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lunes, 26 de julio de 2010

LA RESURRECCIÓN ESPECIAL: EL REGALO QUE AGUARDA A LOS ADVENTISTAS



La resurrección (Gr. exanástasis), es una enseñanza bíblica. Este será un vento seguido a la parusía de Cristo, pues, “cuando Cristo venga, todo creyente que haya existido jamás, no importa su edad, sexo, educación, nivel económico o raza, participará en la gloriosa celebración de su venida”.[1]


La Biblia señala dos resurrecciones generales: La resurrección para vida eterna para los justos y una resurrección para condenación para los impíos (Jn. 5:28, 29; Hch. 24:15).[2]


Más el Espíritu de Profecía señala que habrá una resurrección que anteceda a la venida del Señor Jesús. Es decir, que habrá una resurrección (especial) que podrá presenciar la venida de Jesús en su plenitud.


LA RESURRECCIÓN ESPECIAL

Esta enseñanza, aunque muy poca popular entre los adventistas es sin duda alguna una “gran esperanza”. La Biblia dice: “Y oí una voz del cielo que dijo: “Escribe: ¡Dichosos los que de aquí en adelante mueren en el Señor! Cierto-dice el Espíritu, descansarán de sus fatigas, porque sus obras les siguen” (Ap. 14:13).


Según el CBA, el verso anterior es una de las siete bienaventuranzas del Apocalipsis juanino, y en cuanto a quiénes son los dichosos los que de aquí en adelante mueren, expresa: “Se refiere sin duda a período de los mensajes de los tres ángeles, dentro del cual se halla el tiempo de la persecución que desatarán la bestia y su imagen, cuando se impongan es aislamiento social y la sentencia de muerte (ver com. cap. 13:12-17). Los que mueran en este tiempo descansarán por un momento, hasta que pase la indignación. Y luego tendrán el privilegio de participar de la resurrección especial, la que precederá a la resurrección general de los justos (ver com. Dan. 12: 2).”[3]


Daniel y Apocalipsis: La profecía y la revelación

El libro de Daniel expresa “En aquél tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que protege a tu pueblo. Y será tiempo de angustia, cual nuca fue desde que hubo gente hasta entonces. Pero en ese tiempo será librado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el Libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados. Unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión eterna” (12:1,2).


Según la cronología apocalíptica, esto correspondería a la salida de Jesús del Lugar santísimo del Santuario Celestial. Donde se quita las vestiduras de sumo sacerdote universal y se manifiesta como el Arcángel Miguel. Aunque no se puede precisar fechas, es claro que este evento será antes de Su segunda Venida, y definitivamente será para “el tiempo del fin” (12:4).


Pero Daniel no nos deja a ciegas, sino que dejó registrado la explicación de la profecía, al menos en parte. Después de decirnos el tiempo de “terror del cuerno pequeño”, 1290 días o años (12:11), nos dice: “Bienaventurado el que espere y llegue a 1335 días” (12:12).


Según esta datación profética, 1335 días es igual a 1335 años (con el principio día por año Nm. 14:34; Ez. 4:4-6), esto llegaría a 1843-4 iniciando la datación desde el 508 después de Cristo, los acontecimientos que rodean esta fecha, tales como la conversión a la fe católica de Clodoveo, rey de los francos, y la victoria sobre los godos, un importante paso en el establecimiento de la supremacía de la Iglesia Católica en el Occidente.


Es importante hacernos una pregunta, ¿Porqué son bienaventurados los que esperen y lleguen a 1335 años, o a 1843-4? Simple, el nacimiento de un pueblo según la profecía de Apocalipsis 10, a la que se le dijo: “Es necesario que profetices otra vez a muchos pueblos y naciones, pueblos y reyes” (10:11). La encargada de predicar el mensaje profético de los tres ángeles de Apocalipsis 14:6-11.


Los felices (o bienaventurados) de Daniel y Apocalipsis

Entonces, es tiempo de volver al texto iniciado: “Y oí una voz del cielo que dijo: “Escribe: ¡Dichosos los que de aquí en adelante mueren en el Señor! Cierto-dice el Espíritu, descansarán de sus fatigas, porque sus obras les siguen” (Ap. 14:13) y compararlo con el “candado Daniel”, “Bienaventurado el que espere y llegue a 1335 días” (12:12).


Con todos los textos citados, es imprescindible entender que hay algo maravilloso y extraordinario para los que “lleguen y esperen”, según Daniel, y “los que de aquí (1844) en adelante, mueren en el Señor”, según Apocalipsis.


Todo adventista sabe que esta fecha es conocida como un “chasco”, sin embargo, aunque fue una experiencia triste para los pioneros adventistas, es necesario saber que hay “un regalo que les aguarda a este grupo de personas”, las que murieron y viven, vivirán o morirán; amando, anunciando, apresurando y aguardando la Segunda Venida de Cristo Jesús.


¿Y cuál es ese regalo o en qué consiste? La resurrección especial. La resurrección especial precede, repetimos, al Segundo Advenimiento. En palabras de Elena G. de White, “Todos los que hayan muerto en la fe del mensaje del tercer ángel, salen glorificados de la tumba, para oír el pacto de paz que Dios hace con los que guardaron su ley. "Los que le traspasa ron" (Apocalipsis 1: 7), los que se mofaron y se rieron de la agonía de Cristo y los enemigos más acérrimos de su verdad y de su pueblo, son resucitados para mirarle en su gloria y para ver el honor con que serán recompensados los fieles y obedientes.”[4] Ellos se levantarán en esa ocasión.


¿En qué momento se dará la resurrección especial?

La resurrección especial se dará, antes de que Jesús aparezca en las nubes de los cielos. Pues, después de esto (de la resurrección especial), Elena G. de White dice:

“Desde el cielo se oye la voz de Dios que proclama el día y la hora de la venida de Jesús, y promulga a su pueblo el pacto eterno. Sus palabras resuenan por la tierra como el estruendo de los más estrepitosos truenos. El Israel de Dios escucha con los ojos elevados al cielo. Sus semblantes se iluminan con la gloria divina y brillan cual brillara el rostro de Moisés cuando bajó del Sinaí. Los malos no los pueden mirar. Y cuando la bendición es pronunciada sobre los que honraron a Dios santificando su sábado, se oye un inmenso grito de victoria.

Pronto aparece en el este una pequeña nube negra, de un tamaño como la mitad de la palma de la mano. Es la nube que envuelve al Salvador y que a la distancia parece rodeada de obscuridad. El pueblo de Dios sabe que es la señal del Hijo del hombre. En silencio solemne la contemplan mientras va acercándose a la tierra, volviéndose más luminosa y más gloriosa hasta convertirse en una gran nube blanca, cuya base es como fuego consumidor, y sobre ella el arco iris del pacto. Jesús marcha al frente como un gran conquistador. Ya no es "varón de dolores," que haya de beber el amargo cáliz de la ignominia y de la maldición; victorioso en el cielo y en la tierra, viene a juzgar a vivos y muertos. "Fiel y veraz," "en justicia juzga y hace guerra." "Y los ejércitos que están en el cielo le seguían." (Apocalipsis 19: 11, 14, V.M.) Con cantos celestiales los santos ángeles, en inmensa e Innumerable muchedumbre, le acompañan en el descenso. El firmamento parece lleno de formas radiantes,- "millones de millones, y millares de millares." Ninguna pluma humana puede describir la escena, ni mente mortal alguna es capaz de concebir su esplendor. "Su gloria cubre los cielos, y la tierra se llena de su alabanza. También su resplandor es como el fuego." (Habacuc 3: 3, 4, V.M.) A medida que va acercándose la nube viviente, todos los ojos ven al Príncipe de la vida. Ninguna corona de espinas hiere ya sus sagradas sienes, ceñidas ahora por gloriosa diadema. Su rostro brilla más que la luz deslumbradora del sol de mediodía. "Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: Rey de reyes y Señor de señores." (Apocalipsis 19: 16.).”[5]


Y continúa diciendo Elena G. de White: “Entre las oscilaciones de la tierra, las llamaradas de los relámpagos y el fragor de los truenos, el Hijo de Dios llama a la vida a los santos dormidos. Dirige una mirada a las tumbas de los justos, y levantando luego las manos al cielo, exclama: "¡Despertaos, despertaos, despertaos, los que dormís en el polvo, y levantaos!" Por toda la superficie de la tierra, los muertos oirán esa voz; y los que la oigan vivirán. Y toda la tierra repercutirá bajo las pisadas de la multitud extraordinaria de todas las naciones, tribus, lenguas y pueblos. De la prisión de la muerte sale revestida de gloria inmortal gritando "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (1 Corintios 15: 55.) Y los justos vivos unen sus voces a las de los santos resucitados en prolongada y alegre aclamación de victoria. Todos salen de sus tumbas de igual estatura que cuando en ellas fueran depositados. Adán, que se encuentra entre la multitud resucitada, es de soberbia altura y formas majestuosas, de porte poco inferior al del Hijo de Dios. Presenta un contraste notable con los hombres de las generaciones posteriores; en este respecto se nota la gran degeneración de la raza humana. Pero todos se levantan con la lozanía y el vigor de eterna juventud. Al principio, el hombre fue creado a la semejanza de Dios, no sólo en carácter, sino también en lo que se refiere a la forma y a la fisonomía. El pecado borró e hizo desaparecer casi por completo la imagen divina; pero 703 Cristo vino a restaurar lo que se había malogrado. El transformará nuestros cuerpos viles y los hará semejantes a la imagen de su cuerpo glorioso. La forma mortal y corruptible, desprovista de gracia, manchada en otro tiempo por el pecado, se vuelve perfecta, hermosa e inmortal. Todas las imperfecciones y deformidades quedan en la tumba. Reintegrados en su derecho al árbol de la vida, en el desde tanto tiempo perdido Edén, los redimidos crecerán hasta alcanzar la estatura perfecta de la raza humana en su gloria primitiva. Las últimas señales de la maldición del pecado serán quitadas, y los fieles discípulos de Cristo aparecerán en "la hermosura de Jehová nuestro Dios," reflejando en espíritu, cuerpo y alma la imagen perfecta de su Señor. ¡Oh maravillosa redención, tan descrita y tan esperada, contemplada con anticipación febril, pero jamás enteramente comprendida!

Los justos vivos son mudados "en un momento, en un abrir de ojo." A la voz de Dios fueron glorificados; ahora son hechos inmortales, y juntamente con los santos resucitados son arrebatados para recibir a Cristo su Señor en los aires. Los ángeles "juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro." Santos ángeles llevan niñitos a los brazos de sus madres. Amigos, a quienes la muerte tenía separados desde largo tiempo, se reúnen para no separarse más, y con cantos de alegría suben juntos a la ciudad de Dios.

En cada lado del carro nebuloso hay alas, y debajo de ellas, ruedas vivientes; y mientras el carro asciende las ruedas gritan: "¡Santo!" y las alas, al moverse, gritan: "¡Santo!" y el cortejo de los ángeles exclama: "¡Santo, santo, santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso!" Y los redimidos exclaman: "¡Aleluya!" mientras el carro se adelanta hacia la nueva Jerusalén.”[6]


Como podemos ver, claramente Elena G. de White, la profeta de Dios, señala que hay dos resurrecciones, una antes de que Jesús aparezca en las nubes de los cielos (resurrección especial), y otra después que Jesús haya aparecido en las nubes de los cielos, pues Jesús mismo los llama de sus tumbas (primera resurrección general, o resurrección de los justos para vida eterna).



CONCLUSIÓN

¡Qué privilegio pertenecer a la Iglesia Adventista del Séptimo Día!

Ese es el regalo más grande que Dios le aguarda a los que murieron, viven, morirán y vivirán, amando, anunciando, apresurando y aguardando la Segunda Venida de Jesús. Porque si bien es cierto habrán más salvos, los adventistas, los que entienden que son parte del único pueblo de Dios sobre la faz de la tierra, son un pueblo especial y tendrán una resurrección especial. Ahora, no todos, pues “Aunque los israelitas sean tan numerosos como la arena del mar, sólo un remanente será salvo” (Rom. 9:27), podríamos decir, que no todos los adventistas serán salvos.


Dios tiene una iglesia, sí, pero eso no indica que todos ellos serán salvos. Recordemos que somos la iglesia militante, más la triunfante está por verse. Claro está sí que, muchos adventistas triunfarán. Pero debe dejarse en claro que Dios tiene ovejas en otros rebaños, ojo, ovejas, no otros rebaños. Dios tiene un rebaño, y esa es la Iglesia Adventista del Séptimo Día.


Finalmente, a través de este escrito, deseo invitar a que vivamos la esperanza bienaventurada. ¡Qué privilegio será poder ver la Venida de Jesús completamente! Poder ver a Nuestro Salvador venir como todo un Conquistador en nuestro rescate.







[1]Asociación Ministerial de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, Creencias de los Adventistas del Séptimo Día (Buenos Aires: ACES, 2007), 378.


[2]Ibid, 399.


[3]La cursiva es nuestra. Francis, Nichol, ed., “Apocalipsis”, Comentario bíblico Adventista del Séptimo Día. 7 vols. Traducido por Victor E. Ampuero Matta (Berrien Springs: Pacific Press Publishing Association, 1980) ,7:848.



[4]Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: ACES, 2005), 695.


[5]Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: ACES, 2005), 698.


[6]Elena G. de White, El conflicto de los siglos (Buenos Aires: ACES, 2005), 702-3.

martes, 20 de julio de 2010

MATRIMONIOS HOMOSEXUALES: UNA REACCIÓN ANTE LA LEY PROMULGADA EN ARGENTINA


Aunque Argentina no consiguió la copa del mundo, hace una semana se consolidó como el primer país latinoamericano en legalizar los matrimonios homosexuales. El parlamento platense por mayoría de votos determinó ese acuerdo aceptado por no pocos, y rechazado por una minoría, al menos en las encuestas se evidencia ese cuadro.

Una jueza había declarado hace algunos días que se negaría a casar a una pareja gay, alegando que sus principios como seguidora de Cristo y de la Biblia se contraponen a la ley promulgada por el parlamento de su país. No obstante, después de haber conversado con su pastor de iglesia, ella se rectificó.

Numerosos grupos homosexuales, y representantes en varios países han apoyado la promulgación de la ley en el país de la plata. Cantantes, músicos, actores y reconocidas personalidades han catalogado como “un avance para los países latinos”, puesto a que a nivel mundial los latinos son considerados por no pocos como países truncados por la piedra del “puritanismo”, y el machismo.

Es claro por supuesto que, el matrimonio homosexual, no es algo nuevo. Esta ley está en vigencia en otros países “desarrollados”, y como a los latinos les gusta imitar todo lo “nuevo”, no tardó mucho tiempo en iniciar la carrera a qué país se convierte en el pionero a nivel Latinoamérica.

Alguno podrá decir que me estoy “subiendo al coche” escribiendo un asunto que está en boca de casi todos. Sin embargo, me motiva a escribir simplemente porque hay algunos defensores del matrimonio homosexual que utilizan la “Biblia” para decir que Dios creó también a los homosexuales. Aunque jamás señalan un texto explícito para demostrar su tamaña ilusión.

Es así que, si se habla a favor de los matrimonios homosexuales, que se haga desde la perspectiva social, antropológica y postmoderna, pero que en absoluto se mencione a Dios o a Su Palabra como punto de apoyo a su descabellada idea.

La homosexualidad en la Biblia

La Biblia utiliza el término homosexual en pocas ocasiones, pero las utiliza, en cambio menciona y condena de lo que significa, que viene a ser lo mismo. Este tema es indicado como el “sodomismo” o “sodomita” (Dt. 23:17; 1Re. 14:24; 15:12; Job 36:14), dicho así por los habitantes de Sodoma quienes fueron exterminados por Mano divina en ocasión de el éxodo de Lot y su familia (Gn. 19:12-29), justamente por sus pecados degradantes, o como la Biblia menciona: “el pecado de ellos se ha agravado en extremo” (Gn. 18:20). No obstante es necesario mencionar que el pecado de los sodomitas era la homosexualidad.

La Biblia narra que cuando los ángeles llegaron a visitar a Lot para librarlos de la destrucción de Sodomo y Gomorra, se hospedaron en la casa de Lot. De pronto “antes que se acostaran, los hombres de Sodoma, todo el pueblo, desde el más joven hasta el más viejo, cercaron la casa. Llamaron a Lot y le dijeron_ “¿Dónde están los varones que vinieron a ti esta noche? Sácalos para que los conozcamos”. Entonces Lot salió a ellos a la puerta cerró las puertas tras sí, y dijo: “Os ruego, hermanos, que no hagáis tal maldad. Tengo dos hijas que no conocieron varón. Las sacaré afuera, y haced con ellas lo que bien les parezca. Sólo que no hagáis nada a estos hombres, ya que vinieron a la sombra de mi tejado”.” (Gn. 19:5-8).[1]

La palabra conozcamos y conocieron, en hebreo, no es un conocer simple, existe un conocer ligado a la sexualidad como se expresa “Y conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín” (Gn. 4:1)”. De otro modo Lot no tendría necesidad de presentara sus hijas como que jamás conocieron hombre.

Según el texto citado, el pecado reinante de los sodomitas tiene que ver con el sexo, pero no un sexo natural, sino un sexo contra natura (Rom. 1:26-27). Hace algunos días estuve hurgando por la Internet y me encontré con una tesis doctoral en filología que estudiaba el término “sodomita”, y trágicamente concluía en que el pecado de los sodomitas consistió en no dar posada a los ángeles o el pecado de la falta de hospitalidad; esto porque confrontándolo en contexto con Mateo 10:15: “De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad”. Según ellos Jesús expresó estas palabras pues en el verso anterior dice: “Y si alguno no os recibe, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies” (Mt. 10:14). No necesitamos explicar más, es evidente su pobre hermeneuta que sin duda, no llega ni siquiera a una homilética o alegoría como en antaño en Alejandría.

Dios no creó a homosexuales

Cuando la Biblia dice: “Y Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn.1:27), nos da claramente la idea original de Dios, el plan original. No hay vueltas que dar, Dios creó solo dos sexos: el masculino y el femenino. Decir que Dios creó también a un supuesto “tercer sexo” es simplemente decir que la Biblia se olvidó de ellos, y esto es igual a decir que la Biblia no es confiable como regla y autoridad de fe.

Alguno puede creer que soy extremista, no es así, únicamente presento lo que la Biblia dice al respecto. La Biblia dice: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores heredarán el reino de Dios” (1 Cor. 6:9-10). En otras versiones dice: “ni los que se echan con varones”, podríamos decir los que se acuestan con mujres.

Debe entenderse que la homosexualidad, es simplemente el resultado del pecado, de la degradación humana. Pablo dijo: “Aun sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por las que van en contra de la naturaleza. De igual modo, también los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se encendieron en sus malos deseos los unos con los otros, cometiendo infamias hombres con hombres, y recibieron en sí mismos el merecido extravío.” (Rom. 1:26,27).

Dios creó al varón y a la mujer. Si existen desviaciones, como es el caso de la homosexualidad, repetimos es producto del pecado. Dios ama al pecador, pero no ama al pecado. No debe olvidare la premisa anterior.

Hay personas con este problema que atestiguan que son homosexuales, no porque ellos lo quisieron sino porque fue natural, o que nacieron con inclinación homosexual. Hay quienes dicen que biológicamente es un problema de hormonas. No obstante, si fuese problema de hormonas bastaría con suplir la falta de hormonas. Por ejemplo si soy varón y tengo en demasía hormonas femeninas, simplemente tendrían que inyectarme hormonas masculinas. Y si es el caso de una mujer de igual modo. Pero no es un asunto biológico, sino psicológico.

Por lo tanto, ese detalle debe ser entendido. La homosexualidad no es biológica, es un problema psico-social. Pero sobre todo, es una falta de Cristo.

Esperanza para los homosexuales

Existe una premisa muy famosa en Edmundo cristiano: “Dios ama al pecado, pero aborrece al pecado”, esta frase dice todo. Es probable que alguien se vea afectado por este sencillo escrito. Como cristiano, debo dejar en claro que la homosexualidad si bien es cierto es un pecado, ante los ojos de Dios es un pecado tan igual a los demás pecados. Por lo tanto, si existe un homosexual, debe saber que Cristo puede ayudarle a cambiar su manera de vivir. Pablo dice: “Eso erais algunos. Pero habéis sido lavados, por habéis sido santificados, habéis sido justificados en el Nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1Cor. 6:11), y lo dice después de decir “ni los afeminados, ni los homosexuales (…) heredarán el reino de Dios” (1Cor. 6:10,11).

He escuchado de hombres y mujeres homosexuales que un día fueron impactados por el poder Dios, y dejaron su vida pecaminosa por una vida nueva en Cristo (2Cor. 5:17). No es sencillo, pero “todo lo puedes en Cristo que te fortalece” TODO (Fil. 4:13), pues “separado de Cristo nada podéis hacer”, NADA (Jn. 15:5). Recuerda ante todo, Dios te ama. Pero aborrece tus acciones pecaminosas.


[1] La cursiva y el subrayado es nuestra.

jueves, 15 de julio de 2010

El Santuario y su purificación

Con referencia al santuario, Levítico 16,19 dice que el sacerdote “lo limpiará, y lo santificará de las inmundicias de los hijos de Israel

¿Cómo podían contaminar el santuario los hijos de Israel siendo que al pueblo ni siquiera se le permitía entrar en sus recintos? Aunque ellos no podían entrar al santuario, los sacerdotes “llevaban” sus pecados hasta él en la sangre de los animales. El sacerdote depositaba los pecados simbolizados por la sangre “contaminada”, dentro del santuario. Una vez al año, sin embargo, los pecados acumulados eran transferidos nuevamente; pero esta vez para ser eliminados del santuario. Mediante este servicio, el santuario era “purificado”. Los pecados eran completamente desterrados del campamento, lo cual era una sombra de la manera en que Dios se propone extirpar los pecados del universo.

“Y además de esto, [Moisés] roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario terrenal] fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que éstos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9:21-24).

El contexto de Daniel 8:14 (“Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado”) indica que puede referirse únicamente al santuario celestial y al proceso de purificación que en él se llevaba a cabo al tiempo señalado.

¿Por qué necesitaba ser purificado el santuario celestial? A causa de nuestros pecados que habían sido llevados hasta allí. Bajo el nuevo pacto, inaugurado a la muerte de Jesús, el pecado es transferido del pecador a Jesús –primero como sacrificio (Cordero), luego como Sumo Sacerdote– y finalmente es depositado en el santuario celestial, razón por la cual éste necesita ser purificado.

No obstante, llegará el tiempo cuando Jesús dejará de ser nuestro Sumo Sacerdote que ministra en el santuario celestial. Entonces, cuando regrese por segunda vez, lo hará “sin pecado” (Hebreos 9:28). Después que el santuario es purificado y los pecados son transferidos sobre Satanás (véase más abajo), Jesús no los lleva más sobre sí, como Sumo Sacerdote. De la misma manera, en el servicio del Antiguo Testamento el sumo sacerdote tampoco llevaba los pecados sobre sí después que el santuario terrenal era purificado y aquéllos transferidos al macho cabrío emisario.

Varios pasajes del libro de Levítico se refieren al pecador que llevaba al santuario un animal para sacrificarlo con el fin de que “el sacerdote [hiciera]... expiación por su pecado”. Esta frase se repite a través de todo el libro. Las personas necesitaban expiación porque habían pecado. Mediante el sistema sacrificial se había provisto .una forma de separarlos de sus pecados y concederles el perdón. Podemos comprender que los pecadores necesitan que se haga expiación por ellos.

Sin embargo, ¿qué significa Levítico 16:15, 16? “Después degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario” (la cursiva es nuestra).

¿Expiación por el lugar santo? La gente peca. Las personas quebrantan la ley. La gente necesita expiación. ¿Pero un edificio? ¿Por qué un edificio, una estructura inanimada, habría de necesitar expiación?

“Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:16).

¿Por qué necesita purificación el santuario? A causa de todas las transgresiones de los hijos Israel, que los sacerdotes traían a él día tras día. Los pecados eran quitados del pecador y depositados en el santuario (recuerde la ilustración del virus). Del mismo modo, como el pecado contaminaba al pecador también mancillaba el santuario cuando era depositado allí por medio de la sangre. “El hecho de que durante el Día de la Expiación el santuario fuera purificado de todos lo pecados del pueblo de Israel –escribe el erudito Ángel M. Rodríguez–, sugiere que los pecados del pueblo habían sido transferidos, mediante el sacerdote, al santuario”.

Una vez al año, en el Día de la Expiación el mismo santuario debía ser purificado. Así como la expiación que se hacía en favor de un pecador involucraba la remoción del pecado de la persona misma, también la expiación por el santuario involucraba la eliminación del pecado del edificio

El proceso del santuario contemplaba dos aspectos especiales: El ministerio en el primer departamento, que era un procedimiento diario, continuo, mediante el cual el pecado era transferido al santuario; y el ministerio en el segundo departamento, el día de la expiación, que desalojaba el pecado de allí. El Día de la Expiación -que en el pensamiento judío es el día del juicio (también conocido como el “día de las purificaciones”)– los animales eran sacrificados y su sangre llevada al santuario, como durante el ritual cotidiano Pero había diferencias cruciales entre los rituales de Día de la Expiación y los sacrificios diarios. En primer lugar, este día es especial anual la sangre era llevada al segundo departamento, el lugar santísimo, y se asperjaba delante del propiciatorio, que estaba detrás del segundo velo. Ese era el único momento del año en que se introducía la sangre hasta allí.

Una segunda diferencia, destacada tanto por eruditos adventistas como por no adventistas, surge de hecho de que en ninguna parte se menciona que durante el Día de la Expiación alguien colocara las manos sobre la cabeza del macho cabrío del sacrificio

No se hace ninguna referencia a confesión alguna de pecados sobre él.

“Degollará el macho cabrío en expiación por el pecado del pueblo, y llevará la sangre detrás del velo adentro, y hará de la sangre como hizo con la sangre del becerro, y la esparcirá sobre el propiciatorio y delante del propiciatorio. Así purificará el santuario, a causa de las impurezas de los hijos de Israel, de sus rebeliones y de todos sus pecados” (Levítico 16:15, 16).

En otras palabras, la sangre introducida en el lugar santísimo para hacer propiciación por el santuario no contenía pecado, como en el caso de la sangre de los sacrificios diarios. En un sentido, era “sangre limpia”. Se ha sugerido que esta “sangre limpia” recibía todos los pecados acumulados en el santuario durante el año. Volviendo a la analogía del virus, un frasco limpio y vacío (la sangre limpia) era llevado al almacén (el santuario), donde ahora se colocaba el virus (el pecado) para ser llevado afuera, “purificando” así el santuario. “Los ritos cotidianos transferían el pecado y la impureza al santuario –escribe el erudito Alberto Treiyer–, y el rito anual (Día de la Expiación) transportaba este depósito fuera del santuario”.

Como parte del ritual del Día de la Expiación, después que se había hecho la purificación del santuario mediante la sangre “limpia” del chivo sacrificado (recuerde que la expiación involucra la transferencia del pecado), un segundo macho cabrío era introducido en el servicios sumo sacerdote pondrá sus “dos manos –ensangrentadas por haber asperjado la sangre– sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por manos de un hombre destinado para esto. Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada” (Levítico 16:21, 22).

La secuencia es clara: el pecado era transferido del pecador al animal mediante la confesión y la imposición de las manos. Entonces el animal era sacrificado, y el sacerdote, mediante la sangre contaminada, depositaba el pecado en el santuario. El Día de la Expiación, el sacerdote llevaba sangre limpia al santuario, la cual recibía todos los pecados (transformándose así en sangre cargada de pecado), y entonces éstos eran colocados sobre la cabeza del macho cabrío vivo, que a su vez era enviado al desierto. Mediante este procedimiento, que comenzaba con el pecador, el pecado era conducido fuera del campamento, con la resultante purificación del santuario, el campamento y el pueblo.

Los detalles de estos ritos pueden sufrir mucha elaboración (y especulación). Lo que más debe interesarnos aquí es la transferencia del pecado. En el servicio del santuario, el pecado no se desvanecía simplemente. No era sólo cuestión de que fuese perdonado y luego olvidado. En lugar de ello, el Señor desarrolló un elaborado ritual, simbólico del procedimiento mediante el cual el pecado es realmente eliminado.

“Así como en la antigüedad los pecados del pueblo eran puestos por fe sobre la víctima ofrecida, y por la sangre de ésta se transferían figurativa-mente al santuario terrenal, así también, en el nuevo pacto, los pecados de los que se arrepienten son puestos por fe sobre Cristo, y transferidos, de hecho, al santuario celestial. Y así como la purificación típica de lo terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando los pecados registrados en el cielo”.

La purificación del pecado en el templo terrenal no era sino una ilustración de la purificación del pecado en el santuario celestial: “Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado” (Daniel 8, 13). “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales [el santuario celestial] fuesen purificadas así” (Hebreos 9:23). En el santuario terrenal, esta purificación era simbolizada mediante la remoción del pecado; en el celestial, el registro de los pecados será borrado. “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Los resultados, ya sea en símbolo (terrenal) o en realidad (el celestial) son los mismos: el santuario es purificado.

Por fin, ¿qué sucede con los pecados después que el registro de los mismos es borrado y eliminado del santuario? El pecado se deposita sobre el macho cabrío emisario quien, en el pensamiento judaico, representa al jefe de los ángeles rebeldes. Elena de White escribió:

“Se vio además que, mientras que el holocausto señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre del holocausto, quitaba los pecados del santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío para Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministerio, los pondrá sobre Satanás, el cual en la consumación del juicio debe cargar con la pena final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto, para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y de los pecadores".

En el sistema terrenal, el pecado era transferido del pecador al animal, al sacerdote, al santuario, al sacerdote nuevamente, y por fin al macho cabrío, que a su vez era llevado al desierto “por mano de un hombre destinado para esto”. (Aunque la Biblia no lo menciona, este hombre debía encontrarse en excelente condición física para conducir al macho cabrío tan lejos del campamento que no pudiera regresar nunca: un ejemplo de cuán lejos y permanentemente el Señor se propone alejar el pecado de su pueblo). En el verdadero servicio del santuario, simbolizado por el sistema terrenal, el pecado es transferido del pecador a Jesús como Cordero, a Jesús como Sacerdote, al santuario celestial y finalmente a Satanás, quien es desterrado de la presencia del pueblo de Dios, sólo para ser erradicado definitivamente junto con el pecado y los pecadores en el juicio final.

El Señor pudo destruir a Satanás el mismo día en que éste se rebeló. En lugar de hacerlo, y en armonía con su carácter de amor, justicia y misericordia, el Señor escogió –a un costo infinito para sí mismo– eliminar el pecado de esta forma, un paso a la vez, ante el universo observador. En el santuario terrenal había ángeles bordados en las paredes del primer departamento; dos querubines de oro habían sido colocados en el lugar santísimo, la culminación del procedimiento expiatorio: Y todo esto no era sino un símbolo del interés que el universo manifiesta en el plan de salvación. Mediante un procedimiento abierto y ordenado, que incluía su muerte, y luego su ministerio sumo-sacerdotal en un santuario físico literal, el Señor contestará para siempre todos los interrogantes acerca de la gran controversia y el origen del mal. El santuario del cielo es literal, no porque Dios necesite que así sea, sino porque las inteligencias celestiales la necesitan para ver de que manera Dios trata con el pecado. Mediante una estructura física visible, Dios permite al universo observador que vea claramente cada paso en la solución del conflicto.

“En el ritual típico –escribe Ángel M. Rodríguez, el pecado confesado por el penitente y su responsabilidad eran transferidos al santuario mediante la victima sacrificial y el sacerdote. Se puede aseverar que por el momento el santuario asumía su culpa, y el pecador era perdonado, El día de la expiación el santuario era purificado, y así la posición de Dios (en el santuario) quedaba aclarada”.

Todavía quedan por contestarse otras preguntas importantes concernientes a todo este asunto de los ritos del santuario celestial. ¿Como afecta nuestras vidas el día de la expiación celestial? ¿Que significado tiene esto para nosotros en la actualidad? El capitulo que sigue se aboca a la investigación de estos asuntos porque lo que sucede en el santuario celestial es extremadamente relevante para los que se encuentran en la tierra y cuyos pecados están registrados allá.

Fuente: Desequilibrio fatal, pág. 108-116
Autor: Clifford Goldstein

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