y eternas” (2 MS, 117-8).
E. de White no se contradijo. La profecía de Dan 11:30-39 se cumplió en el pasado, y no volverá a cumplirse en el futuro. Mucho de lo que allí ocurrió en la historia se repetirá, y es bueno estudiar el pasado en cumplimiento de la profecía, porque eso puede arrojar luz sobre el carácter del papado en la época final. Pero ninguno de esos pasajes volverá a cumplirse porque las profecías apocalípticas no tienen doble cumplimiento. Cuando Daniel habló del resurgimiento final del papado hacia el final del “tiempo del fin” (Dan 11:40-45), no incluyó ni el tamid ni la abominación desoladora.
El departamento y el cargo de director del Biblical Research Institute es votado por el Congreso de la Asociación General. Los que allí están no son infalibles, como nadie es infalible sino Dios y su Palabra. Y aunque hay libertad para ver muchas cosas bajo diferentes matices, cuando esta gente se levanta para hacer frente al peligro (en este caso el futurismo en Dan 12), tengan por seguro que por algo es. Para eso los nombraron, para defender la fe del pueblo de Dios. Lo que nuestra iglesia siempre defendió es que, después de 1844, no habría espacio de tiempo profético específico alguno (“el tiempo no será más”: Apoc 10:6). Todo el que quiera poner alguna fecha, cualquiera que sea, para después de ese tiempo, es considerado futurista por nuestra iglesia. Esa luz no la tuvo todo el mundo antes de la fecha de 1844. Esa luz nos fue dada a nosotros, y todo intento de empañarla aduciendo que otros anteriormente no vieron claro, revela un espíritu detractor para introducir el caos interpretativo, de tal manera que cualquiera pueda decir cualquier cosa.
Incluyo aquí las citas que compartió con nosotros en la red pastoral el Pr. Francisco Arnaldo Villalba (gracias Francisco).
“A pesar de todas las evidencias de que Dios ha estado conduciendo al cuerpo, hay y continua-rá habiendo quienes, profesando creer en la verdad del sábado, actuarán en forma independiente del cuerpo, y creerán y obrarán como se les antoje. Sus opiniones están confusas. Su dispersión es un testimonio permanente de que Dios no está con ellos” (JT 1, 166-169).
“Los mensajes como los dados por estos hombres divide la iglesia y nos avergüenzan delante de los enemigos de la verdad, y en los tales mensajes se revela claramente la obra espaciosa del gran engañador, que quisiera impedir a la iglesia alcanzar la perfección y unidad. Estos maestros siguen las chispas de su propio fuego, obran de acuerdo con su propio juicio independiente y estorban la verdad con falsas nociones y teorías. Rechazan el consejo de sus hermanos y siguen su camino hasta que llegan a ser precisamente lo que Satanás desea que sean: desequilibrados mentales” (JT 1, 361).
“Siempre hubo seres humanos de espíritu independiente, que aseveraron que estaban en lo correcto, que Dios los había instruido, impresionado y conducido en forma especial. Cada uno tiene una teoría propia, opiniones que le son peculiares, y cada uno sostiene que sus opiniones están de acuerdo con la Palabra de Dios. Cada cual sustenta diferente teoría y fe, aunque todos aseguran tener una luz especial de Dios. Apartan a los demás del cuerpo y cada uno es en si mismo una iglesia separada. Todos no pueden estar en lo cierto, y sin embargo, se declaran conducidos por el Señor. La palabra de la inspiración no es sí y no, sino sí y amén en Cristo Jesús” (JT 1, 391)
“El espíritu que impulsa a los hombres a apartarse de sus colaboradores, el espíritu de desorganización está en el mismo aire que respiramos.  Algunos consideran que todos los esfuerzos hechos para hacer reinar el orden son peligrosos, y los tienen por restricción de la libertad personal, algo que debe ser temido como el papismo.  Estas almas engañadas consideran que es una virtud jactarse de su libertad de pensar y de actuar independientemente.  Declaran que nada aceptarán porque lo diga algún hombre; y que a nadie están sujetos. Se me ha indicado que Satanás hace un esfuerzo especial para inducir a los hombres a sentir que agradan a Dios al seguir su propia conducta, con independencia del consejo de sus hermanos” (JT 3, 405).

El argumento de fondo que aparece en el futurismo

El fundamento del futurismo siempre fue el pretender que las profecías no se cumplieron en la época esperada. Eso hicieron los jesuitas con las profecías que describían la obra del papado medieval. Para lograr sus objetivos procuraron por todos los medios relativizar su cumplimiento, bajo un enfoque preterista o futurista. En el caso del futurismo de los hermanos que estamos considerando sobre Dan 12, para poder mantener su posición tienen igualmente que comenzar o continuar o terminar negando que los 1290 años partieron del año 508, fecha en que por primera vez desde la caída del imperio romano, se instituyó un sistema de gobierno de unión entre Iglesia (la Católica Romana) y Estado (Francia), con la fundación de París como su capital. Y esa misma ciudad fue la que dio el golpe de muerte al papado romano, a esa unión de Iglesia y Estado, cuando gobernaba Napoleón, en el año 1798 (sobre los testimonios de los historiadores, más otros hechos definidos que se dieron en ese año, véase mi libro The Seals and the Trumpets, excursus 1).
Pues bien, para negar estos hechos históricos y restarles relevancia, recurren estos hermanos futuristas a los intérpretes historicistas del Medioevo que muestran que no tenían una idea uniforme sobre su cumplimiento histórico (testimonios escogidos unilateralmente, dejando de lado los que dieron en el blanco: véase mi libro ya citado, excursus 1). También procuran mantener vigente el testimonio de algunos hermanos nuestros del pasado que no indagaron suficientemente en la historia, de no tener para entonces una respuesta clara con respecto a esas fechas (tal el caso del Comentario Bíblico Adventista que nos viene de mediados del siglo pasado, y que creyeron que habría más luz en el futuro sobre ese tema). Con esto procuran detener los avances que ha tenido nuestra iglesia en la comprensión de esas profecías en relación con su cumplimiento histórico. Todo esto, ¿para qué? Para crear la necesidad de un cumplimiento futuro sobre el cual puedan proyectar sus propias imaginaciones.
En su denodado esfuerzo para negar que la profecía de los 1290 años comenzó en el año 508, imponen restricciones al texto bíblico que se inventaron ellos mismos. Y cuando no pueden imponer tales restricciones al texto bíblico, recurren a los Escritos de E. de White para hacerlo. Pero su enfoque es unilateral, parcial, y no se preocupan por comprender todo lo que dijo E. de White sobre el tema. Así la malinterpretan supliendo cosas que ella no dice.
Este mismo argumento de negar el cumplimiento histórico de la profecía lo usó años atrás Marvin Moore para proyectar su futurismo sobre las trompetas del Apocalipsis (conservo su manuscrito). Pero tuvo una virtud. Ante la reacción de nuestra iglesia decidió entonces no publicar sus puntos de vista. Lo que Marvin Moore necesitaba era un estudio más extenso de la historia para poder conectar las trompetas del Apocalipsis en su lugar correspondiente. Pero estos otros futuristas de los que hemos estado tratando, se enceguecen con sus teorías particulares sobre el testimonio bíblico, como para no ver el cumplimiento histórico más vasto y preciso que tenemos hoy, y no hacen caso tampoco al pedido de sus administradores en la Unión donde trabajan, ni de la Asoc. General, de no difundir sus ideas. ¡Qué obstinación, digna de mejor causa!
Si la profecía de los 1290 días/años no comenzó en el 508, como pretenden estos hermanos futuristas, ¿qué ofrecen en cambio? Quieren hacer partir esa profecía en forma literal en el futuro, cuando se imponga la ley dominical, pero no saben dónde terminarla o, a lo sumo han estado sugiriendo que sería al concluir el tiempo de gracia, o al comenzar la primera plaga que indica que terminó el tiempo de gracia, o aún directamente en el fin del mundo. Y se cuidan mucho más en no definir los 1335 días de Dan 12:12 (algunos sugieren que esos días comenzarían cuando Dios anuncie el día y la hora de la venida de su Hijo).
Samuel Núñez pronostica en su libro que los 1290 días que el entiende ser literales, comenzarán “tan pronto como se imponga la observancia del ‘día domingo’ como un día de reposo obligatorio y universal”. Desde entonces, según él, “los días de nuestro mundo estarán, definitivamente, contados” (Núñez, 196). ¿Ven cuán vagas ideas proponen en lugar de la verdad profética y su cumplimiento histórico ya cumplido? Porque no sólo niegan el cumplimiento histórico preciso de los 1290 años, sino que proponen algo realmente incierto para el futuro. En efecto, “los días de nuestro mundo estarán contados” de la expresión de Núñez, pueden referirse al final del tiempo de gracia, o al fin del mundo mismo en la Segunda Venida de Cristo.
No hay vuelta que darle. La ley dominical permanecerá en vigencia hasta la Segunda Venida de Cristo, cuando se intentará destruir, a media noche, a los guardadores del sábado que no se someten al día papal (CS, 693-4). En otras palabras, no durará hasta que termine el tiempo de gracia, o caiga la primera plaga, sino hasta la venida de Cristo. Y si esto es así, ¿dónde van a poner los 1335 días que duran más largo tiempo? ¿Para qué citan tanto el Espíritu de Profecía, si no hacen caso a la advertencia de poner fechas hasta el fin del tiempo de gracia y el fin del mundo? ¡Burdo reemplazo de la verdad por la mentira! ¿Qué va a pasar con los que crean en tales sueños imaginarios, si desde que se imponga la ley dominical hasta la primera plaga pasan más de 1290 días literales? ¿Otro chasco que va a hacer trastabillar la fe de tantos hermanos que estarán pasando por una angustia atroz? ¡Cuántos se perderán así, por no escuchar las claras advertencias del Espíritu de Profecía! ¿Y si fuese menor el período? ¿No llevaría a muchos a pensar que todavía tienen más tiempo para prepararse, cuando ese tiempo se les acabó?

Advertencias adicionales de E. de White

Varios Congresos de la Asociación General con representantes de todo el mundo tomaron un voto de confianza y adhesión al don del Espíritu de Profecía en nuestro medio. De manera que es demasiada pretensión el presumir que un Congreso de la Asociación General debe tomar un voto rechazando algo que E. de White ya rechazó de plano, y que tiene que ver con fechas para el futuro. Uno se pregunta, en este contexto, para qué se toman estos hermanos futuristas el trabajo de citar tantas declaraciones de E. de White, procurándose abrir un espacio para proyectar para el futuro las fechas proféticas de Dan 12, si no prestan atención a las advertencias adicionales del Espíritu de Profecía. Carlos Capote argumenta que ella advirtió contra poner fechas para la Segunda Venida de Cristo, pero no para otros eventos entre 1844 y la Segunda Venida de Cristo. Pero la siguiente declaración no se refiere a una fecha para la Segunda Venida de Cristo, sino a la posición fanática de algunos pocos pelagatos que pretendían que sabían la fecha en que terminaría el tiempo de gracia. Leamos:
“Declaré definidamente a estas personas fanáticas… que estaban haciendo la obra del adversario de las almas; que se hallaban en tinieblas. Pretendían poseer una gran luz según la cual el tiempo de gracia terminaría en octubre de 1884. Entonces declaré en público que al Señor le había placido mostrarme que no habría una fecha definida para el mensaje dado por Dios desde 1844; y dije también que este mensaje, que es defendido con gran celo por cuatro o cinco personas, era una herejía… Esa luz no venía del cielo” (2 MS 83 [1885]).
En referencia a Apoc 10:6, ella escribió:
Este tiempo, que el ángel declara con un solemne juramento, no es el fin de la historia del mundo ni del tiempo de gracia, sino del tiempo profético que precederá al advenimiento de nuestro Señor, es decir, la gente no tendrá otro mensaje de tiempo definido.  Después de este lapso, que ahora abarca desde 1842 a 1844, no puede haber ningún cómputo de tiempo profético. El recuento más largo llega hasta otoño de 1844” (7 BC 971).
Aquí ella no sólo menciona que “la gente no tendrá otro mensaje de tiempo definido” entre 1844 y el fin de la historia del mundo, sino también entre 1844 y el fin “del tiempo de gracia”. Si los 1290 días comienzan cuando se impone la ley dominical, como esta gente lo hace (¿será que la expresión de E. de White, “fanáticos”, hacia los que interpretan la Biblia de esa manera, puede empleársela aquí?), ¿cuándo termina? ¿Qué pasa con los 1335 días? [Por más citas, véase mi otro trabajo titulado Enfrentando el Futurismo sobre Dan 12].
Bajo este contexto, la declaración siguiente de E. de White no puede ser entendida sino en el sentido de que los 1290 días y los 1335 días ya fueron cumplidos. Ella envió una carta de reprensión el 7 de noviembre de 1850, a un hombre que predicaba que “la destrucción de los malvados y el sueño de los muertos eran una abominación [véase Dan 12: 11] dentro de una puerta cerrada que una mujer Jezabel, una profetiza había introducido, y creía que esa mujer Jezabel era” E. de White. Ella respondió:
“Le hablamos a él de algunos de sus errores en el pasado, que los 1335 días habían terminado y muchos de sus errores” (Paris, Maine, Nov 27, 1850).[14]
Los hermanos futuristas agregan a esta cita la idea de “tales como”, para dar la idea de que E. de White reprendió a ese hermano por pretender que los 1335 días habían terminado en el pasado. Pero lo que ella afirma allí, contra la posición de ese hermano, es justamente lo contrario de lo que se nos quiere hacer creer. Ella está diciendo allí que los 1335 días habían, en efecto, terminado. En esos días, los adventistas creían como los milleritas, que los 1290 días y los 1335 días habían terminado. También E. de White declaró en ese año que nunca más tendríamos un mensaje basado en tiempo, ya que el tiempo no sería jamás una prueba para el pueblo de Dios, ni siquiera para la conclusión del tiempo de gracia,[15] algo que ella confirmó varias veces más tarde.
“Nunca más habrá un mensaje para el pueblo de Dios que se base en el tiempo. No hemos de saber el tiempo definido, ya sea del derramamiento del Espíritu Santo o de la venida de Cristo… Vi que algunos estaban siendo objeto de una falsa excitación provocada por predicar fechas, que el mensaje del tercer ángel puede permanecer sobre su propio fundamento y que no necesita de fechas para fortalecerse… No hemos de enfrascarnos en especulaciones en cuanto a los tiempos y las sazones que no ha revelado Dios” (1 MS, 220-1). “Satanás estará listo para dar a cualquiera que no aprende diariamente de Jesús, un mensaje especial de su propia creación a fin de anular la maravillosa verdad para este tiempo” (1 MS, 224).
Si E. de White reprendió a ese hermano por presuntamente creer que los 1335 días habían termina-do, según se pretende, ¿por qué no reprendió también a los demás hermanos que escribieron en la revista adventista (Review and Herald) de entonces, que esa fecha se había cumplido en 1844? ¿Por qué no reprendió a su esposo cuando, de nuevo en 1857 insistió en que esa fecha ya se había cumplido en el clamor de media noche del movimiento millerita, es decir, en 1844?[16]
Es evidente que E. de White creyó en que los 1335 días habían terminado, sin discutir la fecha exacta de la terminación. En armonía con la fe de nuestros pioneros, nuestra iglesia creyó también siempre, conforme a este testimonio, que todas las profecías fechadas ya se han cumplido. De manera que todo intento de introducir una “nueva luz profética” está destinada al fracaso. Son intentos del enemigo de introducir el caos interpretativo, que no tendrá éxito sino en los pocos que se dejen arrastrar por la fantasía.[17]

La interpretación de E. de White sobre Dan 12:13

Núñez cita una declaración de E. de White, junto con otros predicadores futuristas, que convendrá considerar en su entero ahora. Dice así:
“Las cosas reveladas a Daniel fueron complementadas posteriormente por la revelación hecha a Juan en la isla de Patmos… Dos veces inquirió Daniel, ¿hasta cuándo será el fin del tiempo? [How long shall it be to the end of time?, lo que podría interpretarse como, ¿cuánto faltará hasta el fin del tiempo? o ¿cuánto tiempo pasará hasta que llegue el fin del tiempo?]. Y oí, pero no entendí: entonces dije yo, Oh mi Señor, ¿cuál será el fin de estas cosas? Y él dijo, anda, Daniel, porque las palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin… Pero ve [anda] hasta que sea el fin: porque tú descansarás, y estarás de pie en tu lugar asignado [“lot”] al final de los días” (18MR, 15).
En esta declaración E. de White no es tan clara como pretende Núñez para interpretar a Daniel en la perspectiva final del tiempo del fin. Por el contrario, su declaración va en sentido inverso al que quiere definir nuestro amigo, ya que ella no está separando en esta cita “el fin del tiempo” del fin del período de opresión del rey del norte en 1798.
Observemos, en primer lugar que, según la Biblia, no fue Daniel quien inquirió las dos veces, sino sólo la segunda vez. La primera vez fue uno de los dos ángeles el que inquirió al varón vestido de lino sobre la duración (“¿hasta cuándo el fin de las cosas increíbles?”). Esto nos muestra que ella no está citando Dan 12:6 literalmente, sino haciendo una referencia general que refleja la inquietud del profeta y para quien el tiempo del fin y el fin del tiempo se asimilaban en una sola realidad.
En segundo lugar, ella no se refiere a su comprensión personal más amplia que tenía de los eventos del tiempo del fin por estar viviendo dentro de ese tiempo, sino que se refiere a la pregunta de Daniel, su problema, quien resumía el “tiempo del fin” como siendo “el fin del tiempo” mismo (según explicamos más arriba). Y, por supuesto, el clamor apocalíptico, “hasta cuándo”, cuya respuesta sabemos hoy comenzó a darse hace dos siglos atrás, es nuestro todavía porque ese tiempo del fin no terminó aún. Claro está, ese clamor lo damos con una ventaja, porque lo elevamos desde la perspectiva de su cumplimiento, sabiendo algo que no sabía Daniel, que “el tiempo del fin” sería más largo del esperado, pero que ya habría llegado (Apoc 14:7: “ha llegado”).[18]
[A responder la pregunta, “¿hasta cuándo?”, dediqué mi tercer seminario sobre el santuario publicado recientemente, Las Expectaciones Apocalípticas del Santuario (320 págs)].
Otras citas complementarias. En la cita completa que tradujimos más arriba, E. de White concluye citando Dan 12:13, que es el versículo final del capítulo y del libro. La expresión que aparece allí, “al final de los días”, puede referirse a los días proféticos mencionados en todo el libro de Daniel que se conectan entre sí en el capítulo 12, según ya vimos (Dan 12:7,11-12). Por supuesto, esto no excluye tampoco que esos sean los días finales en la perspectiva de Daniel, ya que consumaban toda la historia de este mundo. La aclaración de que ese tiempo final mismo lo conocería únicamente Dios vino mucho después, por el Hijo de Dios mismo.
E. de White también ubicó “el fin de los días” de Dan 12:13 en el tiempo del fin, cuando según Apoc 10, el librito de Daniel fue desellado (entre 1798 y 1844, y en relación con la séptima trompeta que abre la puerta del santuario celestial al juicio final en el lugar santísimo:  Apoc 10:1-11; 11:15,18-19). Sería en ese entonces que la profecía de Daniel y su cometido serían desellados y cumplidos. Y ella estuvo en lo correcto, porque entendió la inquietud de Daniel cuando quiso saber por el “fin del tiempo”.
Comparemos la cita anterior con otras que amplían su comprensión.
“Daniel se puso de pie en su lugar asignado [“lot”] para llevar su testimonio que fue sellado hasta el tiempo del fin, cuando el mensaje del primer ángel debía ser proclamado a nuestro mundo… El libro de Daniel es desellado en la revelación dada a Juan, y nos conduce hacia las últimas escenas de la historia de esta tierra”. “Daniel ha estado de pie en su lugar asignado [Daniel has been standing in his lot] desde que fue quitado el sello y la luz de la verdad ha estado brillando sobre sus visiones. El está de pie en su lugar asignado, llevando el testimonio que debía ser entendido al final de los días” (1SAT, 225).
Vemos que el “final de los días” al que se refiere Dan 12:13 al concluir su libro, E. de White lo aplica a todo el período del tiempo del fin, que comienza en 1798/1844 y concluye en la 2da. Venida de Cristo. Hoy sabemos que ese tiempo, el del fin, lleva más de 164 y hasta 200 años (dependiendo si contamos de 1798 o de 1844). La aplicación que hace E. de White sobre Dan 12:13 es legítima porque la palabra hebrea goral, que algunas versiones traducen por “herencia”, significa también “suerte”, “asignación”, “porción”, “posición”, etc. Tal “parte” o “asignación” podía tener que ver en la Biblia con una herencia o lugar, o con una posición o cargo (1 Crón 24:5,7,31; 25:8-9; 26:13-14), etc. Y siendo que esa asignación se la obtenía de Dios, en la antigüedad mediante los Urim y Tummim, podemos ver que la tarea que se le asignó a Daniel para el tiempo del fin con su testimonio, tendría que ver con los oráculos que Dios le reveló.
Si como Daniel, miramos el tiempo del fin como una unidad sin cómputo temporal, podemos entender con E. de White que Daniel está de pie en la Iglesia Adventista, proclamando a través de ella su mensaje durante todo el tiempo del fin (desde 1798/1844 hasta el fin del tiempo de gracia). Esa es la asignación o cargo o lugar que Dios le adjudicó a Daniel para el tiempo del fin, y que la cumple a través de nuestra iglesia.
De una manera semejante, se le asigna a Juan pasar por una experiencia simbólica del chasco que experimentarían los adventistas que creyesen que con la llegada del tiempo del fin, todo se consumaba ya (Apoc 10:8-10). La experiencia de Juan fue la experiencia del movimiento adventista millerita;  y el cometido que recibió el apóstol después del chasco, de profetizar de nuevo “a muchos pueblos y naciones, lenguas y reyes” (Apoc 10:11; 14:7), es el cometido que recibió la iglesia del tiempo del fin después del chasco de 1844, esto es, el cometido de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. También es el cometido profético que Dios le asignó a Daniel, aunque él debió sellarlo en sus días para que pasase desapercibido antes de su cumplimiento, pero que ahora fue desellado por el Ángel de Apoc 10 a la Iglesia Adventista que nació y se desarrolló a partir y por medio de su testimonio profético.
Llama la atención que en otra cita, E. de White junte dos términos para describir la obra de Daniel “al final de los días”. Ellos son “lot” y “place”, lo que permite concluir que por el término “lot” ella entendió el “lugar asignado” que Dios le dio a Daniel para el tiempo del fin. “Sus maravillosas profecías, como las registró en los capítulos 7 al 12 del libro que lleva su nombre, no fueron entendidas plenamente ni por el mismo profeta;  pero antes que las labores de su vida terminasen, se le dio la bendita seguridad de que ‘en el fin de los días’—en el período de cierre de la historia de este mundo—se le permitiría de nuevo estar de pie en su asignación (“lot”) y lugar” (PK, 547). La traducción al español que aparece en PR, 402, muestra que el traductor entendió que las palabras lot y place eran sinónimas para E. de White, por lo que tradujo simplemente “en su lugar”.[19]
Una vez más podemos ver que ese “período de cierre de la historia de este mundo” o “fin de los días” o “fin del tiempo” según la otra cita de más arriba, abarca para E. de White todo “el tiempo del fin” que se le había sellado a Daniel. Y aunque en otras citas pueda referirse al fin mismo, cuando considera la profecía de Daniel, su comprensión, esas expresiones se superponen con las del “tiempo del fin”.

Los años literales del milenio

¿Qué decir del milenio? ¿Serán años literales? Como podrán imaginarse, los futuristas de las fechas proféticas de Daniel y Apocalipsis, procuran también justificar la mescolanza simbólica-literal que hacen de días literales a veces, y años en otras, en que el milenio expresado en años será literal. Nuestra respuesta es que se trata de otra dispensación. E. de White respondió en las declaraciones anteriores, y en varias más, basadas en Apoc 10:6, que “el tiempo profético” terminó en 1844, y que no queda más “período de tiempo definido” hasta la segunda venida de Cristo, ni profético ni de ninguna clase. En cuanto a la vida eterna, lo que ocurrirá en el más allá, en la casa del Padre, sabemos que Dios no hablará más en parábolas, sino directamente. No habrá más profecías tampoco, como lo afirmó el apóstol Pablo. “Las profecías terminarán… Porque ahora conocemos en parte, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo que es perfecto, desaparecerá lo imperfecto…, veremos cara a cara” (1 Cor 13:12). Jn 16:25 (“no os hablaré más en parábolas”) y Heb 8:11, van en la misma dirección. Tienen como punto final la terminación de este mundo y el comienzo del reino eterno.

Conclusión

Los futuristas de las fechas proféticas de Dan 12 han procurado fundamentar sus puntos de vista en tres palabras claves para ellos que, en realidad, van directamente contra su interpretación. Esas palabras se encuentran en Dan 12:6 y 11. Se trata de los términos “cosas increíbles” (pela’ot), “servicio diario” (tamid), y “abominación desoladora” (siqqus sommem). ¿Por qué esas palabras van más bien en un sentido contrario al enfoque futurista que ofrecen al intentar proyectar los 1260, 1290 y 1335 días al futuro? Por múltiples razones que procuraremos sintetizar.
Estructuralmente, Dan 12:6-13 se encuentra en la parte explicativa de la visión. Así como en cada visión anterior, luego de la visión viene una sección explicativa de lo que se le reveló al profeta; así también al concluir la última visión en Dan 12:4, viene una sección explicativa de unos siete versículos. El pretender que en esa parte explicativa, el profeta debía recibir únicamente una orientación en cuanto a los sucesos finales de la visión, es ridículo. Prácticamente todos los términos que allí se refieren muestran la preocupación más grande del profeta que es la obra y palabras “increíbles” (pela’ot) del rey del norte y del cuerno pequeño (el papado romano medieval).
¡No restrinjan el significado de los términos que usó Daniel, divorciándolos de los términos equivalentes de las visiones anteriores, para así darles un sentido diferente vinculándolos a hechos que Daniel no catalogó con esos términos! Ni por el hebreo ni por su traducción griega se puede negar la conexión de los pela’ot de Dan 12:6 (“cosas increíbles”), con los nipela’ot de Dan 8:24 y 11:36, como refiriéndose a las obras y declaraciones asombrosas del papado romano. En cambio tales términos no aparecen en relación con el “tiempo del fin”, a saber, en Dan 11:40-12:4.
Todos los que quieren proyectar el “servicio diario” (tamid) hacia la obra final del príncipe celestial en el lugar santísimo carecen de toda documentación bíblica y del Espíritu de Profecía. Dislocan la tipología bíblica imponiendo criterios teológicos ajenos al contenido profético de Daniel y del ritual levítico. Esa es la razón por la cual procuran traducirla en forma más vaga y general como “la continuidad”. Para ello no prestan atención ni a las palabras que el profeta utilizó, ni al lugar en el que las proyectó. ¿Acaso al obrar así, no están haciendo lo mismo que el cuerno pequeño (papado), quien intentó cambiar los tiempos y la ley? Porque al proyectar el “servicio diario” (tamid) que se efectuaba en el lugar santo, al lugar santísimo después de 1844, están cambiando los tiempos proféticos.
En Daniel el término tamid está ligado al santuario, y debía durar hasta 1844 (los 2300 días/años), cuando Jesús iba a dejar de interceder por su pueblo frente a los muebles del lugar santo, para oficiar frente al arca en el lugar santísimo. Si Daniel no vincula ese término al servicio particular sobre un mueble del primer departamento, es porque resume el servicio que se efectuaba en los tres muebles de ese lugar. De manera que para captar el mensaje de Daniel hay que despojarse de todo “ídolo” teológico “acariciado” (parafraseando a E. de White), y ajustar los criterios teológicos y/o proféticos dogmáticos particulares a la revelación divina. También hay que prestar atención a la gramática hebrea, en especial la de Dan 8:13-14, para no violentar el sentido del texto en un nuevo intento de tornar vago el mensaje divino. Allí dice literalmente:  “¿Hasta cuándo… el servicio diario (tamid)…? Hasta” 1844.
En efecto, el “servicio diario” sacerdotal (como lo llamó E. de White), o “servicio continuo”, “regular”, se efectuaba frente a los tres muebles del lugar santo, pero nunca sobre el arca del lugar santísimo, porque ese servicio final se efectuaba sólo una vez al año para cerrar los servicios cotidianos. También se efectuaba ese “servicio diario” frente al altar de los holocaustos en el patio. No todos los sacrificios que allí se ofrecían eran considerados un tamid. Bajo este término se refiere Moisés a los holocaustos de mañana y tarde que ofrecían los sacerdotes y que, en la nueva dispensación, se cumplieron de una vez en Cristo, por lo que no tiene necesidad de repetirlos constantemente, ni estar entrando y saliendo cada día como lo hacían los antiguos sacerdotes en el templo terrenal.
El ministerio de Cristo en el santuario celestial es de otro orden. Así como no tuvo el Señor que estar entrando en el lugar santísimo cada año desde su ascensión en el año 31, sino sólo al final de la dispensación cristiana y esto lo hizo en 1844; así tampoco tiene que requerírsele que, desde entonces, esté volviendo al lugar santo para efectuar un “servicio diario” frente a los muebles de ese lugar. La declaración: “No ha de haber hombre alguno en el Tabernáculo de Reunión [lugar santo] cuando él entrare para hacer expiación dentro del santuario [lugar santísimo], hasta que salga” (Lev 16:17; CS, 481), prueba que no se ofrecía un tamid en el lugar santo en esa ocasión. Al final de esa intercesión que por única vez tenía en cuenta no sólo la purificación del pueblo (Lev 16:17,30), sino también la purificación del santuario (Lev 16:16), el sumo sacerdote pasaba al lugar santo no para iniciar un nuevo servicio diario por su pueblo allí, sino para purificar también el altar del incienso (Lev 16:16b-17). Entonces salía al patio para purificar el altar exterior y expulsar los pecados del pueblo fuera del campamento (Lev 16:18ss).
De manera que ya tenemos dos argumentos para negar que los 1290 días de Dan 12:11 se puedan proyectar al futuro. Uno se basa en un análisis de la estructura literaria de Dan 12:6-13, y el otro en el tiempo indicado en las visiones anteriores y respaldadas por el servicio ritual del santuario terrenal. ¿Cómo vamos a poner los 1290 días de quitamiento de la intercesión de Cristo en el lugar santo del templo celestial, en una época en la que estaría sirviendo en el lugar santísimo? A esto se suma la realidad innegable en Daniel, de una proyección exclusiva de estos tres términos que estuvimos considerando, a la época anterior a la del “tiempo del fin”.
¿Cómo resumir “la abominación desoladora” (siqqus sommem) de Dan 12:11? Muchas cosas son abominables a la vista de Dios, inclusive el domingo impuesto como día de reposo en lugar del sábado. Pero “la abominación desoladora” de la que habló Daniel tiene que ver con la imposición de un sacerdocio impostor (el papado romano) en lugar del sacerdocio regular de Cristo en el santuario celestial, no con la imposición del domingo en lugar del sábado. Porque el mandamiento del sábado no es un servicio sacerdotal, y existió antes que se levantase el templo terrenal, y aún antes que entrase el pecado en el mundo (Gén 2:1-3), y seguirá luego en la tierra nueva por toda la eternidad (Isa 66:22-23). En cambio el “servicio diario” simbólico efectuado en el lugar santo, llamado tamid, tiene su fin: 1844 (Dan 8:13-14). Por tal razón, nuevamente, no podemos proyectar al futuro los 1290 días/años, ni tampoco los 1335 días/años que dependen del comienzo de los 1290 días/años. El “servicio anual” simbólico debía efectuarse en el lugar santísimo, y extenderse en el santuario del nuevo pacto hasta el fin del tiempo de gracia.
A esto se suman las declaraciones contundentes de E. de White que advierten que la proyección de los 1335 días hacia el futuro es un error, y niegan dobles o triples cumplimientos en las profecías apocalípticas (algo que se puede probar por la Biblia). Ella rechaza también todo intento de proyectar fechas para el futuro después de 1844, la última fecha fechada de la Biblia que ya se cumplió. Esto se refiere no solamente a intentar poner fechas para la venida de Cristo, sino para cualquier tipo de fecha que se quiera establecer después de 1844 entre eventos anteriores a la Segunda Venida. ¿En qué se basa? En Apoc 10:6 que dice que “el tiempo no será más”, en relación a fechas proféticas.
E. de White se refiere a los que ponen fechas para el futuro como “fanáticos”. Cuidemos de no caer en la misma trampa para confundir y debilitar el mensaje profético que Dios nos dio. Eso es más grave de lo que muchos piensan. Se pueden perder muchas almas por “debilitarse la fe” de esa manera, en el mensaje que Dios nos dio como pueblo para estos últimos tiempos. El sello final de Dios, un sello de protección de las plagas finales, no será puesto sobre los que tengan un ídolo teológico que al fin y al cabo, en los que recibieron la luz que se ha dado a la Iglesia Adventista, es terquedad (lo que es también un ídolo). Los tales recibirán las penas eternas. ¡Ojalá no sea ese el caso de nadie que lea o haya leído estos mensajes!

Autor:
Dr. Alberto R. Treiyer
Goldsboro, Agosto de 2009



[1] Ese es el problema de mi tío, Humberto Raúl Treiyer, para quien el tamid del lugar santo debía proyectarse también a la obra final de Cristo en el lugar santísimo. Él se basa en la descripción del ministerio de Cristo que da el apóstol Pablo en Hebreos 7: 24-28, y en otros pasajes de esa misma epístola, que describen que el ministerio de Cristo es irrepetible. Parece no darse cuenta que, mediante una mala lectura de la Epístola a los Hebreos, está pretendiendo reinterpretar o, peor aún, anular el testimonio de Daniel. En efecto, pretende que, por el hecho de que Jesús no tiene necesidad de estar repitiendo su sacrificio, ni pasárselas entrando y saliendo cada día y cada año del santuario celestial, el tamid que ejerce debe abarcar todo el período de intercesión celestial, incluyendo el final en el lugar santísimo. Así confunde la anulación del sistema ritual repetitivo antiguo con su proyección tipológica única que es doble, porque se cumple en dos lugares y momentos sucesivos, el santo (con el tamid), y el santísimo (con la purificación final del santuario).
[2] Luego de describir la escena de Jesús en la casa de Simón el leproso, E. de White proyecta la mediación de Jesús en el santuario celestial. Cuando ella menciona que “ahora” Jesús está oficiando ante el altar de oro, lo hace en una referencia general a la dispensación cristiana (DTG, 522). Por eso agrega que las almas que buscan al Señor “están de pie junto al gran Expiador del pecado, en la luz que procede del trono de Dios” (DTG, 522). El “ahora” es el equivalente al “ahora” de Heb 9:24,26, que abarca toda la dispensación cristiana. También cita Rom 8:33-34 en el mismo párrafo, donde dice que Jesús “está a la diestra de Dios”. En sentido estricto, sin embargo, hoy no está sentado (desde 1844) a la diestra de Dios, sino de pie “delante Dios”, con el incensario puesto sobre el arca, no sobre el altar del incienso (Apoc 3:5; 5:6). Véase abundantes citas de E. de White que aclaran el hecho en A. R. Treiyer, Las Expectaciones Apocalípticas del Santuario (2008), 153-4. En otra ocasión ella aplica el principio de la intercesión basada en la visión de Apoc 8:4-5, sin negar que la intercesión de Cristo se dé hoy en el lugar santísimo, en armonía con el ritual hebreo y las profecías de Daniel (HM, 6-1-97, 15).
[3] Así como el ministerio simbólico en el lugar santo que se efectuaba durante el año se extendió en el ministerio celestial por 1810 años, así también el ministerio que duraba un día en el santuario terrenal iba a extenderse por un tiempo no revelado.
[4] Algunos han argumentado que porque no aparece la imposición de manos para el sacrificio purificatorio de Lev 16;15, no hay transferencia de pecado, sino solamente una purificación del santuario que había sido contaminado con anterioridad. Pero hay muchos otros casos en los que no aparece imposición de manos, sin que se elimine de la ley la transferencia del pecado. Tal es el caso de Lev 9:15; 10:16-17, así como el del macho cabrío de cada mes y fiesta hebrea (Núm 28:15,22,30, etc), y el de la vaca rojiza cuyo valor era múltiple (Núm 19:3-4). Es probable que esto se deba a que se trataban de sacrificios generales que se ofrecían para que los que no podían venir con su propia ofrenda por el pecado, se apropiasen individualmente de su expiación. También podría deberse a que el legislador consideró suficientemente clara la prescripción inicial en Lev 4, como para no necesitar repetir cada vez la imposición de manos [véase detalles en A. R. Treiyer, The Day of Atonement…, 188-192).
[5] En su libro sobre Dan 11 y 12, mi tío Humberto Raúl Treiyer confunde el significado de la palabra tamid con el significado del término ‘olam o, al menos, parece atribuirles el mismo significado. Samuel Núñez adopta esa misma traducción “continuidad”.
[6] No es de extrañar que los futuristas de Dan 12 prefieran la traducción “continuidad”, porque así pueden tornar vaga su proyección en el santuario celestial e imponer arbitrariamente el servicio diario tamid en el lugar santísimo.
[7] Una excepción parece ser la indicación al sacerdote de ponerse “su vestido de lino” simple (bad), esto es, su “calzoncillo de lino” simple (bad), para quitar durante el año las cenizas del altar (Lev 6:10). La palabra mad se refiere a un vestido en general que puede ser el del sacerdote (Sal 133:2) o de una persona común (1 Sam 4:12).  La especificación del “calzoncillo de lino” en Lev 6:10, parece implicar la prenda específica que, tal vez, usaron siempre los sacerdotes a diferencia de los demás vestidos interiores de “lino fino” (ses) que usaba durante el año el sumo sacerdote en común con los demás sacerdotes (véase Éx 39:28, en donde se indica que el calzoncillo estaba hilvanado con lino simple [bad] y lino fino [ses] combinados). En el caso de que en Lev 6:10 se refiera el lino simple (bad) a todos los vestidos del sacerdote común, puede tratarse del hecho de que debía retirar las cenizas del altar para ser llevadas fuera del campamento, así como el sumo sacerdote quien en el Día de la Expiación debía quitar los pecados del santuario con sus ropas inferiores de lino simple, y poner esos pecados sobre el macho cabrío vivo que iba a transportarlos al desierto (Lev 16:22-24).
[8] E. de White cree que el pueblo de Dios debe ofrecer un culto a Dios cada mañana y cada tarde. La piedad diaria que Dios requería al antiguo Israel es la misma que requiere de su pueblo hoy, y todo el cielo tiene en cuenta ese hecho (2 SM, 439; CG, 519; HM, 6-1-97, 15). También dice que hay ángeles que ofrecen el incienso con las oraciones de los santos, una referencia probable a Apoc 5:8, en donde no se los describe como oficiando frente al altar del incienso (CG, 519). Y también declara que Cristo pone, figuradamente, un incensario en las manos de sus fieles que oran en la tierra (HP, 77; SpTV02, 28; ST 6-18-96, 8).
[9] Es interesante observar que cuando la Biblia quiere hablar de la permanencia de una ley, usa también el término ‘olam, no tamid. Una ley o estatuto no es algo que se emite periódicamente, sino en forma permanente. Mientras que el servicio diario se efectúa como un tamid (en forma regular), el reglamento que lo establece o define se lo da como un ‘olam (en forma definitiva). Por referencias de “estatuto perpetuo” (huqat ‘olam), véase Lev 3:17; 7:34; 10:15; 16:29; 23:14,41; 24:3; Núm 15:15; 18:8,19 (beri’t y huqat con ‘olam); 19:10; véase Ex 12:14)
[10] Es notable que Lutero vio en esa declaración de Jesús, “el que lee, entienda”, una referencia al papado romano. Véase más adelante.
[11] A. M. Rodríguez, The Abomination that Causes Desolation (BRI Newsletter, April 2007), piensa que el plural siqqusim podría ser interpretado como “un plural de intensificación”, significando “abominación completa que causa desolación”.
[12] No es la misma expresión que en el griego de Dan 8:17,19 y 11:40.
[13] Así lo entendieron los reformadores como Juan Hus cuando dijo: “Ahora los siervos fieles de Dios pueden comprender lo que nuestro Salvador Cristo dio a entender al decir: ‘Cuándo vean la abominación de la desolación, de la que habló Daniel,’ etc., ‘el que lee, entienda’, etc.” “El papado es la abominación de la deificación propia en el lugar santo” (Lessons From the Reformation, Alonzo Jones, Chapter 15, The Reformation and the Papacy, (Ages Software). También Lutero declaró en un sermón:  “Verdaderamente el reino del papa es una ira horrible de Dios, una abominación de desolación que se establece en el lugar santo, como dijo Cristo hablando directamente de ello:  ‘El que lea entienda. Mat 24” (véase referencias más adelante).
[14] E. G. White, "To the Church in Bro. Hastings house," Nov. 7, 1850(Letter H-28, 1850). Publicado en idem, Manuscript Releases (Silver Spring, MD: Ellen G. White Estate, 1990), 5:203; ibid., 6:251; ibid., 16:208. 
[15] E. G. White, "Dear Brethren and Sisters," Present Truth, Nov. 1850, 87. Véase también PE, 75 (1945).
[16] See, for example, J. N. Loughborough, "The Hour of His Judgment Come," Advent Review, and Sabbath Herald, Feb. 14, 1854, 30; U[riah] S[mith], "Short Interviews with Correspondents," Advent Review, and Sabbath Herald, Feb. 24, 1863, 100; [idem], "The Sanctuary ," Advent Review, and Sabbath Herald, Sept. 8, 1863, 116.
[17] Por un artículo claro, sencillo y al punto sobre el problema de estas nuevas teorías, véase Alberto R. Timm, The 1,290 and 1,335 Days of Daniel 12, en BRI (2009):
[18] Incluso E. de White no sabía tampoco que tendríamos que pasar más de 164 años todavía en este mundo. Cuatro años después del chasco le preguntó al ángel cuánto tiempo faltaba, porque creía, como todos los que habían pasado por el chasco, que la venida del Señor era inminente. Pero el ángel le respondió que siguiera las abiertas providencias de Dios.
[19] Véase también A. Timm, en el artículo ya citado, quien muestra que ella creía que Daniel estaba en su posición o lugar dando el anuncio del tiempo del fin a través de la Iglesia Adventista desde 1844.

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